Mostrando entradas con la etiqueta María. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta María. Mostrar todas las entradas

sábado, 7 de diciembre de 2019

Comentario: LA INMACULADA CONCEPCIÓN."MÁS QUE TÚ, MARÍA, SÓLO DIOS".

Homilías del Papa y Temas sacerdotales

 Resultado de imagen de Inmaculada De Zarandona Murcia
Inmaculada de Zarandona-Murcia

**
Jesús Mateo, es un sacerdote amigo de Valladolid, que manda diariamente un lindo comentario del Evangelio, que vale la pena meditarlo y compartirlo  también con  los seglares.
Yo lo pongo ahora todos los días en uno de mis Blogs. Franja. 
**


8 de Diciembre,

Resultado de imagen de inmaculada concepción escultura

LA INMACULADA CONCEPCIÓN

Domingo II de ADVIENTO de 2019

Comentario: 
LA INMACULADA CONCEPCIÓN."MÁS QUE TÚ, MARÍA, SÓLO DIOS".

1. Hoy es un día para felicitar y embelesarnos ante María, Purísima, Inmaculada.

Nos sale del corazón decirte una y mil veces:

María, eres la Llena de Gracia, la  Hermosa.
 Toda hermosa eres María
 y en ti no hay mancha.

Eres toda pura. "Eres la bendita entre todas las mujeres", como proclamó tu prima Santa Isabel. Eres amable, admirable, causa de nuestra alegría, salud de los enfermos, refugio de los pecadores  concebida sin pecado original.

Resultado de imagen de inmaculada concepción escultura

 Sólo, sólo Dios sabe el amor que puso en Ti.


"Antes de los abismos fuiste  engendrada;  antes de que existiesen las fuentes de abundantes aguas", dice el  libro  de los Proverbios.

 Y te hizo "como jardín cercado, como hermana, como esposa, como fuente sellada",  exclama el Cantar de los Cantares.

Y  te hizo "como Aurora, hermosa cual la luna, resplandeciente como el sol, fuerte como ejército en orden de batalla", repetirá el mismo libro.

Resultado de imagen de Inmaculada De Zarandona Murcia

Y te hizo así Dios,  porque pudo y porque quiso.

Tú eres, María,  orgullo de Jerusalén, gloria de Israel,  honra de Nuestro Pueblo, complacencia de Dios.

 Hacemos tuyas las palabras del Salmista:

"Venid, oíd los que teméis a Dios y os contaré las maravillas del Señor en mi alma" (Salmo 56, 16).
Tú misma, humilde y sencilla, inspirada por el Espíritu Santo, proclamaste: "Me felicitarán todas las generaciones".

Resultado de imagen de : la inmaculada concepción.

María, ¡Felicidades!

Eres toda Hermosa, Toda Santa. Eres bella, Eres pura. María lo ¡tienes todo!  "Más que Tú, sólo Dios".

Resultado de imagen de : la inmaculada concepción.

2. Hoy todos felices, con alegría y amor, te cantamos viva, viva, la Virgen Inmaculada.

El mundo entero no se cansa de cantar y aclamarte  oh clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María.

Imagen relacionada

3. Tú, que pisoteaste al Demonio, ahuyéntale de nuestras vidas y alcánzanos todos los bienes.

Danos fortaleza en nuestros días.
Haz que nuestro corazón se parezca al tuyo.
Haznos almas de oración; limpios de corazón.

Imagen relacionada

4. Serás siempre nuestro Modelo.

Para eso nos comprometemos a mirarte y a imitarte toda nuestra vida.
Siempre te llevaremos en el corazón, Virgen María.
Jesús Mateo. Sacerdote.

**
Que Dios pague ese esfuerzo diario y que Santa María la Virgen no nos abandone nunca. Franja.

**

Confeccionado por Franja

**


domingo, 17 de noviembre de 2013

María, la mujer vestida de sol, en el Apocalipsis.

