sábado, 3 de marzo de 2018

El Templo es la Casa de Oración

Homilías del Papa y Temas sacerdotales


1.- EL ATRIO DE NUESTRA FE

Por Javier Leoz

La cuaresma, como camino que conduce hacia la Pascua, pretende con medios tan esenciales como sencillos (oración, austeridad o caridad) revestirnos de un espíritu que nos lleve a celebrar intensamente y en verdad la Semana Santa. Sin complejos y sin añadidos. No es la fe la que, a lo largo de la historia, ha disfrazado con elementos secundarios nuestra vivencia de Dios. Es el hombre, somos nosotros –unas veces con acierto y otras con no tanto- los que hemos rodeado nuestra confianza en Dios con aspectos que, tal vez, necesitan alguna revisión y que a menudo generan críticas: lo comercial no es bueno en las cosas de Dios.

1.- Que Dios no necesita ningún espacio sagrado es verdad. Cuántos templos llenos y, en contraposición, cuántos corazones no tocados por la gracia. Embelesados por la belleza, por las formas pero no despuntando hacia la conversión. 
El templo, desde el Bautismo, somos cada uno de nosotros. Y, ese templo, es el que hemos de cuidar con la limpieza de una buena confesión, con la pintura de una buena obra de caridad y con el mantenimiento personal a través de la oración, la eucaristía o la contemplación.

2.- Con nuestras personas, con nuestros templos de carne y hueso, puede ocurrir lo mismo que aconteció en el suceso evangélico que se nos narra en este día: ¿Cómo nos encuentra Jesús? ¿De qué nos ve rodeados? ¿De dinero? ¿De intercambios muy interesados? ¿Con un te doy para que me des? ¿De negocios grandes o pequeños?

La respuesta, como siempre, nos la da la fe: apostar por Jesús significa colocarle en el centro y, fuera de Él, no permitir que nada distorsione nuestra fidelidad cristiana.

3.- Acostumbrados a una fe, excesivamente light, hemos de reconocer que no nos cuesta esfuerzo alguno combinar las cosas de Dios con las ofertas del mundo. Rebajar la exigencia de nuestra vida cristiana es fácil pero, también es verdad, que ello nos embarca en una mediocridad peligrosa: ¿Qué es de Dios y qué es el del mundo?

Los mandamientos, que siguen siendo diez, dan sentido a nuestro camino cristiano. El amor al prójimo, que es consecuencia lógica de nuestra unión con Dios, es imperativo en el día a día. La oración personal (y no sólo comunitaria) es síntoma de una fe saludable que, además, la fortalece cuando –esa oración- (como decía Teresa de Jesús) nos lleva a caer en la cuenta de que es estar con Aquel que decimos amar.

4.- Depurar nuestra praxis cristiana es muy difícil en estos tiempos que nos toca vivir. Entre otras cosas porque la Iglesia, cada vez que nos recuerda aquello que estorba en los atrios de nuestro pensamiento, de nuestro corazón, de nuestro hablar o de nuestro comportamiento, es respondida con críticas sobre su intrusismo o su poder mediático. ¿Es así? ¡No! Simplemente nos recuerda lo qué es una vida cristiana diferenciándola de la pagana.

En este tercer domingo de la cuaresma seamos conscientes de un gran peligro que nos acecha: no somos ya nosotros los mercaderes en nuestro propio templo. Es ya, la sociedad que nos rodea, la que intenta invadir y torpedear los atrios de cada persona, de cada familia y de la moral colectiva con sus propias pretensiones resumidas en una frase: ¡Todo vale! Y, eso, no es bueno.
Quien tenga oídos…que oiga!


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QUIERO SER TU TEMPLO, SEÑOR


5.- QUIERO SER TU TEMPLO, SEÑOR
Para que, en el  sagrario de mi corazón,
habites y hables  dándome el calor de tu Palabra.
Quiero, Señor,  que vuelques la mesa de mi orgullo
y sea dócil al  soplo de tu Espíritu.
Sí, Señor;
quiero ser un templo de tu presencia
para que  levantes en mí la verdad y la justicia
la paz y la  alegría, el amor y la misericordia.
Un edificio en  el que sólo tengas cabida Tú
y, donde las  piedras,
tengan el sello  del perdón y la esperanza.
Un rincón en el  que puedas reinar
y sentirte a  gusto, un templo de tu propiedad.
Sí, Señor;
quiero ser un templo
del cual te  puedas sentir orgulloso,
en el que no  exista suciedad ni comercio alguno
en el que, Dios,  quiera siempre vivir y nunca marcharse.
Quiero ser tu templo, Señor
Edificado sobre  tus diez mandamientos
Señalado con la  cruz redentora
Fortalecido con  la sabiduría divina
Rejuvenecido por  tu Gracia.
Sí, Señor;
si Tú quieres
deseo y te pido  me hagas templo vivo
para que, un día  y contigo,
aun siendo  destruido por la muerte
pueda resucitar  de nuevo.
Amén

Javier Leoz



El Sacrificio de la Misa


domingo, 18 de febrero de 2018

Qué es la tentación. Vigilancia.

