domingo, 7 de febrero de 2016

XXIV Jornada Mundial del Enfermo 2016:

Homilías del Papa y Temas sacerdotales

“Llamados a servir a los enfermos y necesitados”.
 El Papa para la Jornada Mundial del Enfermo


Mensaje del Papa Francisco para la XXIV Jornada Mundial del Enfermo 2016: “Confiar en Jesús misericordioso como María: Hagan lo que Él les diga”. - EPA




(RV).- “Confiar en Jesús misericordioso como María: Hagan lo que Él les diga”, es el título del Mensaje del Papa Francisco para la XXIV Jornada Mundial del Enfermo 2016. El documento presentado la mañana del jueves 28 de enero en la Oficina de Prensa de la Santa Sede tiene como inspiración la narración evangélica de las bodas de Caná, tomado del Evangelio de San Juan.

Solemne celebración en Tierra Santa
En su mensaje, el Santo Padre subraya “que este año dicha Jornada será celebrada solemnemente en Tierra Santa”, ya que es el lugar “donde Jesús realizó su primer milagro gracias a la mediación de su Madre”. El tema elegido, se inscribe en el marco del Jubileo extraordinario de la Misericordia. Por ello, el Pontífice señala que “la Celebración eucarística central de la Jornada, el 11 de febrero de 2016, memoria litúrgica de Nuestra Señora de Lourdes, tendrá lugar precisamente en Nazaret, donde la Palabra se hizo carne, y puso su morada entre nosotros” (Jn 1,14). Es allí donde Jesús inició su misión salvífica, en favor de los pobres y oprimidos.

La enfermedad nos acerca a Jesús
En el documento, el Obispo de Roma afirma que “la enfermedad, sobre todo cuando es grave, pone siempre en crisis la existencia humana y nos plantea grandes interrogantes”. Ante esta situación, la primera reacción puede ser de rebeldía, dijo el Papa, ¿Por qué me ha sucedido precisamente a mí? Podemos sentirnos desesperados, pensar que todo está perdido y que ya nada tiene sentido. “En esta situación, la fe en Dios se pone a prueba, pero al mismo tiempo revela toda su fuerza positiva. No porque la fe haga desaparecer la enfermedad, el dolor o los interrogantes que plantea, afirma el Pontífice, sino porque nos ofrece una clave con la que podemos descubrir el sentido más profundo de lo que estamos viviendo; una clave que nos ayuda a ver cómo la enfermedad puede ser la vía que nos lleva a una cercanía más estrecha con Jesús, que camina a nuestro lado cargado con la cruz”.

María: un corazón maternal lleno de misericordia
Una clave la encontramos en la escena de las Bodas de Caná y nos la proporciona María, su Madre, explica el Sucesor de Pedro, ella aparece como la mujer atenta que se da cuenta de un problema muy importante para los esposos: se ha acabado el vino, símbolo del gozo de la fiesta. “María descubre la dificultad, en cierto sentido la hace suya y, con discreción, actúa rápidamente. No se limita a mirar, y menos aún se detiene a hacer juicios, sino que se dirige a Jesús y le presenta el problema tal como es”.
¿Qué enseñanza podemos obtener del misterio de las bodas de Caná para la Jornada Mundial del Enfermo? Se pregunta el Papa. “El banquete de bodas de Caná es una imagen de la Iglesia: en el centro está Jesús misericordioso que realiza la señal; a su alrededor están los discípulos, las primicias de la nueva comunidad; y cerca de  Jesús y de sus discípulos está María, Madre previsora y orante. María participa en el gozo de la gente común y contribuye a aumentarlo; intercede ante su Hijo por el bien de los esposos y de todos los invitados”. La figura maternal de María, nos llena de confianza y nos abre a la gracia y a la misericordia de Cristo, subraya el Papa, su intercesión nos permite experimentar la consolación, María es la Madre «consolada» que consuela a sus hijos.

Los enfermos al centro de la misión de Jesús
“En Caná la petición de María, durante el banquete nupcial, puesta por el Espíritu Santo en su corazón de madre, manifestó no sólo el poder mesiánico de Jesús sino también su misericordia, explica el Vicario de Cristo, en la solicitud de María se refleja la ternura de Dios. Y esa misma ternura se hace presente también en la vida de muchas personas que se encuentran junto a los enfermos y saben comprender sus necesidades, aún las más ocultas, porque miran con ojos llenos de amor. Cuántas veces una madre a la cabecera de su hijo enfermo, o un hijo que se ocupa de su padre anciano, o un nieto que está cerca del abuelo o de la abuela, confían su súplica en las manos de la Virgen”.
Cuánto valora y aprecia Dios que seamos servidores de los demás, alienta el Santo Padre, esta es de las cosas que más nos asemeja a Jesús, el cual «no ha venido a ser servido sino a servir». Estos personajes anónimos del Evangelio nos enseñan mucho, agrega. No sólo obedecen, sino que lo hacen generosamente. Se fían de la Madre, y con prontitud hacen bien lo que se les pide, sin lamentarse, sin hacer cálculos.

Colaboradores en la misión sanadora de Dios
“En esta Jornada Mundial del Enfermo – afirma el Papa – podemos pedir a Jesús misericordioso por la intercesión de María, Madre suya y nuestra, que nos conceda esta disponibilidad para servir a los necesitados, y concretamente a nuestros hermanos enfermos”. También nosotros podemos ser manos, brazos, corazones que ayudan a Dios a realizar sus prodigios, con frecuencia escondidos. También nosotros, sanos o enfermos, podemos ofrecer nuestros cansancios y sufrimientos como el agua que llenó las tinajas en las bodas de Caná y fue transformada en el mejor vino.

Antes de concluir su mensaje, el Obispo de Roma invita a hacer de cada hospital o clínica “un signo visible y un lugar que promueva la cultura del encuentro y de la paz, y en el que la experiencia de la enfermedad y del sufrimiento, así como también la ayuda profesional y fraterna, contribuyan a superar todo límite y división”. A todos los que están al servicio de los enfermos y de los que sufren, les deseo, agrega el Papa, que estén animados por el ejemplo de María, Madre de la Misericordia. «La dulzura de su mirada nos acompañe en este Año Santo, a fin de que todos podamos descubrir la alegría de la ternura de Dios».

(Renato Martinez - Radio Vaticano)

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