Blog de Tío Paco-Franjaoli-Franja
 Como no sabía en qué blog colocar esta meditación de Juan Pablo II, un poco larga, he decidido ponerla en el blog sacerdotal, porque, si algún sacerdote entra en las páginas del blog,  puede admirarse de la interpretación del pasaje del Apocalipsis, muy conocido, pero que nos da un poco de miedo. Y el Beato Juan Pablo II lo dice y comenta de una manera muy hermosa. Franja.


María, indica el camino hacia la unión plena con Dios
Juan Pablo II profundizó en la fuerza que puede infundir en un corazón azorado la figura de la Virgen.
Autor: SS Juan Pablo II | Fuente: Catholic.net
En medio de las dificultades de la vida, el cristiano cuenta con una ayuda única: la figura de la Madre de Dios «que indica el camino, es decir, Cristo, único mediador que lleva en plenitud al Padre».
Juan Pablo II profundizó en la fuerza que puede infundir en un corazón azorado la figura de la Virgen.
Al levantar la mirada hacia su imagen, explicó el Santo Padre, «podemos afirmar que María, junto a su Hijo, es la imagen más perfecta de la libertad y de la liberación de la humanidad y del cosmos».


Queridos hermanos
Recordemos una de las páginas más conocidas del Apocalipsis de Juan. En la mujer encinta, que da a luz un hijo, ante un dragón rojo como la sangre enfurecido con ella y con el que ha engendrado, la tradición cristiana, litúrgica y artística, ha visto la imagen de María, la madre de Cristo. Sin embargo, según la intención original del autor sagrado, si el nacimiento del niño representa la venida del Mesías, la mujer personifica evidentemente al pueblo de Dios, es decir, el Israel bíblico, o sea, la Iglesia. La interpretación mariana no está en contraste con el sentido eclesial del texto, ya que María es «figura de la Iglesia» (Lumen Gentium, 63; cf. San Ambrosio, «Expos. Lc», II, 7).

En lo profundo de la comunidad fiel aparece por tanto el perfil de la Madre del Mesías. Contra María y la Iglesia se levanta el dragón, que evoca a Satanás y el mal, como lo indica la simbología del Antiguo Testamento: el color rojo es signo de guerra, de masacre, de sangre derramada; las «siete cabezas» coronadas indican un poder inmenso; mientras que los «diez cuernos» evocan la fuerza impresionante de la bestia, descrita por el profeta Daniel (cf. 7,7), imagen también del poder prevaricador que amenaza a la historia.


El bien y el mal, por tanto, se enfrentan. María, su Hijo y la Iglesia representan la aparente debilidad y pequeñez del amor, de la verdad, de la justicia. Contra ellos se desencadena la monstruosa energía devastadora de la violencia, de la mentira, de la injusticia. Pero el canto que sella el pasaje nos recuerda que el veredicto definitivo es confiado a «la salvación, el poder y el reinado de nuestro Dios y la potestad de su Cristo» (Apocalipsis 12, 10).
Ciertamente en el tiempo de la historia, la Iglesia puede verse obligada a refugiarse en el desierto, como el antiguo Israel en marcha hacia la tierra prometida. El desierto, entre otras cosas, es el refugio tradicional de los perseguidos, es el ámbito secreto y sereno donde se ofrece la protección divina (cf. Génesis 21, 14-19; 1Reyes 19,4-7). Ahora bien, en este refugio la mujer permanece sólo durante un período de tiempo limitado, como subraya el Apocalipsis (cf. 12,6.14). El tiempo de la angustia, de la persecución, de la prueba no es, por tanto, definitivo: al final, vendrá la liberación y será la hora de la gloria.
Nuestra Señora la que desata los nudos