Homilías del Papa y Temas sacerdotales

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¿Qué significa la tentación?
por Card. Rubén Salazar Gómez

Empezamos el tiempo de Cuaresma, es el tiempo de preparación inmediata para la celebración de la Pascua.

Por eso se interrumpe el tiempo Ordinario, para vivir este tiempo Especial, que es un tiempo de escucha de la Palabra de Dios, es un tiempo de conversión, es un tiempo de preparación para vivir con Cristo su pascua.

Se nos habla em el Evangelio de Marcos, de que el Señor antes de empezar su ministerio, se retiró al desierto y allí fue tentado, la tentación, está indudablemente es uno de los aspectos permanentes en nuestra vida.

Que significa la tentación, significa que Dios nos ha creado  libres, y por lo tanto nosotros somos los que decidimos acerca de nuestra vida. Nosotros somos los que tomamos las decisiones permanentemente para que nuestra vida sea así o asá, todos los días de mil maneras estamos tomando decisiones, ahora hemos sido creados para el bien y por lo tanto la tendencia espontánea nuestra es el bien hacer el bien y que todas nuestras decisiones tiendan a hacer el bien de alguna manera, nos llama la atención sino el bien pero hay un problema y es que muchas veces el mal se nos presenta con la apariencia de bien y entonces ahí es donde puede surgir la tentación, en el sentido de que si nosotros no estamos muy alerta si no somos duchos en el arte de discernir el bien del mal, indudablemente podemos caer en la trampa y elegir el mal creyendo que estamos eligiendo el bien.

Nunca el pecado se nos presenta como pecado nunca el pecado se nos presenta como mal a nosotros siempre se nos presenta como algo que nos conviene como algo que podría ser bien para mí. Por ejemplo pensemos en el robar es malo porque es arrancarle es quitarle a alguien lo que posee pero el que roba no piensa que está cometiendo algo indebido está creyendo y todos los días se mete más en la cabeza, que tiene derecho a robar de apoderarse del bien de los demás.

Ahí está la tentación, cuando el mal se presenta bajo apariencia de bien, por eso una obligación permanente nuestra, es descubrir cada vez con mayor claridad, cuál es el bien, cuál es el bien que debemos buscar, cuál es el bien que debemos elegir, cuál es el bien que verdaderamente como bien viene a hacer bien a mi vida, porque si no nos dejamos enredar y entonces caemos en la tentación de decir caemos en aquello que es mal pero que se nos presenta bajo la forma del bien.

¿Cómo hacemos para descubrir entonces cuando es el bien cuando es el mal?, ¿cómo hacemos para ese discernimiento? el Señor nos ha regalado una ayuda maravillosa que su palabra, cuando nosotros estamos atentos a su Palabra la leemos la estudiamos vamos comprendiendo cada vez mejor qué es lo que él quiere de nosotros es decir nuestro bien.

Pero también esa palabra de Dios da para nosotros por la Iglesia la Iglesia es la que nos transmite la palabra de Dios y la Iglesia por lo tanto nos va diciendo cada vez más que es lo que a partir de la Palabra de Dios es el bien para nosotros, es el bien que debemos elegir es el bien que nos puede ayudar a vivir en plenitud.

Las tentaciones de Cristo al inicio de la Cuaresma, nos invitan en primer lugar a que nosotros tomemos conciencia de que el Señor Jesús quiso cargar con todas nuestras dolencias también con la tentación el vino también a sufrir un poquito todo ese problema de no saber a veces muy claramente que es el bien y que es el mal, pero Él supo vencer la tentación y unidos a Él nosotros vamos también a saber vencer la tentación y a poder siempre cuando se nos presenta esa duda, cuando se nos presenta esa incertidumbre acerca de qué es el bien y que es el mal, ser capaces de hacer la elección, la elección correcta, ser capaces de elegir siempre el bien, para poder vivir una vida coherente, una vida sana, una vida útil a los demás.

Al iniciar la Cuaresma pidamos al Señor, que nos ayude durante este tiempo, a descubrir con mayor claridad qué es lo que él quiere de nosotros, para poder reajustar nuestra vida, para poder entrar en ese proceso de conversión y de cambio, porque el reino de Dios ha llegado con Cristo, y por lo tanto tenemos que recibirlo en nuestro corazón, y para ello necesitamos convertirnos.

La bendición de Dios Todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros y permanezca para siempre
Amén.




