sábado, 15 de noviembre de 2014

Evangelio del día 15/11/2014

Homilías del Papa y Temas sacerdotales


Día litúrgico: Sábado XXXII del tiempo ordinario

Santoral 15 de Noviembre: 
San Alberto Magno, obispo y doctor de la Iglesia

Texto del Evangelio (Lc 18,1-8): 
En aquel tiempo, Jesús les propuso una parábola para inculcarles que es preciso orar siempre sin desfallecer. «Había un juez en una ciudad, que ni temía a Dios ni respetaba a los hombres. Había en aquella ciudad una viuda que, acudiendo a él, le dijo: ‘¡Hazme justicia contra mi adversario!’. Durante mucho tiempo no quiso, pero después se dijo a sí mismo: ‘Aunque no temo a Dios ni respeto a los hombres, como esta viuda me causa molestias, le voy a hacer justicia para que no venga continuamente a importunarme’».
Dijo, pues, el Señor: «Oíd lo que dice el juez injusto; y Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos, que están clamando a Él día y noche, y les hace esperar? Os digo que les hará justicia pronto. Pero, cuando el Hijo del hombre venga, ¿encontrará la fe sobre la tierra?».

Comentario:
 Rev. D. Joan FARRÉS i Llarisó (Rubí, Barcelona, España)

Es preciso orar siempre sin desfallecer

Hoy, en los últimos días del año litúrgico, Jesús nos exhorta a orar, a dirigirnos a Dios. Podemos pensar cómo los padres y madres de familia esperan que —¡todos los días!— sus hijos les digan algo, que les muestren su afecto amoroso.

Dios, que es Padre de todos, también lo espera. Jesús nos lo dice muchas veces en el Evangelio, y sabemos que hablar con Dios es hacer oración. La oración es la voz de la fe, de nuestra creencia en Él, también de nuestra confianza, y ojalá fuera también siempre manifestación de nuestro amor.
A fin de que nuestra oración sea perseverante y confiada, dice san Lucas, que «Jesús les propuso una parábola para inculcarles que es preciso orar siempre sin desfallecer» (Lc 18,1). Sabemos que la oración se puede hacer alabando al Señor o dando gracias, o reconociendo la propia debilidad humana —el pecado—, implorando la misericordia de Dios, pero la mayoría de las veces será de petición de alguna gracia o favor. Y, aunque no se consiga de momento lo que se pide, sólo el poder dirigirse a Dios, el hecho de poder contarle a ese Alguien la pena o la preocupación, ya será la consecución de algo, y seguramente —aunque no de inmediato, sino en el tiempo—, obtendrá respuesta, porque «Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos, que están clamando a Él día y noche?» (Lc 18,7).

San Juan Clímaco, a propósito de esta parábola evangélica, dice que «aquel juez que no temía a Dios, cede ante la insistencia de la viuda para no tener más la pesadez de escucharla. Dios hará justicia al alma, viuda de Él por el pecado, frente al cuerpo, su primer enemigo, y frente a los demonios, sus adversarios invisibles. El Divino Comerciante sabrá intercambiar bien nuestras buenas mercancías, poner a disposición sus grandes bienes con amorosa solicitud y estar pronto a acoger nuestras súplicas».

Perseverancia en orar, confianza en Dios. Decía Tertuliano que «sólo la oración vence a Dios».



viernes, 14 de noviembre de 2014

Evangelio del día 14/11/2014

Homilías del Papa y Temas sacerdotales


Día litúrgico: Viernes XXXII del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Lc 17,26-37): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Como sucedió en los días de Noé, así será también en los días del Hijo del hombre. Comían, bebían, tomaban mujer o marido, hasta el día en que entró Noé en el arca; vino el diluvio y los hizo perecer a todos. Lo mismo, como sucedió en los días de Lot: comían, bebían, compraban, vendían, plantaban, construían; pero el día que salió Lot de Sodoma, Dios hizo llover fuego y azufre del cielo y los hizo perecer a todos. Lo mismo sucederá el Día en que el Hijo del hombre se manifieste.

»Aquel día, el que esté en el terrado y tenga sus enseres en casa, no baje a recogerlos; y de igual modo, el que esté en el campo, no se vuelva atrás. Acordaos de la mujer de Lot. Quien intente guardar su vida, la perderá; y quien la pierda, la conservará. Yo os lo digo: aquella noche estarán dos en un mismo lecho: uno será tomado y el otro dejado; habrá dos mujeres moliendo juntas: una será tomada y la otra dejada». Y le dijeron: «¿Dónde, Señor?». Él les respondió: «Donde esté el cuerpo, allí también se reunirán los buitres».

Comentario: Rev. D. Enric PRAT i Jordana (Sort, Lleida, España)
Quien intente guardar su vida, la perderá; y quien la pierda, la conservará

Hoy, en el contexto predominante de una cultura materialista, muchos actúan como en tiempos de Noé: «Comían, bebían, tomaban mujer o marido» (Lc 17,27); o como los coetáneos de Lot que «(…) compraban, vendían, plantaban, construían» (Lc 17,28). Con una visión tan miope, la aspiración suprema de muchos se reduce a su propia vida física temporal y, en consecuencia, todo su esfuerzo se orienta a conservar esa vida, a protegerla y enriquecerla.

En el fragmento del Evangelio que estamos comentando, Jesús quiere salir al paso de esta concepción fragmentaria de la vida que mutila al ser humano y lo lleva a la frustración. Y lo hace mediante una sentencia seria y contundente, capaz de remover las conciencias y de obligar al planteamiento de preguntas fundamentales: «Quien intente guardar su vida, la perderá; y quien la pierda, la conservará» (Lc 17,33). 

Meditando sobre esta enseñanza de Jesucristo, dice san Agustín: «¿Qué decir, pues? ¿Perecerán todos los que hacen estas cosas, es decir, quienes se casan, plantan viñas y edifican? No ellos, sino quienes presumen de esas cosas, quienes anteponen esas cosas a Dios, quienes están dispuestos a ofender a Dios al instante por tales cosas».

De hecho, ¿quién pierde la vida por haberla querido conservar sino aquel que ha vivido exclusivamente en la carne, sin dejar aflorar el espíritu; o aún más, aquel que vive ensimismado, ignorando por completo a los demás? Porque es evidente que la vida en la carne se ha de perder necesariamente, y que la vida en el espíritu, si no se comparte, se debilita.

