domingo, 12 de octubre de 2014

Homilías del Papa días 10, 9 y 7-10-07

Temas sacerdotales y Homilías del Papa.

TRES HOMILÍAS DEL PAPA FRANCISCO 

PRIMERA


El examen de conciencia es una práctica antigua,
pero muy buena
2014-10-10 Radio Vaticana

(RV). Para no hacer entrar el mal en nuestro corazón hay una práctica antigua, pero muy buena, el examen de conciencia. Lo recordó el Papa Francisco en su homilía de la misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta.

Partiendo del Evangelio del día, en que se nos dice que el diablo jamás deja de tentarnos, porque como afirmó el Santo Padre “tiene paciencia”, y no deja lo que quiere para sí, “nuestra alma”, el Papa afirmó:

“Después de las tentaciones, en el desierto, cuando Jesús fue tentado por el diablo, en la versión de Lucas se dice que el demonio lo dejó por un tiempo, pero durante la vida de Jesús volvía y volvía: cuando lo ponían a prueba, cuando le tendían trampas, en la Pasión, hasta en la Cruz. ‘Pero si Tú eres el Hijo de Dios, ven, ven con nosotros, así nosotros podemos creer’. Y todos nosotros sabemos que esta palabra toca el corazón: ‘¿Pero tú eres capaz? ¡Házmelo ver! No, no eres capaz’. Como el diablo hizo hasta el final con Jesús. Y así con nosotros”.

Es necesario custodiar nuestro corazón donde habita el Espírito Santo – subrayó Francisco – “para que no entren los demás espíritus”. “Custodiar el corazón, como se custodia una casa, con llave”. Y después, vigilar sobre el corazón, como un centinela: “Cuántas veces – observó el Papa – entran los malos pensamientos, las malas intenciones, los celos, las envidias. Tantas cosas, que entran. ¿Pero quién ha abierto aquella puerta? ¿Por dónde han entrado? Si yo no me doy cuenta” de cuanto “entra en mi corazón, mi corazón se convierte en una plaza, donde todos van y vienen. Un corazón sin intimidad, un corazón donde el Señor no puede hablar y ni siquiera ser escuchado”.

“Y Jesús dice otra cosa allí – ¿no? – que parece un poco extraña: ‘Quien no recoge conmigo, desparrama. Usa la palabra ‘recoger’. Tener un corazón recogido, un corazón sobre el cual nosotros sabemos qué cosa sucede, y aquí y allá se puede hacer la práctica tan antigua de la Iglesia, pero buena: el examen de conciencia. ¿Quién de nosotros, a la noche, antes de terminar la jornada, permanece solo, sola, y se hace la pregunta: qué cosa ha sucedido hoy en mi corazón? ¿Qué cosa ha sucedido? ¿Qué cosas han pasado a través de mi corazón? Si no lo hacemos, verdaderamente no sabemos vigilar bien ni custodiar bien”.

El examen de conciencia “es una gracia, porque custodiar nuestro corazón es custodiar el Espírito Santo, que está dentro de nosotros”:
“Nosotros sabemos, Jesús habla claramente, que los diablos vuelven, siempre. También al final de la vida, Él – Jesús – nos da el ejemplo de esto. Y para custodiar, para vigilar, para que no entren los demonios, es necesario saber recogerse, es decir, entrar en silencio ante sí mismos y ante Dios, y al final de la jornada preguntarse: ‘¿Qué cosa ha sucedido hoy en mi corazón? ¿Ha entrado alguien que no conozco? ¿La llave está en su lugar?’. Y esto nos ayudará a defendernos de tantas maldades, incluso de las que nosotros podemos hacer, si entran estos demonios, que son muy astutos, y al final nos estafan a todos”.


 SEGUNDA


En la oración, el Espíritu Santo
es el don más grande
2014-10-09 Radio Vaticana

(RV). En la oración pedimos tantas cosas, pero el don más grande que Dios nos puede dar es el Espíritu Santo. Lo afirmó el Papa Francisco en la homilía matutina de la misa celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta. Al comentar el Evangelio del día, sobre la parábola de un hombre que tras tanto insistir obtiene de un amigo lo que pide, el Pontífice afirmó que Dios “tiene tanta misericordia”, por lo que al pedirle perdón podemos añadir lo que la oración non osa esperar”:

“Esto me ha hecho pensar: es propio de la misericordia de Dios no sólo perdonar – eso todos lo sabemos – sino ser generoso y dar más, más… Hemos pedido: ‘Y añade lo que la oración no osa esperar’. Nosotros quizá en la oración pedimos esto y esto, y ¡Él nos da más, siempre! ¡Siempre, cada vez más!”.