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Tentaciones hasta en lo más alto de la Iglesia




miércoles, 7 de febrero de 2018

Mensaje pontificio de Cuaresma, 2018

Homilías del Papa y Temas sacerdotales


Mensaje pontificio de Cuaresma, 2018

Atentos a los falsos profetas que enfrían el amor

“Al crecer la maldad, se enfriará el amor en la mayoría”. Así se titula el Mensaje del Santo Padre para la Cuaresma de este año que se presentó esta mañana en la Sala de Prensa de la Santa Sede. Intervinieron en la presentación el Cardenal Peter Kodwo Appiah Turkson, Prefecto del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral; 

Monseñor Graham Bell, Subsecretario del Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización y la Dra. Natalia Peiró, Secretaria General de Caritas España
María Fernanda Bernasconi – Ciudad del Vaticano

En su mensaje para la Cuaresma – firmado en la Ciudad del Vaticano el 1 de noviembre de 2017, en la Solemnidad de Todos los Santos – el Papa Francisco escribe que “una vez más nos sale al encuentro la Pascua del Señor”, y explica que para prepararnos a recibirla, la Providencia de Dios nos ofrece cada año la Cuaresma, que define “signo sacramental de nuestra conversión”.

Tal como lo expone el Pontífice, mediante este mensaje desea “ayudar a toda la Iglesia a vivir con gozo y con verdad este tiempo de gracia”; y lo hace inspirándose en una expresión de Jesús según el Evangelio de Mateo: “Al crecer la maldad, se enfriará el amor en la mayoría”.

Frase que proviene de la enseñanza sobre el fin de los tiempos, ambientada en el Monte de los Olivos de Jerusalén, donde precisamente tendrá inicio la pasión del Señor, que en este caso respondiendo a una pregunta de sus discípulos, anuncia “una gran tribulación” y describe la situación en la que podría encontrarse la comunidad de los fieles: frente a acontecimientos dolorosos, algunos falsos profetas engañarán a mucha gente hasta amenazar con apagar la caridad en los corazones, que es el centro de todo el Evangelio.

Los falsos profetas
En el primer punto de este mensaje, titulado “los falsos profetas”, el Pontífice invita a preguntarnos ¿qué formas asumen? Y no duda en responder que “son como ‘encantadores de serpientes’”, que “se aprovechan de las emociones humanas para esclavizar a las personas y llevarlas adonde ellos quieren”. De ahí su exclamación ante los tantos hijos de Dios que “se dejan fascinar por las lisonjas de un placer momentáneo, al que se lo confunde con la felicidad”. O acerca de cuántos hombres y mujeres que “viven como encantados por la ilusión del dinero, que los hace en realidad esclavos del lucro o de intereses mezquinos”; sin olvidar a quienes “viven pensando que se bastan a sí mismos y caen presa de la soledad”.

También se refiere a esos otros falsos profetas que denomina “charlatanes”, que ofrecen soluciones sencillas e inmediatas para los sufrimientos, remedios que sin embargo resultan ser completamente inútiles. Tanto es así que el Pontífice dirige su pensamiento a los numerosos jóvenes “a los que se les ofrece el falso remedio de la droga, de unas relaciones de ‘usar y tirar’, de ganancias fáciles pero deshonestas; o que “se dejan cautivar por una vida completamente virtual”, en que las relaciones parecen más sencillas y rápidas pero que después “resultan dramáticamente sin sentido”.

Dignidad, libertad y capacidad de amar.

Se trata de “estafadores” –  tal como escribe el Papa Bergoglio – que no sólo ofrecen cosas sin valor, sino que quitan lo más valioso, es decir “la dignidad, la libertad y la capacidad de amar”. Sí porque como leemos en este mensaje pontificio, “es el engaño de la vanidad”, lo que lleva a “pavonearse” hasta caer en lo ridículo. De manera que no es una sorpresa, puesto que “desde siempre el demonio, que es ‘mentiroso y padre de la mentira’, presenta el mal como bien y lo falso como verdadero, para confundir el corazón del hombre”.

Por esta razón el Sucesor de Pedro insiste en la necesidad de discernir y examinar en el propio corazón si nos sentimos amenazados por las mentiras de estos falsos profetas. Y reafirma que hay que “aprender a no quedarnos en un nivel inmediato, superficial, sino a reconocer qué cosas son las que dejan en nuestro interior una huella buena y más duradera, porque vienen de Dios y ciertamente sirven para nuestro bien”.

Un corazón frío
En el segundo punto de este texto – que lleva por subtítulo “un corazón frío” –  Francisco recuerda que Dante Alighieri, en su descripción del infierno, se imagina al diablo sentado en un trono de hielo; “su morada es el hielo del amor extinguido”, escribe e invita a preguntarnos: “¿Cómo se enfría en nosotros la caridad? ¿Cuáles son las señales que nos indican que el amor corre el riesgo de apagarse en nosotros?”.

Entre las causas el Papa destaca “la avidez por el dinero”, “raíz de todos los males”, a la que sigue “el rechazo de Dios” y, por tanto, el no querer buscar consuelo en él, prefiriendo quedarnos con nuestra desolación “antes que sentirnos confortados por su Palabra y sus Sacramentos”. Y añade que todo esto se transforma en una violencia que se dirige contra los que consideramos una amenaza para nuestras “certezas”, como “el niño por nacer, el anciano enfermo, el huésped de paso, el extranjero, así como el prójimo que no corresponde a nuestras expectativas”.

