viernes, 12 de agosto de 2016

Acumulen un tesoro inagotable en el cielo, 10/08/2016

Homilías del Papa y Temas sacerdotales

Acumulen un tesoro inagotable en el cielo, pide Jesús en el Evangelio

Francisco \ Audiencias, Catequesis y Ángelus
Papa: Jesús hace que nos levantemos de la muerte a la vida


Segunda audiencia general de agosto en el Aula Pablo VI del Vaticano - REUTERS

10/08/2016 11:10SHARE:

(RV).- En su Audiencia General del miércoles 10 de agosto, celebrada en el Aula Pablo VI del Vaticano, el Santo Padre – mediante un pasaje del Evangelio de San Lucas – propuso el tema del consuelo que recibió una madre viuda a quien Jesús le devolvió, mediante un milagro, a su único hijo resucitándolo.
Se trata de un milagro verdaderamente grandioso – explicó el Papa hablando en italiano – especialmente porque el núcleo del relato evangélico, más que la resurrección del fallecido, es la ternura de Jesús hacia la mamá de ese muchacho. Porque “la misericordia toma aquí el nombre de gran compasión” hacia una mujer que había perdido a su marido y que ahora acompaña al cementerio a su único hijo. Y añadió que este “gran dolor de una mamá conmueve a Jesús” induciéndolo al milagro de la resurrección.

Después de referirse a los diversos detalles que nos ofrece el evangelista, el Papa Bergoglio  se detuvo a considerar que San Lucas describe el sentimiento de Jesús, lleno de compasión que le pide a la mujer que no llore  y, movido por su profunda misericordia hacia esta madre, decide afrontar la muerte personalmente.

El Obispo de Roma sugirió que durante este Jubileo, al cruzar la Puerta Santa, la Puerta de la Misericordia, los peregrinos se acuerden de este episodio del Evangelio, que sucedió en la puerta de Naín. Y que piensen que a Jesús le entró en su corazón aquella madre que lloraba. De modo que a la Puerta Santa – dijo el Papa – cada uno llega llevando su propia vida, con sus alegrías y sus sufrimientos, sus proyectos y fracasos, sus dudas y sus temores, para presentarlos a la misericordia del Señor.

Y agregó que debemos tener la seguridad de que ante la Puerta Santa, el Señor está cerca de cada uno de nosotros, para ofrecernos su poderosa palabra de consolación; porque en la Puerta se produce el encuentro entre el dolor de la humanidad y la compasión de Dios. A la vez que cuando cruzamos su umbral – prosiguió diciendo el Pontífice – realizamos nuestra peregrinación dentro de la misericordia de Dios que, al igual que al muchacho muerto, repite a todos: “Yo te lo ordeno, ¡levántate”! (Cfr. Lc 7, 11-14).

Después de afirmar que la palabra poderosa de Jesús puede hacer que nos levantemos y pasemos también nosotros de la muerte a la vida, el Santo Padre concluyó explicando en su catequesis que al celebrar este Jubileo – que él mismo ha querido que se lo viviera en todas las Iglesias particulares y no sólo en Roma – es como si toda la Iglesia esparcida en el mundo se uniera en el único canto de alabanza al Señor. De modo que también hoy – dijo el Papa – la Iglesia reconoce que es visitada por Dios. A la vez que encaminándonos hacia la Puerta de la Misericordia, sabemos que nos dirigimos al corazón misericordioso de Jesús, cuya misericordia es un camino que parte del corazón para llegar a las manos, es decir, a las obras de misericordia.
(María Fernanda Bernasconi - RV).

“Jubileo: inagotable tesoro de la misericordia de Dios”, el Papa en la catequesis

Homilías del Papa y Temas sacerdotales

Francisco \ Audiencias, Catequesis y Ángelus


“Jubileo: inagotable tesoro de la misericordia de Dios”, el Papa en la catequesis


Continuando su ciclo de catequesis sobre la misericordia en la Sagrada Escritura, el Obispo de Roma reflexionó sobre el milagro que Jesús realizó en la ciudad de Naím, al resucitar a un joven muerto y restituirlo a su madre. - REUTERS

10/08/2016 11:13SHARE:

(RV).- “Estemos seguros que, ante la Puerta Santa, el Señor se acerca para encontrar a cada uno de nosotros, para llevar y ofrecer su poderosa palabra consoladora: “¡No llores!”. Ésta es la Puerta del encuentro entre el dolor de la humanidad y la compasión de Dios”, con estas palabras el Papa Francisco explicó en la Audiencia General del segundo miércoles de agosto, el significado de la misericordia de Jesús hacia una mujer que había perdido al marido y que ahora acompaña al cementerio a su único hijo.

Continuando su ciclo de catequesis sobre la misericordia en la Sagrada Escritura, el Obispo de Roma reflexionó sobre el milagro que Jesús realizó en la ciudad de Naím, al resucitar a un joven muerto y restituirlo a su madre. “Sin embargo, dijo el Papa, el corazón de esta narración no es el milagro, sino la ternura de Jesús hacia la madre de este joven. Es este gran dolor de una madre que conmueve a Jesús y lo induce al milagro de la resurrección”.

Durante este Jubileo, afirmó el Santo Padre, sería una buena cosa que, al pasar por la Puerta Santa, la Puerta de la Misericordia, los peregrinos recordaran este episodio del Evangelio, sucedido en la puerta de Naím. “Estemos seguros que, ante la Puerta Santa, agregó el Papa, el Señor se acerca para encontrar a cada uno de nosotros, para llevar y ofrecer su poderosa palabra consoladora: ¡No llores! La palabra poderosa de Jesús puede levantarnos y obrar también en nosotros el paso de la muerte a la vida”. Su Palabra nos hace revivir, dona esperanza, consuela los corazones cansados, abre a una visión del mundo y de la vida que va más allá del sufrimiento y de la muerte. Antes de concluir su catequesis, el Papa Francisco recordó que: ¡En la Puerta Santa esta esculpido para cada uno el inagotable tesoro de la misericordia de Dios!

Texto y audio completo de la catequesis del Papa Francisco


Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

El pasaje del Evangelio de Lucas que hemos escuchado (7,11-17) nos presenta un milagro de Jesús verdaderamente grandioso: la resurrección de un joven. Sin embargo, el corazón de esta narración no es el milagro, no: sino la ternura de Jesús hacia la madre de este joven. La misericordia toma aquí el nombre de una gran compasión hacia una mujer que había perdido al marido y que ahora acompaña al cementerio a su único hijo. Es este gran dolor de una madre que conmueve a Jesús y lo induce al milagro de la resurrección.

