sábado, 14 de julio de 2018

Domingo XV (B) del tiempo ordinario (Mc 6,7-13):

Homilías del Papa y Temas sacerdotales

Día litúrgico:
Domingo XV (B) del tiempo ordinario
 (Mc 6,7-13):

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Texto del Evangelio (Mc 6,7-13): En aquel tiempo, Jesús llamó a los Doce y comenzó a enviarlos de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus inmundos. Les ordenó que nada tomasen para el camino, fuera de un bastón: ni pan, ni alforja, ni calderilla en la faja; sino: «Calzados con sandalias y no vistáis dos túnicas». Y les dijo: «Cuando entréis en una casa, quedaos en ella hasta marchar de allí. Si algún lugar no os recibe y no os escuchan, marchaos de allí sacudiendo el polvo de la planta de vuestros pies, en testimonio contra ellos». Y, yéndose de allí, predicaron que se convirtieran; expulsaban a muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.

CONVERSIÓN!: NO QUEDA OTRA   Por Javier Leoz


¿Qué es la religión? Ni más ni menos, entre otras muchas cosas, esa ligazón que intentamos descubrir, cuidar  cultivar entre lo humano y lo divino, entre Dios y nosotros. ¿Pero es suficiente? Por supuesto que no. La esencia del cristianismo no es un contentarnos con decir “yo vivo unido a  Cristo o yo creo en Jesús” sino, además, en la consecuencia más importante e inmediata: vivir con Él y como Él.

1.- La conversión de una empresa (sobre todo cuando hace aguas) no consiste solamente en un lavado de fachada o en el cambio de la técnica para sacar adelante su producto. El secreto de su éxito reside en algo fundamental: ha de ser fiel a sus principios fundacionales. Ha de sacar adelante, más allá de la técnica, formas y maneras su producción. Y por cierto, si quiere ser combativa y competitiva, con calidad.

2.- En la vida cristiana puede ocurrir algo muy parecido. Quedarnos en unos mínimos, tan mínimos, que la resultante sea una vida light y sin diferencia alguna con lo que vemos o escuchamos por la calle. El cristianismo no sólo predica el amor de Dios, que es lo tenemos muy claro, además no puede dejar de exigir una mayor justicia, verdad, fraternidad y perdón entre los hombres.

--Siempre, y es así, es más fácil hablar de lo mucho que Dios nos quiere que exigirnos a nosotros mismos el amar como Él nos ama.

--Siempre, y es así, resulta menos profético presentar un rostro licuado de la fe que un color marcado por los derechos humanos, la pobreza o las bienaventuranzas.

 ¿Qué ocurre entonces? Ni más ni menos que, la conversión, siempre será la asignatura pendiente de la calidad de nuestra vida cristiana. O hay conversión o podemos concluir que nos estamos haciendo a nuestra media una versión diferente del Evangelio.

3. Nuestra fe, además de personal, ha de ser contagiosa. No podemos recluirla en la caja de cristal que existe en el corazón de cada persona. La fe, como si de una bomba racimo se tratara, explota y se expande allá donde existe un afán evangelizador; donde los cristianos, sintiéndose tocados y elegidos por Dios, no se repliegan y saben que están llamados a ser profetas o altavoces del Evangelio.

Los elegidos no solamente son o somos los sacerdotes; todos, desde el momento de nuestro Bautismo,  insertados en el Cuerpo de Cristo que es su Iglesia estamos convocados y urgidos a desarrollar –con nuestros carismas, habilidades, dones, talentos e inteligencia- una misión personal que nada ni nadie en nombre de nosotros podrá realizar. ¿Por qué? Porque cada uno, allá donde está, debe dar su peculiar color a su vida cristiana y, con su vida cristiana, color a todo lo que le rodea.

4.- Hoy, además de sacerdotes, necesitamos cristianos convencidos. Hombres y mujeres que, siendo conscientes de que creen y esperan en Jesús, están llamados a participar de la encomienda de Jesús: “id por el mundo”.

Nos quedamos con una frase del Papa Francisco pronunciada en Quito en su viaje reciente a Ecuador:” La sociedad necesita más nuestras obras que nuestras palabras.”


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CONTIGO IRÉ, SEÑOR
Si soy padre, hablaré a mis hijos
de tu poder y de tu gracia
que eres PADRE que protege y anima
que habla, con autoridad,  en momentos de indecisión,
y corrige con palabras de comprensión.