Toda vida, por ella misma, tiende naturalmente al crecimiento, a la exuberancia, a la fructificación y la reproducción. Por el contrario, si se la secuestra y se la recluye en el intento de poseerla codiciosa y exclusivamente, se marchita, se esteriliza y muere. Por este motivo, todos los santos, tomando como modelo a Jesús, que vivió intensamente para Dios y para los hombres, han dado generosamente su vida de multiformes maneras al servicio de Dios y de sus semejantes.

jueves, 13 de noviembre de 2014

Evangelio del Día 13/11/2014

Homilías del Papa y Temas sacerdotales

Día litúrgico: Jueves XXXII del tiempo ordinario

 porque el Reino de Dios ya está entre vosotros

Texto del Evangelio (Lc 17,20-25): En aquel tiempo, los fariseos preguntaron a Jesús cuándo llegaría el Reino de Dios. Él les respondió: «El Reino de Dios viene sin dejarse sentir. Y no dirán: ‘Vedlo aquí o allá’, porque el Reino de Dios ya está entre vosotros».

Dijo a sus discípulos: «Días vendrán en que desearéis ver uno solo de los días del Hijo del hombre, y no lo veréis. Y os dirán: ‘Vedlo aquí, vedlo allá’. No vayáis, ni corráis detrás. Porque, como relámpago fulgurante que brilla de un extremo a otro del cielo, así será el Hijo del hombre en su día. Pero, antes, le es preciso padecer mucho y ser reprobado por esta generación».

Comentario: Fray Josep Mª MASSANA i Mola OFM (Barcelona, España)


El Reino de Dios ya está entre vosotros

Hoy, los fariseos preguntan a Jesús una cosa que ha interesado siempre con una mezcla de interés, curiosidad, miedo...: ¿Cuándo vendrá el Reino de Dios? ¿Cuándo será el día definitivo, el fin del mundo, el retorno de Cristo para juzgar a los vivos y a los difuntos en el juicio final?

Jesús dijo que eso es imprevisible. Lo único que sabemos es que vendrá súbitamente, sin avisar: será «como relámpago fulgurante» (Lc 17,24), un acontecimiento repentino y, a la vez, lleno de luz y de gloria. En cuanto a las circunstancias, la segunda llegada de Jesús permanece en el misterio. Pero Jesús nos da una pista auténtica y segura: desde ahora, «el Reino de Dios ya está entre vosotros» (Lc 17,21). O bien: «dentro de vosotros».

El gran suceso del último día será un hecho universal, pero ocurre también en el pequeño microcosmos de cada corazón. Es ahí donde se ha de ir a buscar el Reino. Es en nuestro interior donde está el Cielo, donde hemos de encontrar a Jesús.

Este Reino, que comenzará imprevisiblemente “fuera”, puede comenzar ya ahora “dentro” de nosotros. El último día se configura ahora ya en el interior de cada uno. Si queremos entrar en el Reino el día final, hemos de hacer entrar ahora el Reino dentro de nosotros. Si queremos que Jesús en aquel momento definitivo sea nuestro juez misericordioso, hagamos que Él ahora sea nuestro amigo y huésped interior.

San Bernardo, en un sermón de Adviento, habla de tres venidas de Jesús. La primera venida, cuando se hizo hombre; la última, cuando vendrá como juez. Hay una venida intermedia, que es la que tiene lugar ahora en el corazón de cada uno. Es ahí donde se hacen presentes, a nivel personal y de experiencia, la primera y la última venida. La sentencia que pronunciará Jesús el día del Juicio, será la que ahora resuene en nuestro corazón. Aquello que todavía no ha llegado, es ya ahora una realidad.

lunes, 10 de noviembre de 2014

Homilía del Papa 2014-11-10

Homilías del Papa y Temas sacerdotales

 Papa Francisco: 
jamás dar escándalo, 
siempre perdonar y tener fe
2014-11-10 Radio Vaticana

Todo cristiano, cualquiera que sea su vocación, debe saber perdonar siempre y no dar jamás escándalo, porque el “escándalo destruye la fe”. Son palabras del Papa Francisco comentando las lecturas bíblicas de la Misa matutina, celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta.
Mejor arrojarse al mar con una piedra atada al cuello. Jesús, prefiere una imagen cruda a cualquier otra expresión endulzada, cuando dice a sus discípulos que cosa piensan de quienes dan escándalo a los otros, especialmente si son indefensos. El Papa Francisco estructura su homilía centrándose en el pasaje del Evangelio de Lucas, enunciando tres palabras claves: escándalo, perdón y fe. “Ay de aquellos que escandalizan”, afirma perentorio Cristo, mientras en el pasaje de la Carta a Tito, San Pablo da indicaciones precisas sobre cómo debe ser el estilo de vida de un sacerdote – no violento, sobrio – en una palabra “irreprensible”, mejor dicho lo contrario al escándalo. Pero esto, afirma el Papa, vale para todos los cristianos. Escándalo, agrega el Pontífice, “es decir y profesar un estilo de vida – ‘soy cristiano’ – y luego vivir como pagano, que no cree en nada”. Esto da escándalo “porque falta el testimonio”, mientras “la fe confesada – subraya el Papa Francisco – es vida vivida”:

“Cuando un cristiano o una cristiana, que va a la iglesia, que va a la parroquia, no vive así, escandaliza. Pero cuantas veces hemos escuchado: ‘Pero yo no voy a la Iglesia – hombres y mujeres – porque es mejor ser honesto en casa y no ir como aquel o aquella que van a la Iglesia y luego hacen esto, esto, esto…’ ¡El escándalo destruye, destruye la fe! Y por esto Jesús es tan fuerte: ‘!Estén atentos! !Estén atentos!’. Y esto nos hará bien repetirlo hoy: !Estén atentos a ustedes mismos!. Todos nosotros somos capaces de escandalizar”.