Al presentar este episodio, el evangelista se entretiene en muchos particulares. En la puerta de la ciudad de Naím – un pueblo – se encuentran dos grupos numerosos que provienen de direcciones opuestas y que no tienen nada en común. Jesús, seguido por sus discípulos y por una gran multitud está por entrar en la zona habitada, mientras de ella está saliendo la procesión fúnebre que acompaña a un difunto, con la madre viuda y mucha gente. Ante la puerta los dos grupos se acercan solamente recorriendo cada uno por su propio camino, pero es ahí que san Lucas precisa el sentimiento de Jesús: «Al verla, el Señor se conmovió y le dijo: ¡No llores! Después se acercó y tocó el féretro. Los que los llevaban se detuvieron» (vv. 13-14). Una gran compasión guía las acciones de Jesús: es Él quien detiene la procesión tocando el féretro y, conmovido por una profunda misericordia por esta madre, decide afrontar la muerte, por así decir, de tú a tú. Y la afrontará definitivamente, de tú a tú, en la Cruz.

Durante este Jubileo, sería una buena cosa que, al pasar por la Puerta Santa, la Puerta de la Misericordia, los peregrinos recordaran este episodio del Evangelio, sucedido en la puerta de Naím. Cuando Jesús vio a esta madre en lágrimas, ¡ella entró en su corazón! A la Puerta Santa cada uno llega llevando la propia vida, con sus alegrías y sus sufrimientos, los proyectos y los fracasos, las dudas y los temores, para presentarlas a la misericordia del Señor. Estemos seguros que, ante la Puerta Santa, el Señor se acerca para encontrar a cada uno de nosotros, para llevar y ofrecer su poderosa palabra consoladora: “¡No llores!” (v. 13). Ésta es la Puerta del encuentro entre el dolor de la humanidad y la compasión de Dios. Y pensemos en esto: un encuentro entre el dolor de la humanidad y la compasión de Dios. Cruzando el umbral nosotros realizamos nuestra peregrinación hacia la misericordia de Dios que, como al joven muerto, repite a todos: «Yo te lo ordeno, levántate» (v.14). A cada uno de nosotros: “levántate”. Dios nos quiere de pie. Nos ha creado para estar de pie: por esto, la compasión de Jesús lleva a aquel gesto de la curación, a curarnos… Y la palabra clave es: “Levántate”. Ponte de pie, como te ha creado Dios”. De pie… “Pero padre, nosotros caemos muchas veces”. “Adelante, levántate”. Esta es la palabra de Jesús, siempre. Al cruzar la Puerta Santa, tratemos de sentir en nuestro corazón esta palabra: “Levántate”. La palabra poderosa de Jesús puede levantarnos y obrar también en nosotros el paso de la muerte a la vida. Su Palabra nos hace revivir, dona esperanza, consuela los corazones cansados, abre a una visión del mundo y de la vida que va más allá del sufrimiento y de la muerte. ¡En la Puerta Santa esta esculpido para cada uno el inagotable tesoro de la misericordia de Dios!

Alcanzado por la Palabra de Jesús, «el muerto se incorporó y empezó a hablar. Y Jesús se lo entregó a su madre» (v. 15). Esta frase es tan bella, indica la ternura de Jesús: “Lo restituyó a su madre”. La madre encuentra al hijo. Recibiéndolo de las manos de Jesús ella se hace madre por segunda vez, pero el hijo que ahora le es restituido no es de ella de quien ha recibido la vida. Madre e hijo reciben así la respectiva identidad gracias a la palabra poderosa de Jesús y a su gesto amoroso. Así, especialmente en el Jubileo, la madre Iglesia recibe a sus hijos reconociendo en ellos la vida donada por la gracia de Dios. Es en virtud de tal gracia, la gracia del Bautismo, que la Iglesia se hace madre y que cada uno de nosotros se hace su hijo.

Ante el joven resucitado a la vida y restituido a la madre, «todos quedaron sobrecogidos de temor y alababan a Dios, diciendo: ¡Un gran profeta ha aparecido en medio de nosotros y Dios ha visitado a su Pueblo!». Cuanto Jesús ha hecho no es por lo tanto solo una acción de salvación destinada a la viuda y a su hijo, o un gesto de bondad limitada a aquella ciudad. En la ayuda misericordiosa de Jesús, Dios va al encuentro de su pueblo, en Él surge y continuará a surgir para la humanidad toda la gracia de Dios. Celebrando este Jubileo, que he querido que fuera vivido en todas las Iglesias particulares, es decir, en todas las iglesias del mundo, y no solo en Roma, es como si toda la Iglesia extendida por el mundo se uniera en un único canto de alabanza al Señor. También hoy la Iglesia reconoce ser visitada por Dios. Por esto, acercándonos a la Puerta Santa de la Misericordia, cada uno sabe de acercarse a la puerta del corazón misericordioso de Jesús: es Él de hecho la verdadera Puerta que conduce a la salvación y nos restituye a una vida nueva. La misericordia, sea en Jesús sea en nosotros, es un camino que parte del corazón para llegar a las manos… ¿Qué cosa significa esto? Jesús te mira, te cura con su misericordia, te dice: “Levántate”, y ti corazón es renovado. Pero esto del camino del corazón a las manos… “Eh, si, ¿Y ahora qué hago yo? Con el corazón nuevo, con el corazón sanado por Jesús realizo las obras de misericordia con las manos, y trato de ayudar, de sanar a muchos que tienen necesidad”. La misericordia es un camino que parte del corazón y llega a las manos, es decir, a las obras de misericordia. Gracias.

(Traducción del italiano, Renato Martinez – Radio Vaticano)

martes, 26 de julio de 2016

Viaje Apostólico del Papa Francisco a Cracovia-Polonia

Homilías del Papa y Temas sacerdotales

Francisco \ Viajes Apostólicos
Programa de las actividades que el Papa realizará en Polonia
20/07/2016 12:36SHARE:

(RV).- El P. Federico Lombardi, Director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, presentó a los periodistas el programa del Viaje Apostólico del Santo Padre Francisco a Polonia  con ocasión de la 31ª Jornada Mundial de la Juventud, que se celebrará del 27 al 31 de julio.
En cuanto al programa de las actividades que el Pontífice realizará en Polonia, destacamos:

Aeropuerto Internacional Juan Pablo II Cracovia – Balice

El miércoles 27 de julio el Pontífice llegará alrededor de las 16:00 al Aeropuerto Internacional Juan Pablo II Cracovia – Balice donde tendrá lugar la ceremonia de bienvenida.