Enfriamiento de la caridad
Sin olvidar que la creación también es un testigo silencioso de este “enfriamiento de la caridad”, el Pontífice escribe que el amor se enfría asimismo en nuestras comunidades y recuerda que en su Exhortación apostólica Evangelii gaudium ha tratado también de describir las señales más evidentes de esta falta de amor, como el egoísmo, el pesimismo estéril, la tentación de aislarse y de entablar continuas guerras fratricidas, o la mentalidad mundana que induce a ocuparse sólo de lo aparente, con lo que disminuye el entusiasmo misionero.

¿Qué podemos hacer?
Todo esto sugiere al Obispo de Roma plantearse la pregunta – en su tercer punto – acerca de lo que podemos hacer. Aquí Francisco reafirma que la Iglesia, en su carácter de “madre y maestra”, además de la medicina, a veces amarga de la verdad, “nos ofrece en este tiempo de Cuaresma el dulce remedio de la oración, la limosna y el ayuno”.

Y agrega que el hecho de dedicar más tiempo a la oración hace que “nuestro corazón descubra las mentiras secretas con las cuales nos engañamos a nosotros mismos, para buscar finalmente el consuelo en Dios”, que es nuestro Padre y que desea la vida para nosotros. Al mismo tiempo – añade – el ejercicio de la limosna “nos libera de la avidez y nos ayuda a descubrir que el otro es mi hermano”; mientras el ayuno, “debilita nuestra violencia, nos desarma, y constituye una importante ocasión para crecer”.

El Santo Padre manifiesta en su mensaje que desearía que su voz “traspasara las fronteras de la Iglesia Católica”, para llegar a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, “dispuestos a escuchar a Dios”. A todos ellos les dice directamente que “si se sienten afligidos porque en el mundo se extiende la iniquidad, si les preocupa la frialdad que paraliza el corazón y las obras, si ven que se debilita el sentido de una misma humanidad, únanse a nosotros para invocar juntos a Dios”, ayunar juntos y juntos ayudar a nuestros hermanos.

El fuego de la Pascua
El Papa concluye invitando de modo especial a los miembros de la Iglesia “a emprender con celo el camino de la Cuaresma, sostenidos por la limosna, el ayuno y la oración”. Y destaca que una ocasión propicia para esto será la iniciativa titulada “24 horas para el Señor”, que este año invita a celebrar el Sacramento de la Reconciliación en un contexto de adoración eucarística.

En efecto destaca que esta iniciativa se llevará a cabo los días 9 y 10 de marzo, inspirándose en las palabras del Salmo 130 que reza: “De ti procede el perdón”. De este modo, al menos una iglesia en cada diócesis, permanecerá abierta durante las 24 horas, para permitir la oración de adoración y la confesión sacramental.

Tras bendecir a todos de corazón, asegurando su oraciones y pidiendo que se rece por él, el Obispo de Roma escribe que “en la noche de Pascua reviviremos el sugestivo rito de encender el cirio pascual”, con lo cual “la luz que proviene del ‘fuego nuevo’ poco a poco disipará la oscuridad e iluminará la asamblea litúrgica”.

De ahí su deseo de que “la luz de Cristo, resucitado y glorioso, disipe las tinieblas de nuestro corazón y de nuestro espíritu, para que todos podamos vivir la misma experiencia de los discípulos de Emaús”.





jueves, 28 de diciembre de 2017

Dice el Papa Francisco: Sin Jesús no hay Navidad

Homilías del Papa y Temas sacerdotales

El Papa denuncia la desnaturalización de la Navidad por un falso respeto a quien no es cristiano

EL VERDADERO SENTIDO DE ESTAS FIESTAS SE ENCUENTRA EN JESÚS

El Papa denuncia la desnaturalización de la Navidad por un falso respeto a quien no es cristiano

En la semana del nacimiento del Señor Jesús, y más precisamente en la Solemnidad de san Juan, Apóstol y Evangelista, el Papa Francisco dedicó su catequesis semanal al significado de la Navidad.

27/12/17 2:41 PM

(Vaticannews) En primer lugare, el Pontífice dirigió su mirada al pesebre y en particular a la liturgia de estos días, que nos hicieron volver a vivir el día del nacimiento de nuestro Salvador.

A partir de allí, y siempre con el corazón y la mente en el significado más profundo del nacimiento de Cristo, el Obispo de Roma reflexionó sobre una realidad de nuestros días, a saber, la «desnaturalización», de la Navidad:

«Dedico la catequesis de hoy a reflexionar sobre el significado de la Navidad. En nuestros días, estamos asistiendo a una especie de «desnaturalización» de la Navidad. En nombre de un falso respeto ante quien no es cristiano, muchas veces se esconde la voluntad de marginar la fe, eliminando todo tipo de referencia al nacimiento de Jesús. Sin embargo, el verdadero sentido de estas fiestas se encuentra en Jesús, es Él quien da sentido a todo lo que celebramos».