Del mismo modo y al contrario, todos deberíamos saber perdonar. Y perdonar “siempre”, insiste el Papa haciendo eco de las palabras de Cristo, que invita a hacerlo incluso “siete veces en un día” si quien nos ha hecho una falta nos los pide arrepentido. Jesús, observa el Papa Francisco, “exagera para hacernos entender la importancia del perdón”, porque “un cristiano que no es capaz de perdonar, escandaliza: no es cristiano”:

“Debemos perdonar, porque somos perdonados. Y esto está en el Padre nuestro: Jesús nos lo ha enseñado ahí. Y esto no se entiende en la lógica humana, la lógica humana te lleva a no perdonar, a la venganza; te lleva al odio, a la división. Cuántas familias divididas por no perdonarse: ¡cuántas familias! Hijos alejados de sus padres, marido y mujer alejados… es tan importante pensar en esto: si yo no perdono no tengo, parece que no tengo derecho – parece – de ser perdonado o no he entendido que cosa significa que el Señor me haya perdonado. Esta es la segunda palabra, perdón”.

Se entiende entonces, concluye el Papa Francisco, “porque los discípulos, escuchando estas cosas, le dijeron al Señor: ‘Auméntanos la fe’”:

“Sin la fe no se puede vivir sin escandalizar y siempre perdonando. Solamente la luz de la fe, de aquella fe que nosotros hemos recibido. De la fe en un Padre misericordioso, de un Hijo que ha dado su vida por nosotros, de un Espíritu que está dentro de nosotros y nos ayuda a crecer, la fe en la Iglesia, la fe en el pueblo de Dios, bautizado, santo. Y esto es un don, la fe es un regalo. Ninguno con los libros, asistiendo a conferencias, puede tener la fe. La fe es un regalo de Dios que te dan y por esto los apóstoles pedían a Jesús: ‘Auméntanos la fe’”.


domingo, 9 de noviembre de 2014

Homilías del Papa 2014-11-01

Homilías del Papa y Temas sacerdotales



El Papa Francisco en el cementerio romano del Verano pide detener la descabellada carrera hacia la destrucción y la exclusión de las personas y en el Ángelus recuerda que los santos son los últimos para el mundo pero los primeros para Dios ·

3 de Noviembre de 2014

Cuando el hombre se adueña de todo creyéndose Dios, se convierte en artífice de devastación y destrucción. Al celebrar la misa en el cementerio romano del Verano, el sábado 1 de noviembre, por la tarde, el Papa Francisco denunció con tono preocupante el «egoísmo de los devastadores» que destruyen la creación y siembran por doquier restos de muerte. El Pontífice habló de una auténtica «industria de la destrucción», que en todo el mundo alimenta las guerras y difunde la «cultura del descarte» sobre todo en relación con los niños, ancianos y jóvenes sin trabajo.

En su homilía el Papa Francisco evocó la imagen de tantos pobres obligados a abandonar su tierra y a vivir sin casa, medicinas y alimento: «parece –constató– que esta gente, estos niños hambrientos, enfermos, parece que no cuentan, que son de otra especie, que no son humanos». Recordó también a los perseguidos por causa de la fe y a todos los que han pasado a través de «la gran tribulación». Santos a menudo «desconocidos»: hombres y mujeres «comunes, sencillos, a veces los “últimos” para el mundo, pero los “primeros” para Dios», los había definido en el Ángelus que rezó en la plaza de San Pedro, invitando a los fieles a orar para que Jerusalén –«ciudad santa querida por los judíos, cristianos y musulmanes»– se convierta en «signo y anticipación de la paz que Dios desea para toda la familia humana».

El recuerdo de las víctimas de las guerras y las violencias, de los «muchos “pequeños” del mundo abrumados por el hambre y la miseria», de los hermanos y hermanas «asesinados porque son cristianos» y de «quienes sacrificaron su vida para servir a los demás» volvió luego durante la oración mariana del domingo 2 de noviembre, día que el Papa dedicó también a la conmemoración de sus predecesores difuntos, con un momento de oración en privado en la cripta vaticana.

En sufragio de los cardenales, arzobispos y obispos fallecidos durante el año, el Pontífice presidió la misa el lunes 3, por la mañana, en la basílica vaticana.

Papa Francisco



Ser santos y ser hijos es la misma cosa, lo recuerda el Papa

2014-11-01 Radio Vaticana

(RV).- La tarde del sábado 1 de noviembre el Papa Francisco presidió en el Cementerio romano del Verano, la Misa en la Solemnidad de Todos los Santos. “Personas que pertenecen totalmente a Dios”, así definió el Obispo de Roma a todos aquellos, la mayor parte desconocidos hombres y mujeres  que, en lo escondido, han vivido el ideal de las Bienaventuranzas: han sido pobres de espíritu, es decir humildes; han sentido la aflicción por sus males  y por el de los demás; se han comprometido a construir la paz y la concordia, comenzando por sus propios ambientes de vida; han practicado con alegría la misericordia y la caridad; han conservado la pureza del corazón; han sabido elegir con valentía, a costo de ser ridiculizados, incomprendidos, marginados. Dios los recuerda uno por uno, nombre por nombre. “La santidad consiste en una vida filial, a imagen de Jesús”, observó también el Papa, puntualizando que “ser santos y ser hijos es la misma cosa”. Durante esta celebración, que congregó especialmente a gran cantidad de fieles romanos, se expusieron para la veneración de los fieles, las reliquias de los dos Papas canonizados recientemente: Juan XXIII y Juan Pablo II. Se dirigieron oraciones especiales por los cristianos perseguidos por causa de la fe y una vez más por los pobres, los sufrientes y los que no tienen esperanza. Al final de la liturgia, el Papa pronunció una oración de bendición de las tumbas. (RC)


(from Vatican Radio)

jueves, 6 de noviembre de 2014

Homilías del Papa 2014-11-05

Homilías del Papa y Temas sacerdotales


El Papa: 
Dios dona con gratuidad, no a los católicos 
“pero no demasiado”
A veces, advirtió, nos confiamos de Dios 
“pero no demasiado”.

2014-11-05 Radio Vaticana

(RV).- En la ley del Reino de Dios el contracambio no sirve, porque Él dona con gratuidad. Lo afirmó el Papa Francisco en la Misa matutina en la Casa de Santa Marta. El Pontífice advirtió que a veces, por egoísmo o ganas de poder rechazamos la fiesta a la cual el Señor nos invita gratuitamente. A veces, advirtió, nos confiamos de Dios “pero no demasiado”.