Castillo Real de Wawel

Una hora más tarde (a las 17:00) está prevista la llegada del Pontífice al Castillo Real de Wawel donde mantendrá un encuentro con las autoridades y el cuerpo diplomático. A continuación, y tras su visita de Cortesía al Presidente de la República de Polonia, el Santo Padre celebrará un encuentro con los obispos de esta nación en la Catedral de Wawel (a las 18:30). En este lugar tendrá lugar la oración silenciosa ante la tumba de San Estanislao donde también se encuentran las reliquias de san Juan Pablo II, el Papa venerará el Santísimo Sacramento en la capilla que se encuentra detrás del altar y dirigirá un discurso. Mientras al atardecer, en la Residencia de los Obispos de Cracovia y después de la cena, el Santo Padre se asomará a la Ventana Papal para saludar a la multitud reunida en la plaza que se encuentra frente al edificio.


El jueves 28 de julio por la mañana el Papa se trasladará a Balice, con una parada en el Convento de las Hermanas de la Presentación. Las religiosas de esta comunidad, junto con algunos estudiantes, lo esperarán en la entrada de la Capilla de San Juan Bautista y San Juan Apóstol donde realizarán una oración comunitaria.

 Santuario de Częstochowa, 

A continuación, el Pontífice se trasladará en helicóptero a Częstochowa, para llegar alrededor de las 9:45 am al Monasterio de Jasna Góra, donde rezará en la Capilla de la Imagen Milagrosa de la Virgen Negra antes de presidir (a las 10:30) la Santa Misa en el marco de la Celebración de los 1.050 años del Bautismo de Polonia.


Recinto-Parque de Częstochowa,

Esta Misa es un evento de importancia nacional, que se coloca en el marco del Jubileo del Bautismo de Polonia. El área del Santuario puede albergar a unos 300 mil fieles, donde los Obispos y muchos sacerdotes polacos concelebrarán, y a la que asistirán el Presidente de la República y las más altas autoridades del país.


Parque Błonia con S. Juan Pablo II

A las 17:00 en la plaza frente a la sede del Arzobispado, el Presidente de Cracovia entregará las llaves de la ciudad al Santo Padre. Luego, el Papa viajará en tranvía hacia Parque Błonia con un grupo de jóvenes discapacitados. A su llegada Francisco se trasladará entre los fieles en Papamóvil, donde se espera la presencia de unos 600.000 jóvenes. A las 17:30 tendrá lugar la ceremonia de acogida. Después de la cena, el Santo Padre se asomará a la Ventana Papal para saludar a la multitud reunida en la plaza frente a la Residencia de los Obispos de Cracovia.

Obispos barroco del Palacio de Cracovia en Kielce, Polonia — Foto de Stock #93819340
Santuario de Częstochowa, 

El viernes 29 de julio el Papa celebrará la Misa a las 7:00 de modo privado en la Capilla de la residencia de los Obispos en Cracovia. 

 Campo de exterminio de Auschwitz

A continuación se trasladará en helicóptero a Oswięcim. A las 9:30 visitará el campo de concentración de Auschwitz, en el año en que se cumple el 75º aniversario del martirio de San Maximiliano Kolbe. Francisco traspasará solo la puerta de entrada y en la entrada de la barraca 11. El Santo Padre se encontrará personalmente con quince supervivientes. A lo que seguirá la oración privada en la celda del martirio del Padre Kolbe. Y a las 10:30 visitará el campo de Birkenau.

Hospital Pediátrico Universitario,

Ese mismo día a las 16:30 se trasladará a Prokocim donde visitará el Hospital Pediátrico Universitario, uno de los más importantes de Polonia, donde se atiende a 30.000 pacientes internados y 200.000 niños con tratamiento ambulatorios por año. Unos 50 niños se encontrarán reunidos en la sala de recepción del hospital junto con sus padres, donde el Santo Padre pronunciará un discurso. También realizará una visita privada a algunas áreas de la guardia de emergencia en la planta baja, acompañado por el Director y los padres de algunos niños y rezará en la capilla del hospital.


Parque Błonia.

A las 18:00 el Pontífice realizará el Vía Crucis con los jóvenes en el Parque Błonia. Una vez concluida esta piadosa práctica el Santo Padre dirigirá unas palabras a los fieles. 

Residencia de los Obispos de Cracovia.


También en esta ocasión, después de la cena, el Obispo de Roma se asomará a la Ventana Papal para saludar a la multitud reunida en la plaza frente a la Residencia de los Obispos de Cracovia.

Santuario de la Divina Misericordia en Łagiewniki.


El sábado 30 de julio a las 8:30 el Pontífice realizará una visita al Santuario de la Divina Misericordia en Łagiewniki.

Santuario de la Divina Misericordia en Łagiewniki.

A las 9:00 el Papa entrará en el Santuario a través de la Puerta Santa de la Misericordia.  A continuación tendrá lugar la Liturgia de la Reconciliación en la que participarán los jóvenes. El Santo Padre confesará a cinco jóvenes en italiano, español y francés. El Papa Francisco, recordamos, es el tercer Papa, luego de san Juan Pablo II y Benedicto XVI, que visitará el Santuario de la Divina Misericordia, pero el primero que confesará allí.


Santuario de S.  Juan Pablo II

A las 10:30 tendrá lugar la celebración de la Santa Misa en el Santuario Juan Pablo II en la que participarán numerosos sacerdotes, consagrados y seminaristas de Polonia. Se ha previsto la presencia en el Santuario de unas 2.000 personas, además de la participación de 5.000 en la Misa, reunidas delante del templo

Se puede ver la ventana del Papa
A las 13:00 el Santo Padre almorzará con el  Arzobispo de Cracovia con un traductor y doce jóvenes representantes de diferentes países: una chica y un chico de cada continente y un chico y una chica de Polonia.

A las 19:00 el Papa llegará al Campus Misericordiae. Tras el pasaje de la Puerta de la Misericordia junto con cinco representantes de la juventud, tendrá lugar la Vigilia de oración con los jóvenes de todo el mundo.

El domingo 31 de julio Francisco regresará al Campus Misericordiae donde procederá a la bendición de los dos edificios de Cáritas: La Casa de la Misericordia para pobres y ancianos y la Casa del Pan, que corresponde a un almacén de alimentos para los más necesitados.

