martes, 2 de diciembre de 2014

AÑO DE LA VIDA CONSAGRADA. En Tui-Vigo

Homilías del Papa y Temas sacerdotales

Con motivo del Año de la Vida consagrada, 
el Sr. Obispo de nuestra Diócesis de Tui-Vigo
 ha mandado esta carta a los diocesanos,
 que la reproduzco en este blog 
de temas sacerdotales y eclesiales. 
Franja


AÑO DE LA VIDA CONSAGRADA

(30 DE NOVIEMBRE DE 2015 - 2 DE FEBRERO DE 2016)
Vigo, 26 de noviembre de 2014

Queridos sacerdotes, religiosos y religiosas.
El primer domingo de Adviento se inaugura en la Iglesia Universal el Año de la Vida Consagrada. Este anuncio es una gran sorpresa del Papa Francisco. Es un Año en el que se convoca a todo el pueblo de Dios –pastores, laicos y consagrados- a dar gracias a Dios por el regalo de la Vida Consagrada y a escrutar los signos de Dios que nos indican el futuro de la misma en la Iglesia.

La Congregación Vaticana para la Vida Consagrada ha concretado en tres los objetivos de este Año:

Hacer memoria agradecida del acontecimiento del Vaticano II y cuanto ha supuesto para la Vida Consagrada y para la Iglesia

Coincide este Año de la Vida Consagrada con el cincuenta aniversario del Decreto Perfectae Charitatis y de la Constitución Lumen Gentium, que sin duda es el documento de mayor importancia doctrinal del Concilio Vaticano II. En ella hay todo un capítulo dedicado a proponer y explicar el lugar y la misión que ocupa la vida religiosa en el misterio de la Iglesia. Este capítulo está situado entre los capítulos quinto, que se refiere a la vocación universal de los bautizados a la santidad, y el séptimo, sobre la índole escatológica de la Iglesia peregrinante y su unión con la Iglesia celeste. Este planteamiento nos da a entender que la vida religiosa sólo tiene sentido en la vocación y desde la vocación de toda la Iglesia a la santidad. Pero “el estado religioso cumple mejor, sea la función de manifestar ante todos los fieles que los bienes celestiales se hallan ya presentes en este mundo, sea la de testimoniar la vida nueva y eterna conquistada por la redención de Cristo, sea la de prefigurar la futura resurrección y la gloria del reino celestial” (LG 44).

El segundo objetivo es abrazar el futuro con esperanza, a pesar de la crisis que atravesamos.

En los tiempos difíciles que estamos viviendo no pocas comunidades de Vida Consagrada pueden sentir una sensación de desconcierto por la escasez de vocaciones, por las debilidades que perciben en su interior y por los muchos obstáculos que encuentran para llevar a cabo su misión.

En el mundo que nos rodea se siente con frecuencia la tentación de ceder a la frustración, a la desilusión e incluso al pesimismo sobre el futuro. Pero, los que han consagrado su vida para dar testimonio del amor de Dios y para la edificación de su Cuerpo, saben que en la fe se ven los cielos abiertos y que la gracia del Espíritu Santo ilumina a la Iglesia y lleva a una esperanza segura.

En la primera carta de san Juan se nos habla de la victoria sobre el mundo; de esa victoria que consiste en creer que Jesús es el Hijo de Dios. Victoria sobre las fuerzas del mal, que debería crear una conciencia de triunfo, un sereno optimismo y una esperanza insobornable (cf 1 Jn 5, 1-6).

En tercer lugar, el Año de la Vida Consagrada es una llamada a vivir el presente con pasión dando testimonio de la vida y misión que la Vida Consagrada desarrolla en este momento en cada iglesia particular y universal

Los religiosos y las religiosas están llamados a conservar siempre el corazón y la mirada fijos en el Señor Jesús, para que, mediante sus obras y la entrega total de sí mismos, comuniquen a todos el amor de Dios que reciben en su propia existencia por la consagración de sus vidas. Se esfuerzan en confrontar permanentemente sus propias actitudes con las de Jesús, que ocupa el lugar central de toda forma de vida cristiana, y por supuesto, el de la vida religiosa. Los religiosos y las religiosas tienen como regla última y suprema el seguimiento de Cristo mediante la práctica de los consejos evangélicos de castidad, pobreza y obediencia, vividos en comunidad.

Los votos no son otra cosa que la triple expresión de un único sí de la total consagración; tres maneras concretas de comprometerse a vivir como Cristo en su pobreza, en su castidad y en su obediencia. El testimonio, por lo tanto, que la Iglesia universal y particular espera de la Vida Consagrada es: ser transparencia de Cristo virgen, pobre y obediente.

Nuestra Diócesis de Tui-Vigo se une, de una manera especial, durante la celebración de este Año a dar gracias a Dios por el regalo de la Vida Consagrada. Se une al sentir de toda la Iglesia agradeciendo al Señor la presencia en su territorio de 46 instituciones que con su diversidad de carismas dan vida a 59 comunidades y 460 personas consagradas. Son Monasterios de vida contemplativa, Congregaciones masculinas y femeninas de vida activa, Sociedades de vida apostólica o Institutos seculares que, gracias a la vocación consagrada de sus miembros, dan vida a nuestra Iglesia Particular y animan un número significativo de instituciones apostólicas vitales en nuestra Diócesis. Es justo reconocer la importancia que sus instituciones educativas, sus compromisos parroquiales y sus obras sociales al servicio de los más pobres para nuestra Iglesia de Tui-Vigo. De todos modos, lo más significativo para nosotros ha de ser la consagración de cada uno de sus miembros, que nace de la llamada a dedicar su vida al servicio del Reino en nuestra Iglesia.

En nuestra Diócesis el Año de la Vida Consagrada se inaugura solemnemente con la celebración de la Eucaristía en la Concatedral de Santa María de Vigo el sábado 29 de noviembre, a las 18.30 h. Se invita a participar a todo el pueblo de Dios: pastores, laicos y consagrados. A lo largo de los próximos meses se irán indicando las diversas actividades programadas para este tiempo de gracia.
Pidamos al Señor, por intercesión de su Santísima Madre, que a lo largo de este Año, conceda a su Iglesia el regalo de vocaciones a la Vida Consagrada, y a todos nos ayude a ser más fieles a nuestra vocación y a nuestra misión en la Iglesia y en la sociedad.
Con mi afecto y bendición,
Luis Quinteiro Fiuza
Obispo de Tui-Vigo



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