Sin Jesús no hay Navidad
Esta desnaturalización de la Navidad que, como observó el Papa, «se da particularmente en Europa», «en nombre de un falso respeto que no es cristiano», y que «a menudo esconde la voluntad de marginar la fe», hace por una parte que sí, sea una fiesta, «pero no es la Navidad», porque no está en el centro Jesús. Si en el centro está Jesús –explicó Francisco- , también todo el contexto, a saber, las luces, los sonidos, las distintas tradiciones locales, incluidos los alimentos característicos, convergen para crear la atmósfera de la fiesta.

Si recibimos a Jesús nos convertimos en don para los demás
«Nosotros, como los pastores del Evangelio, estamos llamados a buscar la verdadera luz que es Jesús, que es el don de Dios a la humanidad que se encuentra inmersa en la oscuridad de la noche. Cuando acogemos a Jesús en nuestras vidas, nos convertimos en un don para los demás».

En este mismo punto, en su catequesis en italiano, el Santo Padre profundizó en esa «luz que es Jesús», describiendo y volviendo a repasar el sorprendente modo en que nuestro Salvador se muestra al mundo: «nace de una pobre joven desconocida, que lo da a la luz en un establo, con la única ayuda del marido. El mundo no se da cuenta de nada, pero los ángeles en el cielo – que saben de esto - exultan». Así es como Jesús se presenta también a nosotros, como el don de Dios para la humanidad. Y por este motivo -explicó Francisco - nosotros los cristianos nos intercambiamos regalos, porque el verdadero don para nosotros es Jesús y, como Él, queremos ser don para los demás.

La humanidad prefiere la oscuridad
Lamentando, con otras palabras, el hecho de que aun hoy, «a menudo la humanidad prefiere la oscuridad», porque sabe «que la luz revelaría todas las acciones y pensamientos que harían enrojecer o remorder la conciencia», el Santo Padre explicó el significado de acoger el don de Dios que es Jesús, que es «volverse cada día un don gratuito para quienes se encuentran en nuestro mismo camino».

Su Santidad citó luego al gran pregonero de Jesucristo, san Pablo, en su carta a Tito, cuando escribe que la gracia salvífica de Dios se manifestó, «enseñándonos a renunciar a la impiedad y los deseos mundanos, para vivir en la vida presente con sobriedad, justicia y piedad», para subrayar que la encarnación de Cristo, nos ha abierto el camino de la vida nueva, que debe estar fundada no en el egoísmo, sino en el amor.

Con los pequeños Dios quiere construir un mundo nuevo
«Jesús viene a este mundo y los primeros destinatarios de su venida son los pequeños y despreciados, con los que establece una amistad que continúa en el tiempo. Con ellos, en cada momento, Dios desea construir un mundo nuevo en el que no haya más personas rechazadas, descartadas ni maltratadas».

El Romano Pontífice destacó asimismo un aspecto importante de la Navidad, y es que en ella podemos ver cómo la historia humana es «visitada» por la historia de Dios: «Dios involucra a aquellos que, confinados a los márgenes de la sociedad, son los primeros destinatarios de su don», dijo. Estas personas en el pesebre están representadas por los pastores de Belén: a ellos «se les apareció una gran luz» (Lc 2,9-12), que los condujo a Jesús; y «con ellos en todos los tiempos, Dios quiere construir un mundo nuevo, en el que no haya más personas rechazadas, maltratadas e indigentes». «Ellos eran los emarginados, los mal vistos, los despreciados». Y sin embargo, a ellos se les apareció primero Jesús.



miércoles, 27 de diciembre de 2017

Adeste Fideles. VILLANCICO

Homilías del Papa y Temas sacerdotales



UNO DE LOS VILLANCICOS MÁS ANTIGUO QUE SE CONOCE 
EN LA LITURGIA DE LA IGLESIA CATÓLICA



sábado, 23 de diciembre de 2017

Domingo IV Adviento. SEAMOS ÁNGELES Por Javier Leoz.

Homilías del Papa y Temas sacerdotales



SEAMOS ÁNGELES   Por Javier Leoz.

En esta jornada de hoy –día 24 de diciembre— que culminaremos con la Nochebuena, en el inmediato umbral de la Navidad, al leer el relato evangélico de este cuarto domingo de adviento, uno siente la llamada a proclamar aquello que ángel San Gabriel llevó hasta los oídos de Santa María: “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo”.

1.- Esta noticia es la que, en estos días, no podemos apagar ni consentir que deje de resonar como fundamento y fondo de la Navidad: ¡EL SEÑOR ESTA CONTIGO! ¡VIENE A ESTAR CONTIGO! Contigo, mundo, que te agitas en un mar de dudas. Cuando piensas que, tus problemas, son mayores que tus fuerzas para hacerle frente. ¡El Señor está contigo!
Este anuncio, sintiéndonos ángeles, mensajeros y enviados por Dios, puede ser nuestra tarea y nuestra misión dentro de la Navidad. ¿Podemos consentir que, las luces, sean más impactantes que el destello de la Luz Divina?
En nuestro empeño queda precisamente ese envío, permanente y gozoso, de anunciar al mundo que el hombre no está sólo; que Dios viene para acompañarle; que una Virgen –porque se fio y creyó- se sintió llena de una felicidad que, sólo la fe, es capaz de ofrecer.