Tras hacer su recorrido entre los miles de jóvenes a las 10:00 comenzará la celebración de la Misa conclusiva de la Jornada Mundial de la Juventud. También procederá al envío de los jóvenes como testigos de la Divina Misericordia y anunciará el lugar en el que se llevará a cabo la próxima.

Arena Tauron

A las 17:00 Francisco llegará a la Arena Tauron donde se encontrará con los voluntarios de la JMJ y del Comité Organizador Local junto a los patrocinadores, a quienes les dirigirá un discurso.

aeropuerto de Cracovia Balice.

A las 18:15 tendrá lugar la ceremonia de despedida en el aeropuerto de Cracovia Balice.

Aeropuerto romano de Ciampino.

A las 20:25 está prevista la llegada del Papa Francisco al aeropuerto romano de Ciampino.

(María Fernanda Bernasconi - RV)

domingo, 10 de julio de 2016

Papa Francisco reza el Ángelus 10-07-2016

Homilías del Papa y Temas sacerdotales

Francisco \ Audiencias,

Catequesis y Ángelus

Ángelus del Papa: no catalogar a los demás para decidir quién es mi prójimo


El Papa Francisco reza el Ángelus del segundo domingo de julio con los fieles reunidos en la Plaza de San Pedro. - OSS_ROM

10/07/2016 11:24SHARE:

(RV).- Puntualmente a mediodía el Papa Francisco se asomó a la ventana frente a la Plaza de San Pedro, para rezar con los miles de fieles y peregrinos que, a pesar del calor veraniego, se dieron cita el segundo domingo de julio para rezar el Ángelus junto al Sucesor de Pedro, escuchar su comentario al Evangelio y recibir su bendición apostólica.

A través de la parábola del “buen samaritano”, propuesta en esta ocasión por el Evangelio de Lucas, el Santo Padre  explicó que mediante este relato sencillo y estimulante, Jesús nos indica un estilo de vida, cuyo baricentro no somos nosotros, sino los demás con sus dificultades.

De manera que Francisco dijo que el Señor hace uso de esta parábola en su diálogo con un Doctor de la Ley a propósito del dúplice mandamiento que permite entrar en la vida eterna: amar a Dios con todo el corazón y al prójimo como a sí mismos.

El Papa Bergoglio invitó a que – como el Doctor de la Ley – también nosotros nos preguntemos: ¿Quién es mi prójimo? ¿A quién debo amar como a mí mismo? ¿A mis parientes? ¿A mis amigos? ¿A mis compatriotas? ¿A los de mi misma religión?

Y añadió que Jesús ha cambiado completamente la perspectiva inicial de aquel Doctor, y también la nuestra, por lo que afirmó que no debemos catalogar a los demás para decidir quién es mi prójimo. Puesto que depende de nosotros ser o no ser prójimo de la persona que encontramos y que tiene necesidad de ayuda, independientemente de quien sea.

El Obispo de Roma puso de manifiesto que la actitud del buen samaritano es necesaria para dar prueba de nuestra fe, que si no está acompañada por obras, resulta muerta. Mientras a través de las obras buenas, realizadas con amor y alegría hacia el prójimo, nuestra fe brota y da fruto.

El Pontífice también invitó a preguntaros si nuestra fe es fecunda; si produce obras buenas; o si en cambio es estéril… En una palabra dijo: ¿Me hago prójimo o simplemente paso de lado?
Es bueno hacerse estas preguntas – dijo el Papa – porque al final, seremos juzgados por las obras de misericordia. Y agregó que el Señor podría decirnos si nos acordamos de aquella vez, por el camino de Jerusalén a Jericó, mientras Aquel hombre, medio muerto, era precisamente Él.

Francisco concluyó invocando a la Virgen María para que nos ayude a caminar por la vía del amor generoso hacia los demás, la vía del buen samaritano, esa que nos hace entrar en la vida eterna.

(María Fernanda Bernasconi - RV).

Texto y audio de las palabras del Santo Padre Francisco a la hora del Ángelus:
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Hoy la liturgia nos propone la parábola llamada del “buen samaritano”, tomada del Evangelio de Lucas (10, 25-37). Esta parábola, en su relato sencillo y estimulante, indica un estilo de vida, cuyo baricentro no somos nosotros mismos, sino los demás, con sus dificultades, que encontramos en nuestro camino y que nos interpelan. Los demás nos interpelan. Y cuando los demás no nos interpelan, algo allí no funciona; algo en aquel corazón no es cristiano.

Jesús usa esta parábola en el diálogo con un Doctor de la Ley, a propósito del dúplice mandamiento que permite entrar en la vida eterna: amar a Dios con todo el corazón y al prójimo como a sí mismos (vv. 25-28). “Sí – replica aquel Doctor de la Ley  – pero dime, ¿quién es mi prójimo?” (v. 29).

También nosotros podemos plantearnos esta pregunta: ¿Quién es mi prójimo? ¿A quién debo amar como a mí mismo? ¿A mis parientes? ¿A mis amigos? ¿A mis compatriotas? ¿A los de mi misma religión?... ¿Quién es mi prójimo?

Y Jesús responde con esta parábola. Un hombre, a lo largo del camino de Jerusalén a Jericó, fue asaltado por unos ladrones, agredido y abandonado. Por aquel camino pasan primero un sacerdote y después un levita, quienes, aun viendo al hombre herido, no se detienen y siguen adelante (vv. 31-32). Después pasa un samaritano, es decir un habitante de la Samaria, y como tal, despreciado por los judíos porque no observaba la verdadera religión. Y, en cambio él, precisamente él, cuando vio a aquel pobre desventurado, “se conmovió”. “Se acercó y vendó sus heridas (…), “lo condujo a un albergue y se encargó de cuidarlo” (vv. 33-34). Y al día siguiente, lo encomendó al dueño del albergue, pagó por él y dijo que también habría pagado el resto (Cfr. v. 35).

Llegados a este punto Jesús se dirige al Doctor de la Ley y le pregunta: “¿Cuál de los tres – el sacerdote, el levita o el samaritano – te parece que se portó como prójimo del hombre asaltado por los ladrones?”. Y aquel – porque era inteligente – responde naturalmente: “El que tuvo compasión de él” (vv. 36-37).
De este modo Jesús ha cambiado completamente la perspectiva inicial del Doctor de la Ley  – ¡y también la nuestra! –: no debo catalogar a los demás para decidir quién es mi prójimo y quién no lo es. Depende de mí ser o no ser prójimo – la decisión es mía –, depende de mí ser o no ser prójimo de la persona que encuentro y que tiene necesidad de ayuda, incluso si es extraña o incluso hostil.