Un hombre dio una gran fiesta, pero los invitados pusieron excusas para no ir. El Papa ha desarrollado su homilía partiendo de la parábola narrada por Jesús en el pasaje de Evangelio de hoy. Una parábola, dijo, que nos hace pensar porqué “a todos nos gusta ir a una fiesta, nos gusta ser invitados”. Pero en este banquete “había algo” que a los tres invitados “que son un ejemplo de tantos, no les gustaba”. Uno dice que debe ver su campo, tiene ganas de verlo para sentirse “un poco potente”, “la vanidad, el orgullo, el poder,  y prefiere más bien aquello que quedarse sentado como uno entre tantos”. Otro ha comprado cinco bueyes, por lo tanto está concentrado en los negocios y no quiere “perder tiempo” con otra gente.

El último, finalmente, se excusa diciendo que es casado y no quiere llevar a la esposa a la fiesta. “No – dijo el Papa – quería el afecto para sí mismo: el egoísmo”. “Al final – prosiguió el Pontífice – los tres tienen una preferencia por sí mismos, no por compartir una fiesta: no sabe qué es una fiesta”. Siempre, hay un interés, está lo que Jesús ha explicado como “el contracambio”.

"Si la invitación hubiera sido, por ejemplo: 'Vengan, que tengo dos o tres amigos negociantes que vienen de otro país, podemos hacer algo juntos', seguramente nadie se habría excusado. Pero lo que los asustaba a ellos era la gratuidad. Ser uno como los otros, allí. Precisamente el egoísmo, estar al centro de todo. Es tan difícil escuchar la voz de Jesús, la voz de Dios, cuando uno gira alrededor de sí mismo: no tiene horizonte, porque el horizonte es él mismo. Y detrás de esto hay otra cosa, más profunda: está el miedo de la gratuidad. Tenemos miedo de la gratuidad de Dios. Es tan grande que nos da miedo”.

Esto, dijo el Papa, sucede “porque las experiencias de la vida, tantas veces nos han hecho sufrir” como sucede a los discípulos de Emaús que se alejan de Jerusalén, o a Tomás, que quiere tocar para creer. “Cuando la oferta es tanta” – agregó retomando un proverbio popular – “hasta el Santo sospecha”, porque “la gratuidad es demasiada”. “Y cuando Dios nos ofrece un banquete así” – afirmó – pensamos que “es mejor no meterse”:

“Estamos más seguros en nuestros pecados, en nuestros límites, pero estamos en nuestra casa; ¿salir de nuestra casa para ir a la invitación de Dios, a la casa de Dios, con los otros? No. Tengo miedo. Y todos nosotros cristianos tenemos este miedo: escondido, adentro…pero no demasiado. Católicos, pero no demasiado. Confiados en el Señor, pero no demasiado. Esto 'pero no demasiado' marca nuestra vida, nos hace pequeños, ¿no? Nos empequeñece".

Una cosa que nos hace pensar  - agregó - es que, cuando el siervo le refirió todo esto a su dueño, el dueño se irritó porque había sido despreciado. Y manda a llamar a todos los pobres, los lisiados por las plazas y las vías de la ciudad. El Señor pidió al siervo que obligue a las personas a entrar a la fiesta. “Tantas veces – comentó el Santo Padre – el Señor debe hacer con nosotros lo mismo: con las pruebas, tantas pruebas”:

“Oblígalos, que aquí será la fiesta. La gratuidad. Obligar a aquel corazón, a aquella alma a creer que es gratuidad de Dios, que el don de Dios es gratis, que la salvación no se compra: es un gran regalo, que el amor de Dios…es el amor más grande! Ésta es la gratuidad.  Y nosotros tenemos un poco de miedo y por esto pensamos que la santidad se hace con nuestras cosas y a la larga, nos volvemos un poco pelagianos ¡eh! La santidad, la salvación es gratuita”.

Jesús -  ha evidenciado - “ha pagado la fiesta, con su humillación hasta la muerte, muerte de Cruz. Y ésta es la gran gratuidad”. Cuando nosotros miramos el Crucifijo,  - dijo el Papa - pensamos que ésta es la entrada a la fiesta”: “Sí, Señor, soy pecador, tengo tantas cosas, pero te miro y voy a la fiesta del Padre. Me confío. No quedaré desilusionado, porque Tú has pagado todo”. 

Hoy – concluyó – “la iglesia nos pide que no tengamos miedo de la gratuidad de Dios”. Solamente, “nosotros debemos abrir el corazón, de parte nuestra hacer todo lo que podemos, pero la gran fiesta la hará Él”.


lunes, 3 de noviembre de 2014

Palabras del Papa. 2 de noviembre 2014

Homilías del Papa y Temas sacerdotales

Imagen de archivo

Palabras del Papa.

En el día de Todos los Santos:
 Una muchedumbre de santos desconocidos y en tribulación

Ciudad del Vaticano, 2 de noviembre 2014 (VIS).-·El Papa Francisco presidió en el Cementerio romano del Verano, ayer 1 de noviembre, la misa en la Solemnidad de Todos los Santos en la que participaron numerosos fieles romanos. Durante la celebración se expusieron para la veneración de los fieles, las reliquias de Juan XXIII y Juan Pablo II, los dos papas canonizados recientemente y al final de la liturgia, el Santo Padre bendijo las tumbas.

Francisco basándose en la lectura del Apocalipsis habló en su homilía de la devastación de la creación provocada por la humanidad y de la multitud de pueblos que sufren tribulaciones cuya única esperanza está puesta en Dios. Citando la primea lectura en la que el Ángel ordena a los cuatro ángeles a los que se les ha concedido asolar el planeta, : ''No devastéis ni la tierra, ni el mar, ni las plantas, el Papa afirmó: ''Nosotros somos capaces de devastar la Tierra mejor que los ángeles. Y es lo que estamos haciendo: devastar la Creación... la vida,...la cultura, devastar los valores, devastar la esperanza. Y ¡cuánto necesitamos la fuerza del Señor para que nos selle con su amor y con su fuerza para detener esta loca carrera de destrucción!. Destrucción de lo que Él nos dio ; de las cosas más hermosas que hizo por nosotros, para que las hiciéramos crecer, dar frutos.

El hombre - prosiguió- se ha adueñado de todo, se cree Dios, se cree el rey. Y las guerras... continúan, no para sembrar semillas de vida, sino para destruir. Es la industria de la destrucción. Es también un sistema de vida: cuando las cosas no se pueden componer, se descartan: se descartan los niños, los ancianos, los jóvenes sin trabajo... los pueblos''.