2.- Hoy, como entonces, el Señor sabe perfectamente que no se va a encontrar con un hotel de cuatro estrellas; que tropezará con pocos o escasos colaboradores que popularicen su nacimiento. Pero ojala, el Señor, atine los corazones de algunas personas como esas sencillas cuevas en las que Dios pueda nacer y crecer de nuevo para brindar a la humanidad una puerta o una ventana por la que podamos entrar o ver un poco la salvación. ¿Seremos capaces de cruzar por esa puerta –pequeña y estrecha- que es la puerta de belén? ¿Seremos hábiles para asomarnos con la mirada de la fe y saborear y contemplar el Misterio como lo hizo María?

3.- ¡EL SEÑOR ESTA CONTIGO! Es un grito que, desde la Iglesia y desde las convicciones más profundas de todo creyente, lanzamos a una sociedad capitaneada por mil soledades; a un ser humano acosado por falsas esperanzas; a una realidad social individualista y con cierta sensación de orfandad. ¿No me digáis que el anuncio de “El Señor está contigo” no despierta en nosotros sentimientos de paz y de serenidad, de seguridad y de confianza, de tranquilidad y de fe?
Todos, en estas Navidades, podemos ser trompetas anunciadoras del gran Misterio de la Navidad o, por el contrario, sordina ante lo que celebramos. ¿Qué preferimos ser? ¿Ángeles o silenciadores de la Buena Nueva?

4.- María, ante la llegada del Señor, se entregó de lleno a la causa de Jesús. No le faltarían preocupaciones, turbaciones, dudas pero, a continuación, supo que algo grande iba a ocurrir y puso alma, cuerpo y vida, para que Dios –a través de ella y con ella- se hiciera presente en el mundo en Jesucristo.
Por eso, en este cuarto domingo de adviento, damos gracias a la Virgen, a María. Su “sí” nos sigue empujando a exclamar a los cuatro vientos que, el Señor, ya está llegando; que el Señor va a nacer; que el Señor está tan dentro de nuestras entrañas como un día lo estuvo en las de Ella. El calendario civil nos hace celebrar en pocas horas el final del adviento y el inicio de la Navidad. ¡Gracias, María! ¡Contigo y con nosotros estará el Señor!



5 ¿QUÉ SENTISTE, MARIA?
Con pocas palabras, pero en Ti  María,
habitó por el anuncio de un Ángel
el Misterio de un Dios humanado.

¿Qué  sentiste, Virgen María ante la llegada del mensajero?
¿Creíste, acaso, que ese personaje  celestial
se equivocó de puerta?
¿Pensaste que, uno de tus vecinos,
venía para probar tu fe o tu  ingenuidad?

¿Qué  sentiste María, dinos Tú que miraste al cielo,
ante la llegada del famoso  mensajero?
Tal vez, como humilde nazarena,
sentiste que Dios habla en el  silencio
Que Dios se hace grande
en el que le recibe manifestándose
esclavo, humilde…y pequeño
Tal vez, como mujer de Dios,
mirando por la ventana
de tu pobre casa de Nazaret
soñaste que, simplemente,
era una estrella que de repente
cayó desde el mismo cielo.
O, tal vez, María,
en el secreto escondido
desde hace siglos,
supiste que, contigo,
la partitura comenzaba a escucharse
que el plan comenzaba a llevarse a  cabo
que, Dios, en una más de las suyas
irrumpía ahora sin ruido, en  silencio,
sin más exigencia que tu obediencia
sin más preguntas que tu respuesta
sin más palacios que tu vientre  virginal
sin más pregoneros que un Ángel.

Ayúdanos,  María,
en medio de los ruidos que sacuden
los valles de nuestras vidas
a escuchar, como Tú lo hiciste,
la voz de un Dios que sale a nuestro  encuentro
en el rostro de un Niño nacido en  pesebre.


domingo, 17 de septiembre de 2017

El diablo quiere dividir a la Iglesia en la raíz de la unidad, la Eucaristía

Homilías del Papa y Temas sacerdotales

Francisco \ Misa en Santa Marta
El Papa en Santa Marta: El diablo quiere dividir a la Iglesia en la raíz de la unidad, la Eucaristía


El Papa celebra la misa matutina en la Casa de Santa Marta. - OSS_ROM

12/09/2016 14:
(RV).- Las divisiones destruyen a la Iglesia y el diablo trata de atacar aquella que es la raíz de la unidad, es decir, la celebración eucarística: lo dijo el Papa Francisco en la Misa matutina en la Casa de Santa Marta, el día en que la Iglesia celebra el Nombre de María.

Comentando la Carta de San Pablo a los Corintios, reprendidos por el apóstol por sus peleas, el Papa Francisco reiteró que “el diablo tiene dos armas potentísimas para destruir a la Iglesia: las divisiones y el dinero”. Y esto sucedió desde el comienzo: “divisiones ideológicas, teológicas, que laceraban a la Iglesia. 