Y Jesús concluye: “Ve, y procede tú de la misma manera” (v. 37). ¡Hermosa lección! Y lo repite a cada uno de nosotros: “Ve, y procede tú de la misma manera”, hazte prójimo del hermano y de la hermana que ves en dificultad. “Ve, y procede tú de la misma manera”. Hacer obras buenas, no decir sólo palabras que van al viento. Me viene en mente aquella canción: “Palabras, palabras, palabras”. No. Hacer, hacer. Y mediante las obras buenas, que cumplimos con amor y con alegría hacia el prójimo, nuestra fe brota y da fruto. Preguntémonos – cada uno de nosotros responda en su propio corazón – preguntémonos: ¿Nuestra fe es fecunda? ¿Nuestra fe produce obras buenas? ¿O es más bien estéril, y por tanto está más muerta que viva? ¿Me hago prójimo o simplemente paso de lado? ¿Soy de aquellos que seleccionan a la gente según su propio gusto?

Está bien hacernos estas preguntas y hacérnoslas frecuentemente, porque al final seremos juzgados sobre las obras de misericordia. El Señor podrá decirnos: Pero tú, ¿te acuerdas aquella vez, por el camino de Jerusalén a Jericó? Aquel hombre medio muerto era yo. ¿Te acuerdas? Aquel niño hambriento era yo. ¿Te acuerdas? Aquel emigrante que tantos quieren echar era yo. Aquellos abuelos solos, abandonados en las casas para ancianos, era yo. Aquel enfermo solo en el hospital, al que nadie va a saludar, era yo.

Que la Virgen María nos ayude a caminar por la vía del amor, amor generoso hacia los demás, la vía del buen samaritano. Que nos ayude a vivir el mandamiento principal que Cristo nos ha dejado. Este es el camino para entrar en la vida eterna.

Papa Francisco reza por las víctimas atentados de Bagdad y Dacca

Homilías del Papa y Temas sacerdotales

Terrorismo. Papa Francisco pide que recemos todos juntos para “convertir los corazones de los cegados por el odio”


Papa Francisco reza por las víctimas de los atentados de Bagdad y Dacca - AFP

03/07/2016 12:17SHARE:

(RV).- El Santo Padre Francisco expresó su cercanía a las víctimas de los atentados sucedidos en Bagdad y Dacca y pidió a los fieles que rezaran juntos por los difuntos y para “convertir el corazón de los violentos cegados por el odio”.

Después de orar el Ave María saludó detalladamente a muchos de los grupos de peregrinos llegados a la Plaza de San Pedro como aquellos de España o Chile.
Palabras de Papa Francisco:

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Queridos hermanos y hermanas,

Expreso mi cercanía a los familiares de las víctimas y de los heridos del atentado sucedido ayer en Dacca y también del sucedido en Bagdad. Recemos juntos. Recemos juntos por ellos, por los difuntos y pidamos al Señor para convertir el corazón de los violentos cegados por el odio. (Ave María…)

Les saludo a todos ustedes, fieles de Roma y peregrinos llegados desde Italia y desde diversos países. En particular al grupo de Bérgamo (Italia) guiado por el Obispo. Los bergamascos no han escatimado en la pancarta, ¿eh? ¡Se ve bien! A aquellos de Braganza- Miranda (Portugal); las Hermanas Misioneras del Sagrado Corazón que vienen desde Corea con algunos fieles; los jóvenes de Ibiza que se preparan para la confirmación; y el grupo de peregrinos venezolanos. También querría saludar a mis connacionales de La Rioja, del Chilecito: se ve bien la bandera ahí, ¡eh!

Saludo a algunas peregrinaciones especiales, bajo el amparo de la Misericordia: a los fieles de Ascoli Piceno, llegados a pie por la vía Salaria antigua; a los socios de la Federación Italiana de Turismo Ecuestre, llegados a caballo, algunos incluso desde Cracovia; y aquel en bicicleta y motocicleta desde Cardito (Nápoles).
Saludo finalmente a la Asociación “Migas de esperanza de Carla Zichetti”, la Familia Camiliana Laica, la Escuela materna de Verdellino, y los muchachos de Albino y Desenzano, y aquellos de Sassari.

En el Año Santo de la Misericordia me agrada recordar que el próximo miércoles celebraremos la memoria de santa María Goretti, la muchacha mártir que antes de morir perdonó a su asesino. Esta valiente muchacha merece un aplauso de toda la plaza, ¡eh!

Y a todos les deseo un buen domingo. Por favor, no se olviden de rezar por mí.

¡Buen almuerzo y hasta la vista!
(Mónica Zorita-RV)

viernes, 1 de julio de 2016

Audiencia Jubilar del Papa: La misericordia sin las obras está muerta

Homilías del Papa y Temas sacerdotales

Francisco \ Audiencias, Catequesis y Ángelus

Audiencia Jubilar del Papa:
 La misericordia sin las obras está muerta


El Papa Francisco besa a un bebé 
en la Plaza de San Pedro - AFP

30/06/2016 11:00SHARE:

(RV).- Con ocasión de la Audiencia Jubilar celebrada este jueves 30 de junio en la plaza de San Pedro, el Papa Francisco invitó a los peregrinos presentes a hacer un serio examen de conciencia porque “una cosa es hablar de misericordia, otra es vivir la misericordia”.

“Quien ha experimentado en la propia vida la misericordia del Padre no puede permanecer insensible frente a las necesidades de los hermanos”, remarcó el Obispo de Roma quien destacó que la enseñanza de Jesús “no permite vías de escape: Tenía hambre y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; estaba desnudo, prófugo, enfermo, preso y me han ayudado”.

“No se puede hacer esperar a una persona que tiene hambre: es necesario darle de comer. Jesús nos dice esto. Las obras de misericordia no son temas teóricos, sino que son testimonios concretos. Obligan a remangarse las mangas para aliviar el sufrimiento”, explicó.

En su catequesis en italiano, el Pontífice afirmó: “a nosotros, por lo tanto, se nos pide permanecer vigilantes como centinelas, para que no suceda que, frente a las pobrezas producidas por la cultura del bienestar, la mirada de los cristianos se debilite y sea incapaz de mirar lo esencial” y agregó: “mirar lo esencial ¿qué significa? Mirar a Jesús. 