Contemplando este misterio desde una perspectiva mariana, podemos afirmar que «María, junto a su Hijo, es la imagen más perfecta de la libertad y de la liberación de la humanidad y del cosmos. La Iglesia deber mirar hacia ella, que es su madre y modelo, para comprender el sentido de su propia misión en plenitud» (Congregación para la Doctrina de la Fe, «Libertatis conscientia», 22-3-1986, n. 97; cf. «Redemptoris Mater», 37).
Fijemos, entonces, nuestra mirada en María, imagen de la Iglesia peregrina en el desierto de la historia, que se dirige a la meta gloriosa de la Jerusalén celeste, donde resplandecerá como Esposa del Cordero, Cristo Señor. La Iglesia de Oriente honra a la Madre de Dios como la «Odiguitria», la que «indica el camino», es decir, Cristo, único mediador que lleva en plenitud al Padre. Un poeta francés ve en ella «la criatura en su estado original y en su lozanía final, como surgió de Dios en la mañana de su esplendor original» (Paul Claudel, «La Vierge à midi», editorial Pléiade, página 540).


En su inmaculada concepción, María es el modelo perfecto de la criatura humana, llena desde el inicio de esa gracia divina que sostiene y transfigura a la criatura (cf. Lucas 1, 28), que escoge siempre, en su libertad, el camino de Dios. De este modo, en su gloriosa asunción al cielo, María, es la imagen de la criatura llamada por Cristo resucitado a alcanzar, al final de la historia, la plenitud de la comunión con Dios en la resurrección a una eternidad bienaventurada. Para la Iglesia, que experimenta con frecuencia el peso de la historia y el asedio del mal, la Madre de Cristo es el emblema luminoso de la humanidad redimida y abrazada por la gracia que salva.
La meta última de la vicisitud humana llegará cuando «Dios sea todo en todo» (1 Corintios 15, 28) y, como anuncia el Apocalipsis, cuando «el mar deje de existir» (21, 1), para explicar que el signo del caos destructor y del mal será finalmente eliminado. Entonces la Iglesia se presentará ante Cristo como «como una novia ataviada para su esposo» (Apocalipsis 21, 2). Esa será la hora de la intimidad y del amor sin fisuras. Pero ya desde ahora, al mirar a la Virgen elevada al cielo, la Iglesia comienza a experimentar la alegría que le será ofrecida en plenitud al final de los tiempos.


En la peregrinación de fe a través de la historia, María acompaña a la Iglesia como «modelo de la comunión eclesial en la fe, en la caridad y en la unión con Cristo. Eternamente presente en el misterio de Cristo, ella está, en medio de los apóstoles, en el corazón mismo de la Iglesia naciente y de la Iglesia de todos los tiempos. Efectivamente, "la Iglesia fue congregada en el cenáculo con María, que era la Madre de Jesús, y con sus hermanos. No se puede, por tanto, hablar de Iglesia si no está presente María, la Madre del Señor, con sus hermanos» (Congregación para la Doctrina de la Fe, «Communionis notio», 28-5-1992, n. 19; cf. San Cromacio de Aquileya, «Sermo» 30, 1).


Cantemos, entonces, nuestro himno de alabanza a María, imagen de la humanidad redimida, signo de la Iglesia que vive en la fe y en el amor, anticipando la plenitud de la Jerusalén celeste. «El genio poético de san Efrén el Sirio, llamado "la cítara del Espíritu Santo", ha cantado incansablemente a María, dejando una impronta todavía presente en toda la tradición de la Iglesia siríaca» («Redemptoris Mater», 31). Es él quien presenta a María como imagen de belleza: «Ella es santa en su cuerpo, bella en su espíritu, pura en sus pensamientos, sincera en su inteligencia, perfecta en sus sentimientos, casta, firme en sus propósitos, inmaculada en su corazón, eminente, llena de todas las virtudes» («Himnos a la Virgen María» 1,4; editorial Th. J. Lamy, «Hymni de B. Maria», Malines 1886, t. 2, col. 520). 


Que esta imagen resplandezca en el corazón de toda comunidad eclesial como reflejo perfecto de Cristo y que sea como un signo que se alza por encima de los pueblos, como «ciudad colocada en la cumbre de una montaña», y «lámpara sobre el candelero para que alumbre a todos» (cf. Mateo 5, 14-15).

Un buen enlace

Confeccionado por Franja