sábado, 24 de enero de 2015

El Papa, disgustado por la repercusión de sus declaraciones

Homilías del Papa y Temas sacerdotales

fraavfili

El Papa, disgustado por la repercusión de sus declaraciones 
sobre las familias numerosas

 Las explica Mons. Angelo Becciu, 
sustituto de la Secretaría de Estado

S. E. R. MONS. ANGELO BECCIU

S. E. R. MONS. ANGELO BECCIU

Sostituto della Segreteria di Stato della Santa Sede, 


(Avvenire / InfoCatólica. 21-I-15) El Papa está sorprendido porque sus últimas declaraciones, en las que utilizó a propósito palabras del lenguaje de la calle, no hayan sido, según su propia opinión, debidamente contextualizadas por numerosos medios de comunicación. Y disgustado por el desconcierto ocasionado, en especial a las familias numerosas, a las cuales, de hecho, ayer durante la audiencia general les dirigió palabras de afecto y aliento.
Estos son los dos sentimientos principales que tuvo el Papa al leer los periódicos el día después de su regreso de Manila. Lo cuenta en esta entrevista al diario Avvenire el sustituto de la Secretaría de Estado de la Santa Sede, Mons. Angelo Becciu. El arzobispo, uno de los más estrechos colaboradores del Papa, le acompañaba en el viaje a Sri Lanka y Filipinas y estaba presente en la rueda de prensa durante el vuelo de vuelta de Manila a Roma. Él escuchó personalmente las preguntas de los periodistas y las respuestas del Pontífice y por eso puede reconstruir el sentido auténtico de las palabras del papa Francisco.
Explicación de sus palabras
Mons. Becciu ¿el Papa se vio reconocido en la interpretación mayoritaria que los medios dieron a las palabras en las que decía que para ser un buen católico no es necesario tener hijos como conejos?
Al ver los titulares de los periódicos, el Santo Padre, con quien hablé ayer, sonrió y dijo que se había sorprendido un poco por el hecho de que esas palabras, que fueron voluntariamente sencillas, no hubieran sido completamente contextualizadas, respecto a una cita clarísima de la Humanae Vitae sobre la paternidad responsable
El razonamiento del Papa era claro. La lectura que se ha hecho, aislando esa sola frase, mucho menos…
La frase del Papa se entiende en el sentido de que el acto procreativo humano no puede seguir la lógica del instinto de los animales sino provenir de un acto responsable que radica en el amor y la recíproca donación de sí. Desgraciadamente, con mucha frecuencia la cultura contemporánea tiende a disminuir la auténtica belleza y el alto valor del amor conyugal, con todas las consecuencias negativas que de ello se derivan
Hablando de tres hijos por matrimonio, el Papa Francisco según algunos, habría querido indicar un número cerrado.
¡No, en absoluto! Con el número tres se refirió únicamente al número mínimo que los sociólogos y demógrafos indican que asegura la estabilidad de la población. De ningún modo el Papa quería decir que ese sea el número correcto de hijos para todos los matrimonios. Cada matrimonio cristiano, a la luz de la gracia, está llamada a discernir, según una serie de circunstancias humanas y divinas cuál es el número de hijos que debe tener.
Muchas familias numerosas están desconcertadas por la versión presentada por los medios de comunicación de las palabras del Santo Padre. ¿Qué se les puede decir?
El Papa está realmente disgustado de que se haya creado semejante desconcierto. Él no quería de ninguna manera menospreciar la belleza y el valor de las familias numerosas. Hoy mismo (por ayer), en la Audiencia General, ha afirmado que la vida es siempre un bien y que tener tantos hijos es un don de Dios por el que hay que darle gracias
¿Cuál es entonces la interpretación correcta de la paternidad responsable de la que habla la Humanae vitae, tantas veces repetida, también por el Papa Francisco?
Es la interpretación que nace de la enseñanza misma del beato Pablo VI y de la tradición milenaria de la Iglesia, repetida en la Casti Connubii, o sea, que sin separar nunca el carácter unitivo y procreativo del acto sexual, éste se debe siempre insertar en la lógica del amor, en la medida en que la persona entera (física, moral y espiritual) se abre al misterio del don de sí en el vínculo del matrimonio
¿Podemos decir que Francisco ha reafirmado que este documento sigue vigente en todos sus aspectos?
No tengo la más mínima duda. El Papa Francisco es un gran admirador de Pablo VI, así lo ha manifestado en varias ocasiones. Ha sido él quien lo ha beatificado y en Filipinas, hace pocos días, contemplando una nación tan joven, ha querido subrayar que la postura mantenida en 1968 por Pablo VI fue profética
¿Cómo conciliar entonces la indispensable apertura a la vida con las dudas reales de los matrimonios que deben hacer frente a tantos problemas, a veces incompatibles con la acogida de una nueva vida?
Sabemos que esto es un verdadero drama para muchos matrimonios. Sería necesario que los gobiernos ayudasen económicamente a las familias con recursos mínimos. Sin embargo, como repite a menudo también el Papa Francisco, cada caso ha de tratarse con misericordia y urgencia pastoral. El problema puede estar relacionado con cuestiones médicas, económicas o psicológicas. Para algunos cónyuges el desafío es enorme y la Iglesia tiene como primer deber darles aliento y ayuda.
El Papa se ha referido dos veces a la crisis demográfica en Italia ¿Cuál es el mensaje del Papa para Italia?
Se puede decir que este gravísimo signo sociológico es representativo de una cultura que no tiene esperanza ni alegría, una cultura del descarte. El deseo de tener hijos es de hecho la prueba de que se cree en el futuro, que se cree en aquello que se es: Italia y Europa están perdiendo su identidad, se están haciendo viejos. El espectáculo de la juventud desbordante de los países asiáticos ha confirmado aún más en la mente del Papa esta convicción.
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Palabras del Papa en la Audiencia General –en la que realiza un resumen de los hitos más importantes de su reciente viaje por Asia- del 21 de enero de 2015 respecto a las familias numerosas
Los encuentros con las familias y con los jóvenes, en Manila, fueron momentos destacados de la visita a Filipinas. Las familias sanas son esenciales para la vida de la sociedad. Da consuelo y esperanza ver tantas familias numerosas que acogen a los hijos como un verdadero don de Dios: ellos saben que cada hijo es una bendición. Escuché decir que las familias con muchos hijos y el nacimiento de tantos niños se encuentran entre las causas de la pobreza. Me parece una opinión simplista. Puedo decir, -podemos decir todos- que la causa principal de la pobreza es un sistema económico que ha quitado a la persona del centro y ha colocado al dios dinero; un sistema económico que excluye, excluye siempre, excluye los niños, los ancianos, los jóvenes sin trabajo, y que crea la cultura del descarte que vivimos. Nos hemos acostumbrado a ver “personas descartadas”. Éste es el motivo principal de la pobreza, no las familias numerosas.  Evocando la figura de san José, que ha protegido la vida del “Santo Niño”, muy venerado en ese país, he recordado que es necesario proteger a las familias, que se enfrentan a diversas amenazas, de modo que puedan testimoniar la belleza de la familia en el proyecto de Dios. Es preciso también defender las familias de las nuevas colonizaciones ideológicas, que atentan su identidad y su misión.





  
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