Mirar a Jesús en el hambriento, en el preso, en el enfermo, en el desnudo, en aquel que no tiene trabajo y debe mantener a una familia. Mirar a Jesús en estos hermanos y hermanas nuestros. Mirar a Jesús en aquel que está solo, triste, en aquel que se equivoca y necesita un consejo, en aquel que necesita hacer un camino en silencio para que se sienta en compañía. Estas son las obras que Jesús nos pide. Mirar a Jesús en ellos, en esta gente. ¿Por qué? Porque Jesús a mí, a todos nosotros, nos mira así”.

Al finalizar, el Papa Francisco evocó su reciente viaje a Armenia “un pueblo que, en el curso de su larga historia, ha testimoniado la fe cristiana con el martirio” y agradeció a Dios por este viaje, a todo el pueblo armenio por haberlo acogido como peregrino de fraternidad y de paz y al Supremo Patriarca de la Iglesia Apostólica Armenia quien dijo: “fraternamente me ha hospedado por tres días en su casa”.

En esta línea, el Santo Padre recordó que en tres meses viajará a Georgia y Azerbaiyán, otros dos países de la región del Cáucaso para “por una parte valorizar las antiguas raíces cristianas presentes en aquellas tierras –siempre en espíritu de diálogo con las otras religiones y culturas- y por otra parte, animar esperanzas y senderos de paz”.
(Mercedes De La Torre – Radio Vaticano).

Voz y texto completo
de la catequesis del Papa Francisco:

Queridos hermanos y hermanas ¡buenos días!

¡Cuántas veces, durante estos primeros meses del Jubileo, hemos escuchado hablar de las obras de misericordia! Hoy el Señor nos invita a hacer un serio examen de conciencia. Es bueno, de hecho, no olvidar nunca que la misericordia no es una palabra abstracta, sino un estilo de vida. Una persona puede ser misericordiosa o puede ser no misericordiosa. Es un estilo de vida, yo elijo vivir como misericordioso o elijo vivir como no misericordioso. Una cosa es hablar de misericordia, otra es vivir la misericordia. Parafraseando las palabras del apóstol Santiago (cfr 2,14-17) podemos decir: la misericordia sin las obras está muerta en sí misma. ¡Propiamente! Lo que hace viva la misericordia es su constante dinamismo para ir hacia el encuentro de las necesidades de aquellos que están en dificultad espiritual y material. La misericordia tiene ojos para ver, oídos para escuchar, manos para levantar…

La vida cotidiana nos permite tocar con las propias manos tantas exigencias de las personas más pobres y más probadas. A nosotros se nos pide aquella atención particular que nos lleva a darnos cuenta del estado de sufrimiento y necesidad en el que están tantos hermanos y hermanas. A veces, pasamos delante de situaciones de dramática pobreza y parece que no nos tocan; todo continúa como si nada pasara, en una indiferencia que al final nos hace hipócritas y, sin que nos demos cuenta, termina en una forma de letargo espiritual que hace insensible el ánimo y estéril la vida.

Hay gente que pasa por la vida, que va por la vida, sin notar las necesidades de los otros, sin ver tantas necesidades, espirituales y materiales, es gente que pasa sin vivir, es gente que no sirve a los otros. Y recuerden bien: quien no vive para servir, no sirve para vivir.

¡Cuántos son los aspectos de la misericordia de Dios hacia nosotros! Del mismo modo, cuántos rostros se dirigen a nosotros para obtener misericordia. Quien ha experimentado en la propia vida la misericordia del Padre no puede permanecer insensible frente a las necesidades de los hermanos. La enseñanza de Jesús que hemos escuchado no permite vías de escape: Tenía hambre y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; estaba desnudo, prófugo, enfermo, preso y me han ayudado (cfr Mt 25,35-36). No se puede hacer esperar a una persona que tiene hambre: es necesario darle de comer. Jesús nos dice esto. Las obras de misericordia no son temas teóricos, sino que son testimonios concretos. Obligan a remangarse las mangas para aliviar el sufrimiento.

A causa de los cambios de nuestro mundo globalizado, algunas pobrezas materiales y espirituales se han multiplicado: demos, pues, espacio a la fantasía de la caridad para individuar nuevas modalidades operativas. De este modo, el camino de la misericordia será siempre más concreto. A nosotros, por lo tanto, se nos pide permanecer vigilantes como centinelas, para que no suceda que, frente a las pobrezas producidas por la cultura del bienestar, la mirada de los cristianos se debilite y sea incapaz de mirar lo esencial.

Mirar lo esencial ¿qué significa? Mirar a Jesús. Mirar a Jesús en el hambriento, en el preso, en el enfermo, en el desnudo, en aquel que no tiene trabajo y debe mantener a una familia. Mirar a Jesús en estos hermanos y hermanas nuestros. Mirar a Jesús en aquel que está solo, triste, en aquel que se equivoca y necesita un consejo, en aquel que necesita hacer un camino en silencio para que se sienta en compañía. Estas son las obras que Jesús nos pide. Mirar a Jesús en ellos, en esta gente. ¿Por qué? Porque Jesús a mí, a todos nosotros, nos mira así.

Ahora pasamos a otra cosa…
Hace unos días el Señor me ha concedido visitar Armenia, la primera nación que abrazó el cristianismo, al inicio del siglo IV. Un pueblo que, en el curso de su larga historia, ha testimoniado la fe cristiana con el martirio. Doy gracias a Dios por este viaje, y estoy vivamente agradecido al Presidente de la República de Armenia, al Catholicós Karekin II, al Patriarca, a los Obispos Católicos y a todo el pueblo armenio por haberme acogido como peregrino de fraternidad y de paz.

Dentro de tres meses haré, si Dios quiere, otro viaje a Georgia y Azerbaiyán, otros dos países de la región del Cáucaso. He recibido la invitación a visitar estos países por dos motivos: por una parte valorizar las antiguas raíces cristianas presentes en aquellas tierras –siempre en espíritu de diálogo con las otras religiones y culturas- y por otra parte, animar esperanzas y senderos de paz. La historia nos enseña que el camino de la paz requiere una gran tenacidad y continuos pasos, comenzando por aquellos pequeños y poco a poco haciéndoles crecer, yendo el uno al encuentro del otro. Precisamente por esto, mi deseo es que todos y cada uno den su propia contribución para la paz y la reconciliación.

Como cristianos estamos llamados a reforzar entre nosotros la comunión fraterna, para dar testimonio del Evangelio de Cristo y para ser levadura de una sociedad más justa y solidaria. Por esto, toda la visita ha sido compartida con el Supremo Patriarca de la Iglesia Apostólica Armenia, quien fraternamente me ha hospedado por tres días en su casa.