CONTIGO IRÉ,  SEÑOR
Si soy madre, les transmitiré a los míos
el amor y la ternura que se dan en tu corazón.
Les haré ver que, en Tí, está la salvación
que tus brazos siempre esperan
que en tu regazo siempre hay un lugar
para, después del pecado, volver al encuentro

CONTIGO IRÉ,  SEÑOR
Si soy hijo, daré gracias a tu nombre.
Por la juventud de mis días
porque, tal ves sin aún yo saberlo,
me llamas a ser de los tuyos
a ser profeta, sacerdote
o amigo que anuncie tu Reino.

CONTIGO IRÉ,  SEÑOR
Si soy sacerdote,
levantaré una y otra vez mis manos hacia el cielo:
para buscar tu fuerza y tu presencia
para que nunca les falte a tus hijos
el pan consagrado de la Eucaristía
o la fortaleza de tu Santo Espíritu.
El perdón, cuando el pecado asoma
Tu Bendición, cuando el mundo
deja de sorprendernos
y nos deja tirados en el suelo

CONTIGO IRÉ,  SEÑOR
Si soy cristiano,
bendeciré tu nombre.
Porque me llamas a ser instrumento de tu amor
Porque permites que sea de los tuyos
Porque me hablas de una ciudad eterna
Porque me dices que, los que viven junto a mí,
lejos de ser adversarios, son hermanos.
Porque, cumplir la voluntad de Dios,
sus bienaventuranzas y sus mandamientos
es camino seguro para llegar a buen puerto.

CONTIGO IRÉ,  SEÑOR
Por Javier Leoz.




sábado, 3 de marzo de 2018

El Templo es la Casa de Oración

Homilías del Papa y Temas sacerdotales


1.- EL ATRIO DE NUESTRA FE

Por Javier Leoz

La cuaresma, como camino que conduce hacia la Pascua, pretende con medios tan esenciales como sencillos (oración, austeridad o caridad) revestirnos de un espíritu que nos lleve a celebrar intensamente y en verdad la Semana Santa. Sin complejos y sin añadidos. No es la fe la que, a lo largo de la historia, ha disfrazado con elementos secundarios nuestra vivencia de Dios. Es el hombre, somos nosotros –unas veces con acierto y otras con no tanto- los que hemos rodeado nuestra confianza en Dios con aspectos que, tal vez, necesitan alguna revisión y que a menudo generan críticas: lo comercial no es bueno en las cosas de Dios.

1.- Que Dios no necesita ningún espacio sagrado es verdad. Cuántos templos llenos y, en contraposición, cuántos corazones no tocados por la gracia. Embelesados por la belleza, por las formas pero no despuntando hacia la conversión. 
El templo, desde el Bautismo, somos cada uno de nosotros. Y, ese templo, es el que hemos de cuidar con la limpieza de una buena confesión, con la pintura de una buena obra de caridad y con el mantenimiento personal a través de la oración, la eucaristía o la contemplación.

2.- Con nuestras personas, con nuestros templos de carne y hueso, puede ocurrir lo mismo que aconteció en el suceso evangélico que se nos narra en este día: ¿Cómo nos encuentra Jesús? ¿De qué nos ve rodeados? ¿De dinero? ¿De intercambios muy interesados? ¿Con un te doy para que me des? ¿De negocios grandes o pequeños?

La respuesta, como siempre, nos la da la fe: apostar por Jesús significa colocarle en el centro y, fuera de Él, no permitir que nada distorsione nuestra fidelidad cristiana.

3.- Acostumbrados a una fe, excesivamente light, hemos de reconocer que no nos cuesta esfuerzo alguno combinar las cosas de Dios con las ofertas del mundo. Rebajar la exigencia de nuestra vida cristiana es fácil pero, también es verdad, que ello nos embarca en una mediocridad peligrosa: ¿Qué es de Dios y qué es el del mundo?

Los mandamientos, que siguen siendo diez, dan sentido a nuestro camino cristiano. El amor al prójimo, que es consecuencia lógica de nuestra unión con Dios, es imperativo en el día a día. La oración personal (y no sólo comunitaria) es síntoma de una fe saludable que, además, la fortalece cuando –esa oración- (como decía Teresa de Jesús) nos lleva a caer en la cuenta de que es estar con Aquel que decimos amar.