En la misma lectura San Juan habla de una muchedumbre inmensa, incontable, de toda nación, tribu, pueblo y lengua. Una multitud que el Papa asoció a la gente, a los pobres que ''para salvar la vida deben escapar de sus casas, de sus pueblos.. y que viven en tiendas de campaña, con frío, sin medicinas y hambrientos porque el 'dios-hombre' se ha apoderado de la Creación, de todo lo hermoso que Dios hizo para nosotros... Y esto no es una historia antigua: sucede hoy...Pero parece que esta gente, que estos niños hambrientos y enfermos no cuentan que son de otra especie, que no son humanos. Y esta muchedumbre está delante de Dios y pide: “¡Por favor, salvación! ¡Por favor, paz! ¡Por favor, pan! ¡Por favor, trabajo...Y entre los perseguidos están los que lo son a causa de la fe''.

El Papa comparó a esta multitud con la muchedumbre vestida de blanco que ha lavado su vestidura en la sangre del Cordero, como narra el Apocalipsis, y afirmó: ''Hoy... en el día de Todos los Santos, quisiera que pensáramos en todos estos, los santos desconocidos... En toda esta gente que viene de la gran tribulación; la mayor parte del mundo está en tribulación. Y el Señor santifica a este pueblo, pecador como nosotros, pero lo santifica con la tribulación''.

Y al final, la tercera imagen, Dios, es decir: la esperanza. ''Esta es la bendición del Señor que todavía nos queda : la esperanza. La esperanza de que tenga piedad de su pueblo, de aquellos que están en la gran tribulación. Que tenga también piedad de los destructores para que se conviertan...Pero ¿cuál debe ser nuestra actitud, si queremos entrar en este pueblo y caminar hacia el Padre, en este mundo de devastación, de guerras, de tribulación? Nuestra actitud... es la de las Bienaventuranzas. Solamente este camino nos llevará al encuentro con Dios. Solamente este camino nos salvará de la destrucción, de la devastación de la tierra, de la creación, de la moral, de la historia, de la familia, de todo. Solamente este camino: pero no será fácil. Nos acarreará problemas y persecuciones. Pero es el único que nos llevará adelante''.

¡Que el Señor nos ayude y nos de la gracia de esta esperanza, pero también la gracia de la valentía para salir de todo lo que es destrucción, devastación, relativismo de vida, exclusión de los otros, exclusión de los valores, exclusión de todo aquello que el Señor nos ha dado: exclusión de la paz! -exclamó el Papa al final-. ¡Que nos libre de todo esto, y nos de la gracia de caminar con la esperanza de encontrarnos un día cara a cara con Él. Y esta esperanza, hermanos y hermanas, es la que no defrauda''.



Palabras del Papa. 1 de noviembre 2014

Homilías del Papa y Temas sacerdotales


Palabras del Papa.

La comunión que nace de la fe 
no se rompe con la muerte

Ciudad del Vaticano, (VIS).-''Los dos primeros días de noviembre representan para todos nosotros una ocasión intensa de fe, de oración y reflexión sobre las últimas cosas de la vida. Celebrando a todos los santos y conmemorando a los fieles difuntos, la Iglesia peregrina en la tierra vive y expresa en la liturgia el vínculo espiritual que la une a la Iglesia del cielo'', explicó el Santo Padre a los fieles congregados en la Plaza de San Pedro para rezar el Ángelus.

La solemnidad de hoy ayuda a considerar una verdad fundamental de la fe cristiana, profesada en el Credo : la comunión de los santos. Es decir, ''la comunión que nace de la fe y une a todos aquellos que pertenecen a Cristo, gracias al Bautismo. Se trata de una unión espiritual ..que no se rompe con la muerte, sino que prosigue en la otra vida'' porque ''sigue habiendo un lazo irrompible entre los que vivimos en este mundo y los que han cruzado el umbral de la muerte. Nosotros, aquí en la tierra, junto con los que han entrado en la eternidad, formamos una gran familia. Esta maravillosa... unión común entre tierra y cielo alcanza su punto más elevado e intenso en la liturgia y, sobre todo, en la celebración de la Eucaristía, que expresa y realiza la unión más profunda entre los miembros de la Iglesia. En la Eucaristía, encontramos a Jesús vivo y su fuerza, y a través de Él entramos en comunión con nuestros hermanos en la fe: con los que viven cono nosotros aquí en la tierra y con los que nos han precedido en la otra vida, la vida sin fin. Esta realidad nos colma de alegría: es hermoso tener tantos hermanos en la fe... que nos sostienen con su ayuda y recorren con nosotros el mismo camino hacia el cielo. Y es consolador saber que hay otros hermanos que ya han llegado al cielo, nos esperan y rezan por nosotros, para que juntos podamos contemplar en la eternidad el rostro glorioso y misericordioso del Padre''.

Al final el Papa subrayó que en la gran asamblea de los Santos, Dios ha reservado el primer lugar a la Madre de Jesús. ''María está en el centro de la comunión de los santos, como singular custodia del vínculo de la Iglesia universal con Cristo, del vínculo de la familia... Para quien quiere seguir a Jesús por la senda del Evangelio, ella es la guía segura, porque es la primera discípula; es la madre abnegada... a quien confiar todo deseo y dificultad''.

Después de rezar el Ángelus Francisco señaló que la liturgia dominical se refería a la gloria de la Jerusalén celeste e invitó a los fieles a rezar para que ''la Ciudad Santa tan querida por los judíos, los cristianos y los musulmanes, que en estos días es testigo de tantas tensiones, sea siempre signo y anticipo de la paz que Dios desea para toda la familia humana''.

También recordó que hoy en Vitoria (España) es proclamado beato el mártir Pedro Asúa Mendia, ''sacerdote humilde y austero que predicó el evangelio con la santidad de vida, la catequesis y la entrega a los pobres y necesitados. Arrestado, torturado y asesinado por haber manifestado su voluntad de permanecer fiel al Señor y a la Iglesia, representa para todos nosotros un ejemplo admirable de fortaleza en la fe y de testimonio de la caridad''.


miércoles, 29 de octubre de 2014

Homilías del Papa, 2014-10-27 y 28

Homilías del Papa y Temas sacerdotales

Messa a Santa Marta

Francisco: las palabras que revelan si somos cristianos
 de la luz, de las tinieblas o “grises”
2014-10-27 Radio Vaticana

Homilía de la Misa matutina en Santa Marta
(RV). El examen de conciencia sobre nuestras palabras nos hará comprender si somos cristianos de la luz, de las tinieblas o cristianos “grises”. Lo afirmó el Papa Francisco en su homilía de la misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta.