Renuevo mi abrazo a los Obispos, a los sacerdotes, a las religiosas y a los religiosos y a todos los fieles en Armenia. La Virgen María, nuestra Madre, los ayude a permanecer firmes en la fe, abiertos al encuentro y generosos en las obras de misericordia. Gracias.

(Traducción del italiano, Mercedes De La Torre – Radio Vaticano).

martes, 28 de junio de 2016

Benedicto XVI ha hecho y hace teología de rodillas. Francisco.28/06/2016

Homilías del Papa y Temas sacerdotales

Francisco \ Documentos

El Papa Francisco: Benedicto XVI ha hecho y hace teología de rodillas


El Papa emérito Benedicto XVI con el Papa Francisco en el Vaticano - L'Osservatore Romano

28/06/2016 10:46SHARE:

  (RV).- Con ocasión del 65º aniversario sacerdotal del Papa emérito, el 29 de junio de 1951, este martes se presentó en el Vaticano el libro “Enseñar y aprender el amor de Dios” que recoge textos de Joseph Ratzinger/Benedicto XVI sobre el sacerdocio.

Se trata del primer volumen de una colección de libros de Benedicto XVI sobre el sacerdocio del cual el Papa Francisco escribió el prefacio. La presentación se llevó a cabo durante la ceremonia en la Sala Clementina por el 65° aniversario de sacerdocio de Benedicto XVI y en la que participó el Papa Francisco.

En el prefacio del libro, el Papa Francisco escribió:

 “Cuando leo las obras de Joseph Ratzinger/Benedicto XVI me resulta cada vez más claro que él ha hecho y hace ‘teología de rodillas’: de rodillas porque, antes incluso que ser un grandísimo teólogo y maestro de la fe, se ve que es un hombre que cree verdaderamente, que ora verdaderamente; se ve que es un hombre que personifica la santidad, un hombre de paz, un hombre de Dios”.

Por este motivo, Francisco explicó que Joseph Ratzinger “encarna ejemplarmente el corazón de toda la acción sacerdotal: ese profundo enraizamiento en Dios sin el cual toda la capacidad organizativa posible y toda la presunta superioridad intelectual, todo el dinero y el poder resultan inútiles; él encarna esa constante relación con el Señor Jesús sin la cual nada es ya verdadero, todo se convierte en rutina, los sacerdotes en asalariados, los obispos en burócratas y la Iglesia deja de ser la Iglesia de Cristo y se convierte en un producto nuestro, una ONG a fin de cuentas superflua”.

Además, el Papa Francisco aseguró sobre Benedicto XVI que “leyendo este volumen, se ve claramente como él mismo, en sesenta y cinco años de sacerdocio que hoy celebramos, ha vivido y vive, ha testimoniado y testimonia ejemplarmente esta esencia del actuar sacerdotal”.

Asimismo, el Papa Bergoglio afirmó que “Benedicto XVI nos sigue testimoniando, quizás ahora, sobre todo, desde el Monasterio Mater Ecclesiae, en el que se ha retirado, de un modo todavía más luminoso, el ‘factor decisivo’, ese íntimo núcleo del ministerio sacerdotal que los diáconos, los sacerdotes y los obispos nunca deben olvidar, a saber, que el primer y el más importante servicio no es la gestión de los ‘asuntos corrientes’, sino rezar por los demás, sin interrupción, con alma y cuerpo, precisamente como lo hace hoy el Papa emérito… La oración, nos dice en este libro y nos testimonia Benedicto XVI, es el factor decisivo: es una intercesión de la que tienen más necesidad que nunca tanto la Iglesia como el mundo —y tanto más en este momento de verdadero y propio cambio de época—; tienen necesidad de ella como del pan, más que del pan”.

Por último, Francisco se dirige a los sacerdotes y les dijo: “¡Queridos hermanos! Yo me permito decir que si alguno de ustedes tuviera en algún momento dudas sobre el centro del propio ministerio, sobre su sentido, sobre su utilidad, si en algún momento le vinieran dudas sobre lo que los hombres esperan verdaderamente de nosotros, medite profundamente las páginas que se nos ofrecen en este libro, porque los hombres esperan de nosotros sobre todo lo que en este libro encontraréis escrito y testimoniado: que les llevemos a Jesucristo y que les conduzcamos a Él, al agua fresca y viva, de la que tienen sed más que de cualquier otra cosa, el agua que solo Él puede regalarnos y que ningún sucedáneo podrá nunca remplazar; que les conduzcamos a realizar ese sueño más íntimo que tienen y que ningún poder podrá nunca prometerles ver cumplido”.

(Mercedes De La Torre – Radio Vaticano).

Texto completo del prefacio escrito por el Papa Francisco:

Cuando leo las obras de Joseph Ratzinger/Benedicto XVI me resulta cada vez más claro que él ha hecho y hace «teología de rodillas»: de rodillas porque, antes incluso que ser un grandísimo teólogo y maestro de la fe, se ve que es un hombre que cree verdaderamente, que ora verdaderamente; se ve que es un hombre que personifica la santidad, un hombre de paz, un hombre de Dios. Y así él encarna ejemplarmente el corazón de toda la acción sacerdotal: ese profundo enraizamiento en Dios sin el cual toda la capacidad organizativa posible y toda la presunta superioridad intelectual, todo el dinero y el poder resultan inútiles; él encarna esa constante relación con el Señor Jesús sin la cual nada es ya verdadero, todo se convierte en rutina, los sacerdotes en asalariados, los obispos en burócratas y la Iglesia deja de ser la Iglesia de Cristo y se convierte en un producto nuestro, una ONG a fin de cuentas superflua.

El sacerdote es aquel que «encarna la presencia de Cristo, testimoniando su presencia salvífica», escribe en este sentido Benedicto XVI en la Carta de proclamación del Año sacerdotal. Leyendo este volumen, se ve claramente como él mismo, en sesenta y cinco años de sacerdocio que hoy celebramos, ha vivido y vive, ha testimoniado y testimonia ejemplarmente esta esencia del actuar sacerdotal.

El cardenal Ludwig Gerhard Müller ha afirmado con autoridad que la obra teológica de Joseph Ratzinger, antes, y de Benedicto XVI, después, lo sitúa en esa serie de grandísimos teólogos que han ocupado la cátedra de Pedro; como, por ejemplo, el papa León Magno, santo y doctor de la Iglesia.