4.- Depurar nuestra praxis cristiana es muy difícil en estos tiempos que nos toca vivir. Entre otras cosas porque la Iglesia, cada vez que nos recuerda aquello que estorba en los atrios de nuestro pensamiento, de nuestro corazón, de nuestro hablar o de nuestro comportamiento, es respondida con críticas sobre su intrusismo o su poder mediático. ¿Es así? ¡No! Simplemente nos recuerda lo qué es una vida cristiana diferenciándola de la pagana.

En este tercer domingo de la cuaresma seamos conscientes de un gran peligro que nos acecha: no somos ya nosotros los mercaderes en nuestro propio templo. Es ya, la sociedad que nos rodea, la que intenta invadir y torpedear los atrios de cada persona, de cada familia y de la moral colectiva con sus propias pretensiones resumidas en una frase: ¡Todo vale! Y, eso, no es bueno.
Quien tenga oídos…que oiga!


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QUIERO SER TU TEMPLO, SEÑOR


5.- QUIERO SER TU TEMPLO, SEÑOR
Para que, en el  sagrario de mi corazón,
habites y hables  dándome el calor de tu Palabra.
Quiero, Señor,  que vuelques la mesa de mi orgullo
y sea dócil al  soplo de tu Espíritu.
Sí, Señor;
quiero ser un templo de tu presencia
para que  levantes en mí la verdad y la justicia
la paz y la  alegría, el amor y la misericordia.
Un edificio en  el que sólo tengas cabida Tú
y, donde las  piedras,
tengan el sello  del perdón y la esperanza.
Un rincón en el  que puedas reinar
y sentirte a  gusto, un templo de tu propiedad.
Sí, Señor;
quiero ser un templo
del cual te  puedas sentir orgulloso,
en el que no  exista suciedad ni comercio alguno
en el que, Dios,  quiera siempre vivir y nunca marcharse.
Quiero ser tu templo, Señor
Edificado sobre  tus diez mandamientos
Señalado con la  cruz redentora
Fortalecido con  la sabiduría divina
Rejuvenecido por  tu Gracia.
Sí, Señor;
si Tú quieres
deseo y te pido  me hagas templo vivo
para que, un día  y contigo,
aun siendo  destruido por la muerte
pueda resucitar  de nuevo.
Amén

Javier Leoz



El Sacrificio de la Misa


domingo, 18 de febrero de 2018

Qué es la tentación. Vigilancia.

Homilías del Papa y Temas sacerdotales

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¿Qué significa la tentación?
por Card. Rubén Salazar Gómez

Empezamos el tiempo de Cuaresma, es el tiempo de preparación inmediata para la celebración de la Pascua.

Por eso se interrumpe el tiempo Ordinario, para vivir este tiempo Especial, que es un tiempo de escucha de la Palabra de Dios, es un tiempo de conversión, es un tiempo de preparación para vivir con Cristo su pascua.

Se nos habla em el Evangelio de Marcos, de que el Señor antes de empezar su ministerio, se retiró al desierto y allí fue tentado, la tentación, está indudablemente es uno de los aspectos permanentes en nuestra vida.

Que significa la tentación, significa que Dios nos ha creado  libres, y por lo tanto nosotros somos los que decidimos acerca de nuestra vida. Nosotros somos los que tomamos las decisiones permanentemente para que nuestra vida sea así o asá, todos los días de mil maneras estamos tomando decisiones, ahora hemos sido creados para el bien y por lo tanto la tendencia espontánea nuestra es el bien hacer el bien y que todas nuestras decisiones tiendan a hacer el bien de alguna manera, nos llama la atención sino el bien pero hay un problema y es que muchas veces el mal se nos presenta con la apariencia de bien y entonces ahí es donde puede surgir la tentación, en el sentido de que si nosotros no estamos muy alerta si no somos duchos en el arte de discernir el bien del mal, indudablemente podemos caer en la trampa y elegir el mal creyendo que estamos eligiendo el bien.

Nunca el pecado se nos presenta como pecado nunca el pecado se nos presenta como mal a nosotros siempre se nos presenta como algo que nos conviene como algo que podría ser bien para mí. Por ejemplo pensemos en el robar es malo porque es arrancarle es quitarle a alguien lo que posee pero el que roba no piensa que está cometiendo algo indebido está creyendo y todos los días se mete más en la cabeza, que tiene derecho a robar de apoderarse del bien de los demás.