Los hombres se reconocen por sus palabras. San Pablo – afirmó el Papa – al invitar a los cristianos a comportarse como hijos de la luz y no como hijos de las tinieblas, “hace una catequesis sobre la palabra”. Y dijo que hay cuatro palabras para entender si somos hijos de las tinieblas:
“¿Es palabra hipócrita? ¿Un poco de acá, un poco de allá, para estar bien con todos? ¿Es una palabra vacía, sin sustancia, llena de vacuidad? ¿Es una palabra vulgar, trivial, es decir mundana? ¿Una palabra sucia, obscena? Estas cuatro palabras no son las de los hijos de la luz, no vienen del Espíritu Santo, no vienen de Jesús, no son palabras evangélicas… este modo de hablar, hablar siempre de cosas sucias o de mundanidad o de vacuidad o hablar hipócritamente”.

¿Cuál es, por tanto – se preguntó Francisco – la palabra de los Santos, es decir la de los hijos de la luz?

“Lo dice Pablo: ‘Háganse imitadores de Dios: caminen en la caridad; caminen en la bondad; caminen en la mansedumbre. Quien camina así... ‘Sean misericordiosos – dice Pablo – perdonándose recíprocamente, como Dios los ha perdonado a ustedes en Cristo. Háganse, por lo tanto, imitadores de Dios y caminen en la caridad’, es decir, caminen en la misericordia, en el perdón, en la caridad. Ésta es la palabra de un hijo de la luz”.

El Santo Padre observó además que hay cristianos “luminosos, llenos de luz”, que tratan de servir al Señor con esta luz y añadió que hay “cristianos tenebrosos” que conducen “una vida de pecado, una vida alejada del Señor” y que usan esas cuatro palabras que “son del maligno”. “Pero hay un tercer grupo de cristianos”, que no son “luminosos ni oscuros”:

“Son los cristianos grises. Y estos cristianos grises una vez están de esta parte, y otra vez de aquella. La gente dice de éstos: ‘Pero esta persona ¿está bien con Dios o con el diablo?’ ¡Eh! Siempre en el gris. Son los tibios. No son ni luminosos ni oscuros. Y a éstos Dios no los ama. En el Apocalipsis, el Señor a estos cristianos grises les dice: ‘Pero no, tú no eres ni caliente, ni frío. Ojalá fueras caliente o frío. Pero porque eres tibio – tan gris – estoy por vomitarte de mi boca’. El Señor es fuerte con los cristianos grises. ‘Yo soy cristiano, ¡pero sin exagerar!’ dicen, y hacen tanto mal, porque su testimonio cristiano es un testimonio que, al final, siembra confusión, siembra un testimonio negativo”.

No nos dejemos engañar por las palabras vacías – fue la exhortación del Papa Francisco – “oímos tantas, algunas bellas, bien dichas, pero vacías, sin nada adentro”. Comportémonos en cambio como hijos de la luz. Y concluyó diciendo: “Nos hará bien hoy pensar en nuestro lenguaje y preguntarnos: ¿Soy cristiano de la luz? ¿Soy cristiano de la oscuridad? ¿Soy cristiano gris? Y así podemos dar un paso adelante para encontrar al Señor”.
(María Fernanda Bernasconi - RV).




Estar dentro de la Iglesia, no detenernos en la recepción,
 dijo el Papa
2014-10-28 Radio Vaticana

(RV).- A la Iglesia “la hace Jesús”, que no ve el pecado del hombre sino su corazón, al que busca para curarlo. Fue la reflexión del Papa Francisco en su homilía de la Misa matutina celebrada en la Capilla de la Casa de Santa Marta.

El “trabajo” lo ha hecho Jesús hace dos mil años, cuando eligió a doce columnas para construir la Iglesia y poniéndose a sí mismo como “base” y “piedra angular”. Después, esa Iglesia abrió de par en par sus puertas a todos, sin distinción, porque a Cristo le interesa amar y curar los corazones, y no contar los pecados. El Papa Francisco reflexionó con el Evangelio del día, que relata el nacimiento de la Iglesia y la llamada de los Apóstoles, y con la Lectura de Pablo, que describe a la Iglesia como un edificio que crece “bien ordenado” sobre sus cimientos. En particular, el Obispo de Roma dirigió su atención a las acciones que marcan la fundación de la Iglesia. Jesús que se retira en oración. Después elige a los doce y, al mismo tiempo, acoge y cura a quien tan sólo trata de tocarlo:

“Jesús ora, Jesús llama, Jesús elige, Jesús envía a los discípulos, Jesús cura a la muchedumbre. En este templo, este Jesús que es la piedra angular hace todo este trabajo: es Él quien lleva adelante la Iglesia de este modo. Como decía Pablo, esta Iglesia está edificada sobre el fundamento de los Apóstoles. Este que Él ha elegido aquí: eligió a doce. Todos pecadores, todos. Judas no era el más pecador: no sé quién haya sido el más pecador… Judas, pobrecito, es aquel que se cerró al amor y por esto se convirtió en traidor. Pero todos escaparon en el momento difícil de la Pasión y dejaron solo a Jesús. Todos son pecadores. Pero Él los eligió”.

Jesús  – dijo también el Papa Francisco citando a San Pablo – nos quiere “dentro” de la Iglesia, y no como huéspedes o extranjeros, sino “con el derecho de un ciudadano”. E insiste en que en la Iglesia “no estamos de paso, estamos enraizados allí. Nuestra vida es allí”:

“Nosotros somos ciudadanos, conciudadanos de esta Iglesia. Si nosotros no entramos en este templo y formamos parte de esta construcción a fin de que el Espíritu Santo habite en nosotros, nosotros no estamos en la Iglesia. Nosotros estamos en la puerta y miramos: ‘Pero, qué bello… sí, esto es bello…’. Cristianos que no van más allá de la recepción de la Iglesia: sólo allí, en la puerta… ‘Pero sí, soy católico, sí, pero no demasiado… así…”.