Renunciando al ejercicio activo del ministerio petrino, Benedicto XVI ha decidido ahora dedicarse totalmente al servicio de la oración: «El Señor me llama a “subir al monte” a dedicarme todavía más a la oración y a la meditación. Pero esto no significa abandonar la Iglesia, más aún, si Dios me pide esto es propiamente para que pueda continuar sirviéndola con la misma dedicación y el mismo amor con el que he tratado de hacerlo hasta ahora», ha dicho en el último y conmovedor Ángelus que ha rezado. Desde este punto de vista, a la justa consideración del Prefecto para la Doctrina de la Fe, querría añadir que quizás es precisamente hoy, como papa emérito, cuando él nos está impartiendo del modo más evidente una de sus más grandes lecciones de «teología de rodillas».

Porque Benedicto XVI nos sigue testimoniando, quizás ahora, sobre todo, desde el Monasterio Mater Ecclesiae, en el que se ha retirado, de un modo todavía más luminoso, el «factor decisivo», ese íntimo núcleo del ministerio sacerdotal que los diáconos, los sacerdotes y los obispos nunca deben olvidar, a saber, que el primer y el más importante servicio no es la gestión de los «asuntos corrientes», sino rezar por los demás, sin interrupción, con alma y cuerpo, precisamente como lo hace hoy el papa emérito: constantemente inmerso en Dios, con el corazón siempre dirigido a Él, como un amante que en cada instante piensa en el amado, haga lo que haga. Así, Su Santidad, Benedicto XVI, con su testimonio, nos muestra cuál es la verdadera oración: no la ocupación de algunas personas consideradas particularmente devotas y quizás tenidas por poco aptas para resolver problemas prácticos, para ese «hacer» que, sin embargo, los más «activos» creen que es el elemento decisivo de nuestro servicio sacerdotal, relegando así de hecho la oración al «tiempo libre». Orar no es tampoco simplemente una buena práctica para poner un poco en paz la propia conciencia, o solo un medio devoto para obtener de Dios lo que en un momento determinado creemos que sirve. No. La oración, nos dice en este libro y nos testimonia Benedicto XVI, es el factor decisivo: es una intercesión de la que tienen más necesidad que nunca tanto la Iglesia como el mundo —y tanto más en este momento de verdadero y propio cambio de época—; tienen necesidad de ella como del pan, más que del pan. Porque orar es confiar la Iglesia a Dios, con la conciencia de que la Iglesia no es nuestra, sino Suya, y que precisamente por esto él no la abandonará; porque orar significa confiar el mundo y la humanidad a Dios; la oración es la clave que abre el corazón de Dios, es la única que consigue introducir de nuevo a Dios siempre, continuamente, en este mundo nuestro, y es, a la vez, la única que consigue introducir de nuevo a los hombres y al mundo siempre, continuamente, en Él, como el hijo pródigo que vuelve a su Padre, lleno de amor por él, y no espera más que poder abrazarlo. Benedicto XVI no olvida que la oración es la primera tarea del obispo.

Y así, orar verdaderamente va de la mano con la conciencia de que el mundo sin la oración no solo pierde rápidamente su orientación, sino también la auténtica fuente de la vida: «Porque sin la vinculación con Dios somos como satélites que han perdido su órbita y caemos como enloquecidos en el vacío, no solo desintegrándonos nosotros mismos, sino amenazando también a los demás», escribe Joseph Ratzinger, ofreciéndonos una de sus tantas estupendas imágenes esparcidas en este libro.

¡Queridos hermanos! Yo me permito decir que si alguno de vosotros tuviera en algún momento dudas sobre el centro del propio ministerio, sobre su sentido, sobre su utilidad, si en algún momento le vinieran dudas sobre lo que los hombres esperan verdaderamente de nosotros, medite profundamente las páginas que se nos ofrecen en este libro, porque los hombres esperan de nosotros sobre todo lo que en este libro encontraréis escrito y testimoniado: que les llevemos a Jesucristo y que les conduzcamos a Él, al agua fresca y viva, de la que tienen sed más que de cualquier otra cosa, el agua que solo Él puede regalarnos y que ningún sucedáneo podrá nunca remplazar; que les conduzcamos a realizar ese sueño más íntimo que tienen y que ningún poder podrá nunca prometerles ver cumplido.

No es casualidad que la iniciativa de este volumen —junto con la de dar vida muy oportunamente a una Serie de libros temáticos sobre el pensamiento de Joseph Ratzinger / Benedicto XVI— haya partido de un laico, el profesor Pierluca Azzaro, y de un sacerdote, el reverendo padre Carlos Granados. A ellos va mi cordial agradecimiento, bendición y apoyo por el importante proyecto, junto con el reverendo don Giuseppe Costa, director de la Librería Editrice Vaticana, que publica la Opera Omnia de Joseph Ratzinger. No es casualidad, decía, porque el volumen que hoy presento está dirigido en la misma medida a los sacerdotes y a los fieles laicos; como magistralmente testimonia, entre tantas, esta página del libro que ofrezco a los religiosos y a los laicos como una última y segura invitación a la lectura: «Casualmente he leído en estos días un relato sobre estas cuestiones, en el que el gran escritor francés Julien Green describe las peripecias de su conversión. Cuenta él cómo en el período de entreguerras vivía tal como vive un hombre de hoy, con todas las permisividades que éste se da a sí mismo; ni mejor ni peor, esclavo de los placeres, que están ahí junto con Dios, de forma que, por una parte los necesita, para hacer soportable su vida, y al mismo tiempo encuentra insoportable esa vida. Él es un hombre que busca dónde podría encontrar una salida, establece algunas relaciones. Un día va a ver al gran teólogo Henri Bremond, pero el resultado es sólo una conversación de carácter académico, planteamientos de carácter teorético, que nada le ayudan. Entonces entra en relación con dos grandes filósofos, el matrimonio Jacques y Raissa Maritain. Raissa Maritain lo remite a un dominico polaco. Él se dirige a aquél y le describe la situación de su vida desgarrada. El sacerdote le dice: ¿Y está usted conforme con esa vida? ¡No, claro que no! A usted le gustaría vivir de otro modo, ¿se arrepiente? ¡Sí! Y entonces sucede algo inesperado. El sacerdote le dice: ¡Arrodíllese! Ego te absolvo a peccatis tuis, yo te absuelvo. Julien Green escribe: Entonces me di cuenta de que, en el fondo, siempre había estado esperando ese instante, siempre había estado esperando a que en cualquier momento hubiese alguien que me dijese: Arrodíllate, yo te absuelvo; me fui a casa, yo no era otro, no, finalmente había vuelto a ser yo mismo».