Ahí está la tentación, cuando el mal se presenta bajo apariencia de bien, por eso una obligación permanente nuestra, es descubrir cada vez con mayor claridad, cuál es el bien, cuál es el bien que debemos buscar, cuál es el bien que debemos elegir, cuál es el bien que verdaderamente como bien viene a hacer bien a mi vida, porque si no nos dejamos enredar y entonces caemos en la tentación de decir caemos en aquello que es mal pero que se nos presenta bajo la forma del bien.

¿Cómo hacemos para descubrir entonces cuando es el bien cuando es el mal?, ¿cómo hacemos para ese discernimiento? el Señor nos ha regalado una ayuda maravillosa que su palabra, cuando nosotros estamos atentos a su Palabra la leemos la estudiamos vamos comprendiendo cada vez mejor qué es lo que él quiere de nosotros es decir nuestro bien.

Pero también esa palabra de Dios da para nosotros por la Iglesia la Iglesia es la que nos transmite la palabra de Dios y la Iglesia por lo tanto nos va diciendo cada vez más que es lo que a partir de la Palabra de Dios es el bien para nosotros, es el bien que debemos elegir es el bien que nos puede ayudar a vivir en plenitud.

Las tentaciones de Cristo al inicio de la Cuaresma, nos invitan en primer lugar a que nosotros tomemos conciencia de que el Señor Jesús quiso cargar con todas nuestras dolencias también con la tentación el vino también a sufrir un poquito todo ese problema de no saber a veces muy claramente que es el bien y que es el mal, pero Él supo vencer la tentación y unidos a Él nosotros vamos también a saber vencer la tentación y a poder siempre cuando se nos presenta esa duda, cuando se nos presenta esa incertidumbre acerca de qué es el bien y que es el mal, ser capaces de hacer la elección, la elección correcta, ser capaces de elegir siempre el bien, para poder vivir una vida coherente, una vida sana, una vida útil a los demás.

Al iniciar la Cuaresma pidamos al Señor, que nos ayude durante este tiempo, a descubrir con mayor claridad qué es lo que él quiere de nosotros, para poder reajustar nuestra vida, para poder entrar en ese proceso de conversión y de cambio, porque el reino de Dios ha llegado con Cristo, y por lo tanto tenemos que recibirlo en nuestro corazón, y para ello necesitamos convertirnos.

La bendición de Dios Todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros y permanezca para siempre
Amén.




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Tentaciones hasta en lo más alto de la Iglesia




miércoles, 7 de febrero de 2018

Mensaje pontificio de Cuaresma, 2018

Homilías del Papa y Temas sacerdotales


Mensaje pontificio de Cuaresma, 2018

Atentos a los falsos profetas que enfrían el amor

“Al crecer la maldad, se enfriará el amor en la mayoría”. Así se titula el Mensaje del Santo Padre para la Cuaresma de este año que se presentó esta mañana en la Sala de Prensa de la Santa Sede. Intervinieron en la presentación el Cardenal Peter Kodwo Appiah Turkson, Prefecto del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral; 

Monseñor Graham Bell, Subsecretario del Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización y la Dra. Natalia Peiró, Secretaria General de Caritas España
María Fernanda Bernasconi – Ciudad del Vaticano

En su mensaje para la Cuaresma – firmado en la Ciudad del Vaticano el 1 de noviembre de 2017, en la Solemnidad de Todos los Santos – el Papa Francisco escribe que “una vez más nos sale al encuentro la Pascua del Señor”, y explica que para prepararnos a recibirla, la Providencia de Dios nos ofrece cada año la Cuaresma, que define “signo sacramental de nuestra conversión”.

Tal como lo expone el Pontífice, mediante este mensaje desea “ayudar a toda la Iglesia a vivir con gozo y con verdad este tiempo de gracia”; y lo hace inspirándose en una expresión de Jesús según el Evangelio de Mateo: “Al crecer la maldad, se enfriará el amor en la mayoría”.

Frase que proviene de la enseñanza sobre el fin de los tiempos, ambientada en el Monte de los Olivos de Jerusalén, donde precisamente tendrá inicio la pasión del Señor, que en este caso respondiendo a una pregunta de sus discípulos, anuncia “una gran tribulación” y describe la situación en la que podría encontrarse la comunidad de los fieles: frente a acontecimientos dolorosos, algunos falsos profetas engañarán a mucha gente hasta amenazar con apagar la caridad en los corazones, que es el centro de todo el Evangelio.