El diablo siembra celos, ambiciones, ideas, ¡pero para dividir! O siembra codicia”. Y como sucede después de una guerra “todo está destruido. Y el diablo se va contento. Y nosotros, ingenuos, seguimos su juego”. “Es una guerra sucia la de las divisiones – repite una vez más el Papa – es como un terrorismo", aquel de las habladurías en las comunidades, aquel de la lengua que mata, "tira la bomba y destruye":

“Y las divisiones en la Iglesia no dejan que el Reino de Dios crezca, no dejan que el Señor se haga ver bien, como Él es. Las divisiones hacen que se vea esta parte, esta otra parte en contra ésta y contra de… ¡Siempre contra! No hay aceite de la unidad, el bálsamo de la unidad. Pero el diablo va más allá, no sólo en la comunidad cristiana, va precisamente a la raíz de la unidad cristiana. Y esto es lo que sucede aquí, en la ciudad de Corinto, a los corintios. Pablo los reprende porque las divisiones llegan justamente, precisamente a la raíz de la unidad, es decir, a la celebración eucarística”.

En el caso de los Corintios, se hacen divisiones entre los ricos y los pobres justamente durante la celebración eucarística. Jesús – subraya el Papa – “ha rezado al Padre por la unidad. Pero el diablo trata de destruir hasta ahí”:

“Yo les pido que hagan todo lo posible para no destruir a la Iglesia con las divisiones, ya sean ideológicas, que de codicia o de ambición, o de celos. Y sobre todo, recen para custodiar la fuente, la raíz propia de la unidad de la Iglesia, que es el Cuerpo de Cristo y del que nosotros – todos los días – celebramos el sacrificio en la Eucaristía”.

San Pablo habla de las divisiones entre los Corintios, 2000 años atrás…

“Esto puede decirlo Pablo hoy a todos nosotros, a la Iglesia de hoy. ‘¡Hermanos, en esto, no puedo alabarlos, porque se reúnen no para lo mejor, sino para lo peor!’. La Iglesia reunida toda para lo peor, para las divisiones: ¡para lo peor! ¡Para ensuciar el Cuerpo de Cristo en la celebración eucarística! Y el mismo Pablo nos dice, en otro pasaje: ‘Quien come y bebe el Cuerpo y Sangre de Cristo indignamente, come y bebe la propia condena’. Pidamos al Señor la unidad de la Iglesia, que no haya divisiones. Y la unidad también en la raíz de la Iglesia, que es precisamente el sacrificio de Cristo, que cada día celebramos”.

En la celebración estaba presente también Mons. Arturo Antonio Szymanski Ramírez, arzobispo emérito de San Luis de Potosí (México), que cumplirá 95 años el próximo mes de enero. 
Al comienzo de la homilía el Papa lo citó, recordando que participó en el Concilio Vaticano II y que hoy ayuda en la parroquia. 
El Pontífice lo recibió en audiencia el pasado 9 de setiembre.
(María Cecilia Mutual - RV)


Perdonar al hermano para ser perdonados por Dios.

Homilías del Papa y Temas sacerdotales

Editorial \ Reflexiones en frontera
Jesús le dice a Pedro que tiene que perdonar hasta setenta veces siete, en el Evangelio


En el evangelio Jesús nos invita a perdonar al hermano para ser perdonados por Dios. - RV

16/09/2017 12:30SHARE:
REFLEXIONES EN FRONTERA, jesuita Guillermo Ortiz



Parece que Pedro estaba enojado con alguno de los otros apóstoles y le pregunta a Jesús: "Señor, ¿cuántas veces tendré que perdonar a mi hermano las ofensas que me haga? ¿Hasta siete veces?". La respuesta de Jesús no se hizo esperar. Jesús respondió: "No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete”, que significa siempre.

Pero ya la lectura del Libro del Eclesiástico, leída antes del Evangelio, es muy claro. Dice: “También el rencor y la ira son abominables, y ambas cosas son patrimonio del pecador. Si un hombre mantiene su enojo contra otro, ¿cómo pretende que el Señor lo sane? No tiene piedad de un hombre semejante a él ¡y se atreve a implorar por sus pecados!"

Pienso yo ahora: dejemos por un momento el enojo, la bronca, el rencor y pensemos en el perdón de Dios. Y la gratitud por el perdón de Dios nos animará a perdonar a nuestros hermanos.

El Salmo 103 puede ayudar: Bendice al Señor, alma mía, que todo mi ser bendiga a su santo Nombre; bendice al Señor, alma mía, y nunca olvides sus beneficios. El perdona todas tus culpas y cura todas tus dolencias; rescata tu vida del sepulcro, te corona de amor y de ternura. No acusa de manera inapelable ni guarda rencor eternamente; no nos trata según nuestros pecados ni nos paga conforme a nuestras culpas. Cuanto se alza el cielo sobre la tierra, así de inmenso es su amor por los que lo temen; cuanto dista el oriente del occidente, así aparta de nosotros nuestros pecados.

sábado, 29 de julio de 2017

Caminemos con confianza hacia las sorpresas de Dios 26/06/2017

Homilías del Papa y Temas sacerdotales


El Santo Padre Francisco celebra la Misa matutina 
en la capilla de la Casa de Santa Marta.