Un modo de hacer esto, que no tiene sentido con respecto al amor y a la misericordia totales que Jesús tiene por cada persona. La demostración es la actitud de Cristo con Pedro. Incluso si la primera de las columnas traiciona a Jesús, el Señor responde perdonando y dejándolo en su lugar:

“A Jesús no le importó el pecado de Pedro: buscaba su corazón. Pero para encontrar este corazón y para curarlo. Jesús que reza y Jesús que cura, también por cada uno de nosotros. Nosotros no podemos comprender a la Iglesia sin este Jesús que reza y sin este Jesús que cura. Que el Espíritu Santo nos haga comprender, a todos nosotros, esta Iglesia que tiene la fuerza en la oración de Jesús por nosotros y que es capaz de curarnos. A todos nosotros”.
(María Fernanda Bernasconi - RV).


Gracias al Papa Francisco

domingo, 26 de octubre de 2014

Homilías del Papa 2014-10-24 y 23

Homilías del Papa y Temas sacerdotales



Todos debemos trabajar
 por la unidad de la Iglesia

2014-10-24 Radio Vaticana

(RV). Todo cristiano está llamado a trabajar por la unidad de la Iglesia. Es la exhortación que el Papa Francisco hizo en su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta. De este modo, el Pontífice subrayó que debemos dejarnos guiar por el Espíritu Santo que hace la unidad de la Iglesia en la diversidad de las personas.

“Yo, prisionero, los exhorto a construir la unidad en la Iglesia”. Francisco desarrolló su reflexión partiendo de esta exhortación de San Pablo, contenida en la Carta a los Filipenses. “Hacer la unidad de la Iglesia – observó el Papa – es trabajo de la Iglesia y de cada cristiano durante la historia”. Y añadió que el Apóstol Pedro “cuando habla de la Iglesia, habla de un templo hecho de las piedras vivas, que somos nosotros”. Y, además hizo una advertencia acerca de “aquel otro templo, el de la soberbia que era la Torre de Babel”. Mientras el primer templo “trae la unidad” – dijo – ese otro “es el símbolo de la desunión, de no comprenderse, de la diversidad de las lenguas”:

“Hacer la unidad de la Iglesia, construir la Iglesia, este templo, esta unidad de la Iglesia: éste es el deber de todo cristiano, de cada uno de nosotros. Cuando se debe construir un templo, un palacio, se busca un área edificable, preparada para esto. La prima cosa que se hace es buscar la piedra de base, la piedra angular dice la Biblia. Y la piedra angular de la unidad de la Iglesia, o mejor dicho, la piedra angular de la Iglesia es Jesús, y la piedra angular de la unidad de la Iglesia es la oración de Jesús en la Última Cena: ‘¡Padre, que sean uno!’. ¡Y esta es la fuerza!”

El Papa reafirmó que Jesús es “la piedra sobre la cual nosotros edificamos la unidad de la Iglesia” y dijo que “sin esta piedra no se puede. No hay unidad sin Jesucristo en la base: es nuestra seguridad”. ¿Pero quién, entonces – se preguntó Francisco – “construye esta unidad?”. Éste – fue su respuesta – “es el trabajo del Espíritu Santo. Es el único capaz de hacer la unidad de la Iglesia. Razón por la cual Jesús lo ha enviado: para hacer crecer a la Iglesia, para hacerla fuerte, para hacerla una”. Es el Espíritu – prosiguió – quien hace “la unidad de la Iglesia” en la “diversidad de los pueblos, de las culturas, de las personas”. “¿Cómo se construye, entonces, este templo?”, preguntó una vez más el Santo Padre. Si el Apóstol Pedro – dijo – cuando hablaba de esto, “decía que nosotros éramos piedras vivas en esta construcción”, San Pablo “nos aconseja no ser tanto piedras, cuanto ladrillos débiles”. Los consejos del Apóstol para “construir esta unidad son consejos de debilidad, según el pensamiento humano”:

“Humildad, dulzura, magnanimidad: son cosas débiles, porque el humilde parece que no sirve para nada; la dulzura, la mansedumbre, parecen no servir; la magnanimidad, el estar abierto a todos, tener un corazón grande… Y después dice además: ‘Soportándose mutuamente con amor’. Soportándose unos a otros en el amor, teniendo como interés ¿qué cosa? Conservar la unidad. Y nosotros nos transformamos cada vez más en piedras fuertes, en este templo, cuanto más débiles nos hacemos con estas virtudes de la humildad, de la magnanimidad, de la dulzura, de la mansedumbre”.

El Papa reafirmó que este es “el mismo camino que ha recorrido Jesús” que “se ha hecho débil” hasta la Cruz, “¡y se volvió fuerte!” Y así debemos hacer nosotros: “El orgullo, la suficiencia, no sirven”. Cuando se hace una construcción – añadió Francisco – “es necesario que el arquitecto haga el diseño. ¿Y cuál es el diseño de la unidad de la Iglesia?”:

“La esperanza a la que hemos sido llamados: la esperanza de ir hacia el Señor, la esperanza de vivir en una Iglesia viva, hecha con piedras vivas, con la fuerza del Espíritu Santo. Sólo sobre el diseño de la esperanza podemos ir adelante en la unidad de la Iglesia. Estamos llamados a una esperanza grande. ¡Vamos allí! Pero con la fuerza que nos da la oración de Jesús por la unidad; con la docilidad al Espíritu Santo, que es capaz de hacer de ladrillos piedras vivas; y con la esperanza de encontrar al Señor que nos ha llamado, encontrarlo cuando se produzca la plenitud de los tiempos”.
(María Fernanda Bernasconi – RV).



Sin la gracia del Espíritu
 no se puede ser cristianos
2014-10-23 Radio Vaticana

(RV).-“No se puede ser cristianos sin la gracia del Espíritu” que nos da la fuerza de amar. Lo dijo el Papa Francisco en su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta.
El Santo Padre centró su homilía en la Carta a los Efesios, en la que San Pablo describe su experiencia de Jesucristo, una experiencia “que lo ha llevado a dejar todo” porque “estaba enamorado de Cristo”. El Papa dijo que el suyo es un “acto de adoración”, porque en primer lugar “se arrodilla ante el Padre” que “tiene el poder de hacer mucho más de lo que podemos pedir o pensar”. Usa “un lenguaje sin límites”: adora a este Dios “que es como un mar sin playas, sin límites, un mar inmenso”. Y Pablo pide al Padre, por todos nosotros, para “que seamos poderosamente reforzados en el hombre interior, mediante su Espíritu”:

“Pide al Padre que el Espíritu venga y nos refuerce, nos dé la fuerza. No se puede ir adelante sin la fuerza del Espíritu. Nuestras fuerzas son débiles. No se puede ser cristianos sin la gracia del Espíritu. Es precisamente el Espíritu quien nos cambia el corazón, quien nos hace ir hacia adelante en la virtud, para cumplir los mandamientos”.