Los falsos profetas
En el primer punto de este mensaje, titulado “los falsos profetas”, el Pontífice invita a preguntarnos ¿qué formas asumen? Y no duda en responder que “son como ‘encantadores de serpientes’”, que “se aprovechan de las emociones humanas para esclavizar a las personas y llevarlas adonde ellos quieren”. De ahí su exclamación ante los tantos hijos de Dios que “se dejan fascinar por las lisonjas de un placer momentáneo, al que se lo confunde con la felicidad”. O acerca de cuántos hombres y mujeres que “viven como encantados por la ilusión del dinero, que los hace en realidad esclavos del lucro o de intereses mezquinos”; sin olvidar a quienes “viven pensando que se bastan a sí mismos y caen presa de la soledad”.

También se refiere a esos otros falsos profetas que denomina “charlatanes”, que ofrecen soluciones sencillas e inmediatas para los sufrimientos, remedios que sin embargo resultan ser completamente inútiles. Tanto es así que el Pontífice dirige su pensamiento a los numerosos jóvenes “a los que se les ofrece el falso remedio de la droga, de unas relaciones de ‘usar y tirar’, de ganancias fáciles pero deshonestas; o que “se dejan cautivar por una vida completamente virtual”, en que las relaciones parecen más sencillas y rápidas pero que después “resultan dramáticamente sin sentido”.

Dignidad, libertad y capacidad de amar.

Se trata de “estafadores” –  tal como escribe el Papa Bergoglio – que no sólo ofrecen cosas sin valor, sino que quitan lo más valioso, es decir “la dignidad, la libertad y la capacidad de amar”. Sí porque como leemos en este mensaje pontificio, “es el engaño de la vanidad”, lo que lleva a “pavonearse” hasta caer en lo ridículo. De manera que no es una sorpresa, puesto que “desde siempre el demonio, que es ‘mentiroso y padre de la mentira’, presenta el mal como bien y lo falso como verdadero, para confundir el corazón del hombre”.

Por esta razón el Sucesor de Pedro insiste en la necesidad de discernir y examinar en el propio corazón si nos sentimos amenazados por las mentiras de estos falsos profetas. Y reafirma que hay que “aprender a no quedarnos en un nivel inmediato, superficial, sino a reconocer qué cosas son las que dejan en nuestro interior una huella buena y más duradera, porque vienen de Dios y ciertamente sirven para nuestro bien”.

Un corazón frío
En el segundo punto de este texto – que lleva por subtítulo “un corazón frío” –  Francisco recuerda que Dante Alighieri, en su descripción del infierno, se imagina al diablo sentado en un trono de hielo; “su morada es el hielo del amor extinguido”, escribe e invita a preguntarnos: “¿Cómo se enfría en nosotros la caridad? ¿Cuáles son las señales que nos indican que el amor corre el riesgo de apagarse en nosotros?”.

Entre las causas el Papa destaca “la avidez por el dinero”, “raíz de todos los males”, a la que sigue “el rechazo de Dios” y, por tanto, el no querer buscar consuelo en él, prefiriendo quedarnos con nuestra desolación “antes que sentirnos confortados por su Palabra y sus Sacramentos”. Y añade que todo esto se transforma en una violencia que se dirige contra los que consideramos una amenaza para nuestras “certezas”, como “el niño por nacer, el anciano enfermo, el huésped de paso, el extranjero, así como el prójimo que no corresponde a nuestras expectativas”.

Enfriamiento de la caridad
Sin olvidar que la creación también es un testigo silencioso de este “enfriamiento de la caridad”, el Pontífice escribe que el amor se enfría asimismo en nuestras comunidades y recuerda que en su Exhortación apostólica Evangelii gaudium ha tratado también de describir las señales más evidentes de esta falta de amor, como el egoísmo, el pesimismo estéril, la tentación de aislarse y de entablar continuas guerras fratricidas, o la mentalidad mundana que induce a ocuparse sólo de lo aparente, con lo que disminuye el entusiasmo misionero.

¿Qué podemos hacer?
Todo esto sugiere al Obispo de Roma plantearse la pregunta – en su tercer punto – acerca de lo que podemos hacer. Aquí Francisco reafirma que la Iglesia, en su carácter de “madre y maestra”, además de la medicina, a veces amarga de la verdad, “nos ofrece en este tiempo de Cuaresma el dulce remedio de la oración, la limosna y el ayuno”.