  Papa: Caminemos con confianza hacia las sorpresas de Dios

26/06/2017 13:15SHARE:

(RV).- No sirven los horóscopos o los nigromantes para conocer el futuro: el verdadero cristiano no es el que se instala y permanece quieto, sino aquel que se fía de Dios y se deja guiar en un camino abierto a las sorpresas del Señor. Lo afirmó el Santo Padre en su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta.

El cristiano “detenido” no es un “cristiano verdadero”. El Papa invitó a no permanecer  estáticos, a no “instalarse demasiado”, a la vez que exhortó a “confiar en Dios” y seguirlo. Inspirándose en la Primera Lectura del día, tomada del libro del Génesis, Francisco reflexionó sobre la figura de Abrahán en quien – explicó  – “existe el estilo de la vida cristiana, nuestro estilo como pueblo”, basado en tres dimensiones: el “despojo”, la “promesa” y la “bendición”. Y recordó que el Señor exhortó a Abrahán a irse de su país, de su patria, de la casa de su padre:

“Ser cristiano lleva siempre esta dimensión de despojo que encuentra su plenitud en el despojo de Jesús en la Cruz. Siempre hay un ‘vete’, ‘deja’, para dar el primer paso: ‘Deja y vete de tu tierra, de tu parentela, de la casa de tu padre’. Si hacemos un poco de memoria veríamos que en los Evangelios la vocación de los discípulos es un ‘vete’, ‘deja’ y ‘ven’. También en los profetas, ¿no? Pensemos en Eliseo, trabajando la tierra: ‘Deja y ven’ – ‘Pero al menos, permíteme saludar a mis padres’ – ‘Pero, ve y vuelve’. ‘Deja y ven’”.

Los cristianos – añadió el Obispo de Roma – deben tener la “capacidad” de ser despojados, de lo contrario no son “cristianos auténticos”, como no lo son quienes no se dejan “despojar y crucificar con Jesús”. Abrahán “obedeció por la fe”, partiendo hacia una tierra que iba a “recibir en herencia”, pero sin conocer un destino preciso:

“El cristiano no tiene un horóscopo para ver el futuro; no va a ver al nigromante que tiene una esfera de cristal, y quiere que le lea la mano… No, no. No sabe a dónde va. Va guiado. Y esto es como una primera dimensión de nuestra vida cristiana: despojarse. Pero, despojarse ¿para qué? ¿Para una ascesis firme? ¡No, no! Para ir hacia una promesa. Y ésta es la segunda. Nosotros somos hombres y mujeres que caminamos hacia una promesa, hacia un encuentro, hacia algo – una tierra, dice a Abrahán – que debemos recibir en herencia”.
Y sin embargo – subrayó Francisco – Abrahán no construye una casa, sino que “planta una tienda”, para indicar que “está en camino y que se fía de Dios”. De modo que construye un altar “para adorar al Señor”. Después, “sigue caminando”, está “siempre en camino”:

“El camino comienza todos los días por la mañana; el camino de encomendarse al Señor, el camino abierto a las sorpresas del Señor, tantas veces no buenas, tantas veces graves – pensemos en una enfermedad, en una muerte – pero abierto, porque yo sé que Tú me llevarás a un lugar seguro, a una tierra que Tú has preparado para mí: es decir, el hombre en camino, el hombre que vive en una tienda, una tienda espiritual. Nuestra alma, cuando se acomoda demasiado, se instala demasiado, pierde esta dimensión de ir hacia la promesa y, en lugar de caminar hacia la promesa, lleva la promesa y posee la promesa. Y esto no va, no es propiamente cristiano”.

En “esta semilla del inicio de nuestra familia” cristiana – dijo el Papa al concluir – sobresale otra característica, la de la bendición. Sí, porque el cristiano es un hombre, una mujer que “bendice”. O sea: “dice bien de Dios y dice bien de los demás” y que “se hace bendecir por Dios y por los demás” para ir adelante. Éste es el esquema de “nuestra vida cristiana”, porque todos,  “también” los laicos, debemos “bendecir a los demás, decir bien de los demás y decir bien a Dios de los demás”. Con frecuencia – terminó diciendo el Pontífice –  estamos acostumbrados “a no decir bien” del prójimo, cuando – explicó – “la lengua se mueve un poco como quiere”, en lugar de seguir el mandamiento que Dios encomienda a “nuestro padre” Abrahán, como “síntesis de la vida”: a saber el de caminar, dejarse “despojar” por el Señor, fiarse de sus promesas y ser irreprensibles, puesto que, en el fondo, “la vita cristiana es tan sencilla”.
(María Fernanda Bernasconi - RV)