sábado, 18 de octubre de 2014

Homilías del Papa Francisco 16 y 17-10-2014,

Temas sacerdotales y Homilías del Papa.


La oración de alabanza es difícil, pero da alegría,
 dijo Francisco
2014-10-16 Radio Vaticana
(RV).-Es fácil rezar para pedir gracias, mientras es más difícil la oración de alabanza, pero es ésta la oración de la verdadera alegría. Lo afirmó el Papa Francisco en su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta.

El Pontífice centró su reflexión en la Carta a los Efesios, en la que San Pablo eleva con alegría su bendición a Dios. Se trata de una oración de alabanza – observó –, de una oración “que nosotros no solemos hacer habitualmente: alabar a Dios. Y dijo que se trata de pura gratuidad, que nos hace entrar en “una gran alegría”:

“Nosotros sabemos rezar muy bien cuanto pedimos cosas, también cuando agradecemos al Señor, pero la oración de alabanza es un poco más difícil para nosotros: no es tan habitual alabar al Señor. Y esto podemos sentirlo mejor cuando hacemos memoria de las cosas que el Señor ha hecho en nuestra vida: ‘En Él – en Cristo – nos ha elegido antes de la creación del mundo’. ¡Bendito eres Señor, porque tú me has elegido! Es la alegría de una cercanía paterna y tierna”.

Francisco prosiguió explicando que “la oración de alabanza” nos da esta alegría, nos lleva a ser felices ante el Señor. Por lo que pidió que hagamos un esfuerzo para reencontrarla; teniendo en cuenta que el punto de partida es, precisamente, “hacer memoria” de esta elección: “el Señor me ha elegido antes de la creación del mundo. ¡Pero esto – dijo – no se puede comprender!”:

“No se puede comprender ni imaginar: que el Señor me haya conocido antes de la creación del mundo, que mi nombre estaba en el corazón del Señor. ¡Ésta es la verdad! ¡Ésta es la revelación! Si nosotros no creemos esto no somos cristianos ¡eh! Quizá estemos impregnados de una religiosidad teísta, ¡pero no somos cristianos! El cristiano es uno elegido, el cristiano es uno elegido en el corazón de Dios antes de la creación del mundo. También este pensamiento colma de alegría nuestro corazón: ¡yo soy elegido! Y nos da seguridad”.

El Papa observó además que nuestro nombre está en el corazón de Dios. Precisamente en las vísceras de Dios, como el niño está dentro de su mamá. Ésta es nuestra alegría, la de ser elegidos”. Es algo – subrayó Francisco – que “no se puede entender sólo con la cabeza. Ni siquiera sólo con el corazón. Para comprender esto debemos entrar en el Misterio de Jesucristo. El Misterio de su Hijo amado: ‘Él ha derramado su sangre en abundancia sobre nosotros, con toda sabiduría e inteligencia, haciéndonos conocer el misterio de su voluntad’. Y ésta es una tercera actitud: entrar en el Misterio”:

“Cuando celebramos la Eucaristía, entramos en este Misterio, que no se puede comprender totalmente: el Señor está vivo, está con nosotros, aquí, en su gloria, en su plenitud, y da otra vez su vida por nosotros. Debemos aprender cada día esta actitud de entrar en el Misterio. El cristiano es una mujer, es un hombre, que se esfuerza para entrar en el Misterio. El Misterio no se puede controlar: ¡es Misterio! Yo entro”.

El Papa Francisco concluyó diciendo que la oración de alabanza es ante todo “oración de alegría”, y también “oración de memoria: ‘¡Pero cuánto ha hecho por mí el Señor! Con cuánta ternura me ha acompañado, cómo se ha abajado; se ha inclinado como el papá se inclina con el niño para hacerlo caminar’”. Y, en fin, oración al Espíritu Santo para que nos dé “la gracia de entrar en el Misterio, sobre todo cuando celebramos la Eucaristía”.(María Fernanda Bernasconi - RV).



Dios nos ha dado el Cielo como anticipo de eternidad,
dijo Francisco
2014-10-17 Radio Vaticana
Homilía de la misa matutina en Santa Marta

(RV).-A través del Espíritu Santo, Dios ha dado a los cristianos el Cielo como “anticipo” de eternidad. Pero a veces los cristianos se olvidan de este don para seguir una vida “opaca” e hipócrita. Lo afirmó el Papa Francisco en su homilía de la Misa matutina presidida en la capilla de la Casa de Santa Marta.

El Pontífice destacó que el Espíritu Santo es el “sello” de luz con el que Dios ha dado el Cielo a los cristianos, los cuales, muchas veces, olvidan esta luz a cambio de una vida de penumbra o, peor aún, de luz falsa, esa que brilla en la hipocresía. El Papa reflexionó siguiendo la lectura de Pablo, que explica a los cristianos de Éfeso que, por haber creído en el Evangelio, recibieron “el sello del Espíritu Santo”. Y explicó que con este don, Dios “no sólo nos ha elegido”, sino que además nos dado un estilo, “un modo de vivir, que no es sólo “una lista de hábitos”, es algo más, es, precisamente, “una identidad”:

“Nuestra identidad es precisamente este sello, esta fuerza del Espíritu Santo, que todos nosotros hemos recibido en el Bautismo. Y el Espíritu Santo ha sellado nuestro corazón y, además, camina con nosotros. Este Espíritu, que había sido prometido – Jesús lo había prometido – esto Espíritu no sólo nos da la identidad, sino que también es anticipo de nuestra herencia. Con Él el Cielo comienza. Nosotros estamos viviendo precisamente este Cielo, esta eternidad, porque hemos sido sellados por el Espíritu Santo, que precisamente es el inicio del Cielo: era el anticipo; lo tenemos en nuestras manos. Nosotros tenemos el Cielo en nuestras manos con este sello”.

Francisco prosiguió explicando que sin embargo tener el Cielo como anticipo de eternidad no impide a los cristianos “resbalar al menos en un par de tentaciones”. Primero – afirmó textualmente – “cuando nosotros queremos, no digo borrar la identidad, sino volverla opaca”:
“Es el cristiano tibio. Es cristiano, sí. Va a Misa el domingo, sí. Pero en su vida la identidad no se ve. También vive como un pagano: puede vivir como un pagano, pero es cristiano. Ser tibios. Volver opaca nuestra identidad. Y el otro pecado, aquel del que Jesús hablaba a sus discípulos y hemos oído: ‘Estén atentos a la levadura de los fariseos, que es la hipocresía’. ‘Hacer de cuenta que’: yo hago de cuenta que soy cristiano, pero no lo soy. No soy transparente, digo una cosa – ‘sí, sí, soy cristiano’ – pero hago otra que no es cristiana”.

En cambio, y el mismo Pablo lo recuerda en otro pasaje, una vita cristiana vivida según la identidad creada por el Espíritu Santo trae como dote – subrayó el Papa – dones de otro calibre:

“Amor, alegría, paz, magnanimidad, benevolencia, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio de sí. Y éste es nuestro camino hacia el Cielo, es nuestro camino, que hace que comience el Cielo desde acá. Porque tenemos esta identidad cristiana, hemos sido sellados por el Espíritu Santo. Pidamos al Señor la gracia de estar atentos a este sello, a nuestra identidad cristiana, que no sólo es promesa, no, ya la tenemos en nuestras manos como anticipo”.
(María Fernanda Bernasconi - RV).
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