Y agrega que el hecho de dedicar más tiempo a la oración hace que “nuestro corazón descubra las mentiras secretas con las cuales nos engañamos a nosotros mismos, para buscar finalmente el consuelo en Dios”, que es nuestro Padre y que desea la vida para nosotros. Al mismo tiempo – añade – el ejercicio de la limosna “nos libera de la avidez y nos ayuda a descubrir que el otro es mi hermano”; mientras el ayuno, “debilita nuestra violencia, nos desarma, y constituye una importante ocasión para crecer”.

El Santo Padre manifiesta en su mensaje que desearía que su voz “traspasara las fronteras de la Iglesia Católica”, para llegar a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, “dispuestos a escuchar a Dios”. A todos ellos les dice directamente que “si se sienten afligidos porque en el mundo se extiende la iniquidad, si les preocupa la frialdad que paraliza el corazón y las obras, si ven que se debilita el sentido de una misma humanidad, únanse a nosotros para invocar juntos a Dios”, ayunar juntos y juntos ayudar a nuestros hermanos.

El fuego de la Pascua
El Papa concluye invitando de modo especial a los miembros de la Iglesia “a emprender con celo el camino de la Cuaresma, sostenidos por la limosna, el ayuno y la oración”. Y destaca que una ocasión propicia para esto será la iniciativa titulada “24 horas para el Señor”, que este año invita a celebrar el Sacramento de la Reconciliación en un contexto de adoración eucarística.

En efecto destaca que esta iniciativa se llevará a cabo los días 9 y 10 de marzo, inspirándose en las palabras del Salmo 130 que reza: “De ti procede el perdón”. De este modo, al menos una iglesia en cada diócesis, permanecerá abierta durante las 24 horas, para permitir la oración de adoración y la confesión sacramental.

Tras bendecir a todos de corazón, asegurando su oraciones y pidiendo que se rece por él, el Obispo de Roma escribe que “en la noche de Pascua reviviremos el sugestivo rito de encender el cirio pascual”, con lo cual “la luz que proviene del ‘fuego nuevo’ poco a poco disipará la oscuridad e iluminará la asamblea litúrgica”.

De ahí su deseo de que “la luz de Cristo, resucitado y glorioso, disipe las tinieblas de nuestro corazón y de nuestro espíritu, para que todos podamos vivir la misma experiencia de los discípulos de Emaús”.





jueves, 28 de diciembre de 2017

Dice el Papa Francisco: Sin Jesús no hay Navidad

Homilías del Papa y Temas sacerdotales

El Papa denuncia la desnaturalización de la Navidad por un falso respeto a quien no es cristiano

EL VERDADERO SENTIDO DE ESTAS FIESTAS SE ENCUENTRA EN JESÚS

El Papa denuncia la desnaturalización de la Navidad por un falso respeto a quien no es cristiano

En la semana del nacimiento del Señor Jesús, y más precisamente en la Solemnidad de san Juan, Apóstol y Evangelista, el Papa Francisco dedicó su catequesis semanal al significado de la Navidad.

27/12/17 2:41 PM

(Vaticannews) En primer lugare, el Pontífice dirigió su mirada al pesebre y en particular a la liturgia de estos días, que nos hicieron volver a vivir el día del nacimiento de nuestro Salvador.

A partir de allí, y siempre con el corazón y la mente en el significado más profundo del nacimiento de Cristo, el Obispo de Roma reflexionó sobre una realidad de nuestros días, a saber, la «desnaturalización», de la Navidad:

«Dedico la catequesis de hoy a reflexionar sobre el significado de la Navidad. En nuestros días, estamos asistiendo a una especie de «desnaturalización» de la Navidad. En nombre de un falso respeto ante quien no es cristiano, muchas veces se esconde la voluntad de marginar la fe, eliminando todo tipo de referencia al nacimiento de Jesús. Sin embargo, el verdadero sentido de estas fiestas se encuentra en Jesús, es Él quien da sentido a todo lo que celebramos».

Sin Jesús no hay Navidad
Esta desnaturalización de la Navidad que, como observó el Papa, «se da particularmente en Europa», «en nombre de un falso respeto que no es cristiano», y que «a menudo esconde la voluntad de marginar la fe», hace por una parte que sí, sea una fiesta, «pero no es la Navidad», porque no está en el centro Jesús. Si en el centro está Jesús –explicó Francisco- , también todo el contexto, a saber, las luces, los sonidos, las distintas tradiciones locales, incluidos los alimentos característicos, convergen para crear la atmósfera de la fiesta.