“Después pide otra gracia al Padre”, dijo el Papa Francisco: “La presencia de Cristo, para que nos haga crecer en la caridad”. El amor de Cristo “que supera todo conocimiento”, “sólo se lo puede entender” a través de “este acto de adoración de aquella inmensidad”:

“Ésta es una experiencia mística de Pablo y nos enseña la oración de alabanza, y la oración de adoración. Ante nuestras pequeñeces, ante nuestros intereses egoístas, tantos, Pablo estalla en esta alabanza, en este acto de adoración y pide al Padre que nos envíe al Espíritu para darnos fuerza y poder ir adelante; que nos haga comprender el amor de Cristo y que Cristo nos consolide en el amor. Y dice al Padre: ‘Gracias, porque Tú eres capaz de hacer eso que nosotros no osamos pensar’. Es una bella oración... Es una bella oración”.

El Papa Francisco concluyó su homilía diciendo:

“Y con esta vida interior se puede comprender que Pablo haya dejado todo y considerar todo basura, para ganar a Cristo y ser encontrado en Cristo. También a nosotros nos hace bien pensar así, nos hace bien adorar a Dios. Nos hace bien alabar a Dios, entrar en este mundo de amplitud, de grandiosidad, de generosidad y de amor. Nos hace bien, porque así podemos ir adelante en el gran mandamiento – el único mandamiento, que está en la base de todos los demás –: el amor; amar a Dios y amar al prójimo”.
(María Fernanda Bernasconi – RV).

miércoles, 22 de octubre de 2014

Homilías del Papa. 2014-10-21

Homilías del Papa y Temas sacerdotales 


Somos un pueblo unido en Jesús
2014-10-21 Radio Vaticana

(RV).-  “El cristiano es un hombre o una mujer que sabe esperar a Jesús y por esta razón es un hombre o una mujer de esperanza”. Lo reafirmó el Papa Francisco en su homilía de la Misa de la mañana, celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta,

El Papa también dijo que con su sacrificio, Cristo nos ha hecho “amigos cercanos, en paz”. Personas que saben esperar y, en la espera, cultivan una sólida esperanza. Éstos son los cristianos, un pueblo unido por Jesús más allá de toda enemistad – explicó Francisco –; servido por Él y dotado de un nombre. El Santo Padre reflexionó inspirándose en el Evangelio de Lucas y en la Carta de san Pablo a los Efesios.

Ante todo, recordó, Cristo habla a sus discípulos comparándose con el patrón que regresa tarde, por la noche, de la fiesta de matrimonio y llama “bienaventurados” a los siervos que lo esperan despiertos y con las lámparas encendidas. En la escena siguiente Jesús se hace siervo de sus servidores, llevándoles la comida a la mesa.

El Papa Bergoglio observó que el primer servicio que el Maestro hace a los cristianos es darles “la identidad”. “Nosotros sin Cristo – dijo – no tenemos identidad”. Mientras destacando las palabras de Pablo a los paganos, el Papa dijo “recuerden que en aquel tempo estaban sin Cristo, excluidos de la ciudadanía de Israel”, y reafirmó que “lo que ha venido a hacer Jesús con nosotros es daros una ciudadanía, la pertenencia, a un pueblo, un nombre, un apellido”. Y así, de “enemigos sin paz”, Cristo “nos ha unido” con “su sangre”, “derribando el muro de separación que divide”:

“Todos nosotros sabemos que cuando no estamos en paz con las personas, hay un muro. Hay un muro que nos divide. Pero Jesús nos ofrece su servicio, el de derribar este muro, para que podamos encontrarnos. Y si estamos divididos, no somos amigos: somos enemigos. Y ha hecho mucho más, para reconciliar a todos en Dios. Nos ha reconciliado con Dios: de enemigos, amigos; de extraños, hijos”.

De “gente de la calle”, de personas que ni siquiera eran “huéspedes”, a “conciudadanos de los Santos y familiares de Dios”, dijo también el Papa recordando a San Pablo, y añadió que esto es lo que ha hecho Jesús con su venida. “Pero, ¿a qué condición?, se preguntó: a condición de “esperarlo”, esperarlo como los siervos con el patrón:

“Esperar a Jesús. Quien no espera a Jesús, cierra la puerta a Jesús, no le deja hacer esta obra de paz, de comunidad, de ciudadanía, es más: de nombre. Nos da un nombre. Nos hace hijos de Dios. Ésta es la actitud para esperar a Jesús, que está dentro de la esperanza cristiana. El cristiano es un hombre o una mujer de esperanza. Sabe que el Señor vendrá. Verdaderamente vendrá, ¡eh! No conocemos la hora, como esos. No conocemos la hora, pero vendrá, vendrá a encontrarnos, pero no para encontrarnos aislados, enemigos, no. A encontrarnos como Él ha hecho con su servicio: amigos cercanos, en paz”.

El Papa Francisco concluyó con otra pregunta que el cristiano podría hacerse: ¿cómo espero a Jesús? Y antes aún: ¿Lo “espero o no lo espero?”:

“¿Yo creo en esta esperanza, que Él vendrá? ¿Tengo el corazón abierto, para oír cuando llama a la puerta, cuando abre la puerta? El cristiano es un hombre o una mujer que sabe esperar a Jesús y por esto es hombre o mujer de esperanza. En cambio el pagano – y tantas veces nosotros los cristianos nos comportamos como paganos – se olvida de Jesús, piensa en sí mismo, en sus cosas, no espera a Jesús. El egoísta pagano hace como si fuera un dios: ‘Yo me las arreglo solo’. Y así termina mal, termina sin nombre, sin cercanía, sin ciudadanía”.

(María Fernanda Bernasconi - RV).