Si recibimos a Jesús nos convertimos en don para los demás
«Nosotros, como los pastores del Evangelio, estamos llamados a buscar la verdadera luz que es Jesús, que es el don de Dios a la humanidad que se encuentra inmersa en la oscuridad de la noche. Cuando acogemos a Jesús en nuestras vidas, nos convertimos en un don para los demás».

En este mismo punto, en su catequesis en italiano, el Santo Padre profundizó en esa «luz que es Jesús», describiendo y volviendo a repasar el sorprendente modo en que nuestro Salvador se muestra al mundo: «nace de una pobre joven desconocida, que lo da a la luz en un establo, con la única ayuda del marido. El mundo no se da cuenta de nada, pero los ángeles en el cielo – que saben de esto - exultan». Así es como Jesús se presenta también a nosotros, como el don de Dios para la humanidad. Y por este motivo -explicó Francisco - nosotros los cristianos nos intercambiamos regalos, porque el verdadero don para nosotros es Jesús y, como Él, queremos ser don para los demás.

La humanidad prefiere la oscuridad
Lamentando, con otras palabras, el hecho de que aun hoy, «a menudo la humanidad prefiere la oscuridad», porque sabe «que la luz revelaría todas las acciones y pensamientos que harían enrojecer o remorder la conciencia», el Santo Padre explicó el significado de acoger el don de Dios que es Jesús, que es «volverse cada día un don gratuito para quienes se encuentran en nuestro mismo camino».

Su Santidad citó luego al gran pregonero de Jesucristo, san Pablo, en su carta a Tito, cuando escribe que la gracia salvífica de Dios se manifestó, «enseñándonos a renunciar a la impiedad y los deseos mundanos, para vivir en la vida presente con sobriedad, justicia y piedad», para subrayar que la encarnación de Cristo, nos ha abierto el camino de la vida nueva, que debe estar fundada no en el egoísmo, sino en el amor.

Con los pequeños Dios quiere construir un mundo nuevo
«Jesús viene a este mundo y los primeros destinatarios de su venida son los pequeños y despreciados, con los que establece una amistad que continúa en el tiempo. Con ellos, en cada momento, Dios desea construir un mundo nuevo en el que no haya más personas rechazadas, descartadas ni maltratadas».

El Romano Pontífice destacó asimismo un aspecto importante de la Navidad, y es que en ella podemos ver cómo la historia humana es «visitada» por la historia de Dios: «Dios involucra a aquellos que, confinados a los márgenes de la sociedad, son los primeros destinatarios de su don», dijo. Estas personas en el pesebre están representadas por los pastores de Belén: a ellos «se les apareció una gran luz» (Lc 2,9-12), que los condujo a Jesús; y «con ellos en todos los tiempos, Dios quiere construir un mundo nuevo, en el que no haya más personas rechazadas, maltratadas e indigentes». «Ellos eran los emarginados, los mal vistos, los despreciados». Y sin embargo, a ellos se les apareció primero Jesús.



miércoles, 27 de diciembre de 2017

Adeste Fideles. VILLANCICO

Homilías del Papa y Temas sacerdotales



UNO DE LOS VILLANCICOS MÁS ANTIGUO QUE SE CONOCE 
EN LA LITURGIA DE LA IGLESIA CATÓLICA



sábado, 23 de diciembre de 2017

Domingo IV Adviento. SEAMOS ÁNGELES Por Javier Leoz.

Homilías del Papa y Temas sacerdotales



SEAMOS ÁNGELES   Por Javier Leoz.

En esta jornada de hoy –día 24 de diciembre— que culminaremos con la Nochebuena, en el inmediato umbral de la Navidad, al leer el relato evangélico de este cuarto domingo de adviento, uno siente la llamada a proclamar aquello que ángel San Gabriel llevó hasta los oídos de Santa María: “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo”.

1.- Esta noticia es la que, en estos días, no podemos apagar ni consentir que deje de resonar como fundamento y fondo de la Navidad: ¡EL SEÑOR ESTA CONTIGO! ¡VIENE A ESTAR CONTIGO! Contigo, mundo, que te agitas en un mar de dudas. Cuando piensas que, tus problemas, son mayores que tus fuerzas para hacerle frente. ¡El Señor está contigo!
Este anuncio, sintiéndonos ángeles, mensajeros y enviados por Dios, puede ser nuestra tarea y nuestra misión dentro de la Navidad. ¿Podemos consentir que, las luces, sean más impactantes que el destello de la Luz Divina?
En nuestro empeño queda precisamente ese envío, permanente y gozoso, de anunciar al mundo que el hombre no está sólo; que Dios viene para acompañarle; que una Virgen –porque se fio y creyó- se sintió llena de una felicidad que, sólo la fe, es capaz de ofrecer.

2.- Hoy, como entonces, el Señor sabe perfectamente que no se va a encontrar con un hotel de cuatro estrellas; que tropezará con pocos o escasos colaboradores que popularicen su nacimiento. Pero ojala, el Señor, atine los corazones de algunas personas como esas sencillas cuevas en las que Dios pueda nacer y crecer de nuevo para brindar a la humanidad una puerta o una ventana por la que podamos entrar o ver un poco la salvación. ¿Seremos capaces de cruzar por esa puerta –pequeña y estrecha- que es la puerta de belén? ¿Seremos hábiles para asomarnos con la mirada de la fe y saborear y contemplar el Misterio como lo hizo María?

3.- ¡EL SEÑOR ESTA CONTIGO! Es un grito que, desde la Iglesia y desde las convicciones más profundas de todo creyente, lanzamos a una sociedad capitaneada por mil soledades; a un ser humano acosado por falsas esperanzas; a una realidad social individualista y con cierta sensación de orfandad. ¿No me digáis que el anuncio de “El Señor está contigo” no despierta en nosotros sentimientos de paz y de serenidad, de seguridad y de confianza, de tranquilidad y de fe?
Todos, en estas Navidades, podemos ser trompetas anunciadoras del gran Misterio de la Navidad o, por el contrario, sordina ante lo que celebramos. ¿Qué preferimos ser? ¿Ángeles o silenciadores de la Buena Nueva?

4.- María, ante la llegada del Señor, se entregó de lleno a la causa de Jesús. No le faltarían preocupaciones, turbaciones, dudas pero, a continuación, supo que algo grande iba a ocurrir y puso alma, cuerpo y vida, para que Dios –a través de ella y con ella- se hiciera presente en el mundo en Jesucristo.
Por eso, en este cuarto domingo de adviento, damos gracias a la Virgen, a María. Su “sí” nos sigue empujando a exclamar a los cuatro vientos que, el Señor, ya está llegando; que el Señor va a nacer; que el Señor está tan dentro de nuestras entrañas como un día lo estuvo en las de Ella. El calendario civil nos hace celebrar en pocas horas el final del adviento y el inicio de la Navidad. ¡Gracias, María! ¡Contigo y con nosotros estará el Señor!



5 ¿QUÉ SENTISTE, MARIA?
Con pocas palabras, pero en Ti  María,
habitó por el anuncio de un Ángel
el Misterio de un Dios humanado.

¿Qué  sentiste, Virgen María ante la llegada del mensajero?
¿Creíste, acaso, que ese personaje  celestial
se equivocó de puerta?
¿Pensaste que, uno de tus vecinos,
venía para probar tu fe o tu  ingenuidad?

¿Qué  sentiste María, dinos Tú que miraste al cielo,
ante la llegada del famoso  mensajero?
Tal vez, como humilde nazarena,
sentiste que Dios habla en el  silencio
Que Dios se hace grande
en el que le recibe manifestándose
esclavo, humilde…y pequeño
Tal vez, como mujer de Dios,
mirando por la ventana
de tu pobre casa de Nazaret
soñaste que, simplemente,
era una estrella que de repente
cayó desde el mismo cielo.
O, tal vez, María,
en el secreto escondido
desde hace siglos,
supiste que, contigo,
la partitura comenzaba a escucharse
que el plan comenzaba a llevarse a  cabo
que, Dios, en una más de las suyas
irrumpía ahora sin ruido, en  silencio,
sin más exigencia que tu obediencia
sin más preguntas que tu respuesta
sin más palacios que tu vientre  virginal
sin más pregoneros que un Ángel.

Ayúdanos,  María,
en medio de los ruidos que sacuden
los valles de nuestras vidas
a escuchar, como Tú lo hiciste,
la voz de un Dios que sale a nuestro  encuentro
en el rostro de un Niño nacido en  pesebre.