El Papa subrayó que en el Evangelio hay “tres palabras claves”: “el amigo, el Padre y el don”. Jesús – dijo – “muestra a los discípulos lo que es la oración. Es como un hombre que va a medianoche a lo de un amigo para pedirle algo. Y observó que en la vida “hay amigos que son de oro”, que verdaderamente dan todo. Mientras “hay otros más o menos buenos”, y la Biblia nos dice ‘uno, dos o tres… ¡no más!’. Después, los demás son amigos, pero no como éstos”. E incluso si somos molestos y entrometidos “la relación de amistad hace que nos sea dado lo que nosotros pedimos”.

“Jesús da un paso hacia adelante y habla del Padre: ‘¿Qué padre entre ustedes, si un hijo le pide un pescado, le dará una serpiente en lugar del pescado? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión?’… ‘Si ustedes entonces que son malos, sabes dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más el Padre del cielo!’”. Por tanto – prosiguió Francisco – “no sólo el amigo que nos acompaña en el camino de la vida nos ayuda y nos da lo que pedimos: también el Padre del cielo” que “nos ama tanto y del cual Jesús ha dicho que se preocupa por dar de comer a los pájaros del campo. Jesús quiere despertar la confianza en la oración” y dice: “Pidan y les será dado, busquen y encontrarán, llamen y se les abrirá. Porque quien pide recibe, quien busca encuentra, y a quien llama le será abierto”. “Ésta – afirmó el Santo Padre – es la oración: pedir, buscar y llamar al corazón de Dios”. Y el Padre “dará el Espíritu Santo a los que le piden”:

“Éste es el don, éste es el plus de Dios. Dios jamás te da un regalo, una cosa que le pides así, sin envolverlo bien, sin algo más que lo haga más bello. Y lo que el Señor, el Padre nos da de más es el Espíritu: el verdadero don del Padre es lo que la oración no osa esperar. ‘Yo pido esta gracia; pido esto, llamo y rezo tanto… Sólo espero que me dé esto. Y Él que es Padre, me da aquello y además: el don, el Espíritu Santo”.

“La oración – concluyó el Papa – se hace con el amigo, que es el compañero de camino de la vida, se hace con el Padre y se hace en el Espíritu Santo. El amigo es Jesús”:

“Es Él quien nos acompaña y nos enseña a rezar. Y nuestra oración debe ser así, trinitaria. Tantas veces: ‘¿Pero usted cree?’: ‘¡Sí! ¡Sí!’; ¿En qué cree?’; ‘¡En Dios!’; ‘¿Pero qué es Dios para usted?’; ‘¡Dios, Dios!’. Pero Dios no existe: ¡no se escandalicen! ¡Dios así no existe! Existe el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo: son personas, no son una idea en el aire… ¡Este Dios spray non existe! ¡Existen las personas! Jesús es el compañero de camino que nos da lo que le pedimos; el Padre que nos cuida y nos ama; y el Espíritu Santo que es el don, es ese plus que da el Padre, lo que nuestra conciencia no osa esperar”.
(María Fernanda Bernasconi - RV).


TERCERA


No esconder los propios pecados,
sino rezar y hacer memoria
2014-10-07 Radio Vaticana

(RV).- Cuando rezamos no olvidamos nuestra historia. Lo afirmó el Papa Francisco en su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta. El Pontífice subrayó que el Señor está a nuestro lado en el camino de la vida. E invitó a los fieles a no dejarse distraer por tantos cosas de la jornada, olvidándose así de rezar.

El Papa Bergolgio prosiguió afirmando que el Señor “ha elegido a su pueblo y lo ha acompañado durante el camino en el desierto, durante toda la vida”. Y a continuación, se detuvo a considerar la primera Lectura del día en la que San Pablo hace memoria de su vida, sin esconder sus pecados. “Dios – afirmó – lo ha hecho con su pueblo, lo ha hecho y lo hace con cada uno de nosotros”. “Nosotros hemos sido elegidos – dijo – y se preguntó: ¿Por qué yo soy cristiano y no aquel, que está lejos, que ni siquiera ha oído hablar de Jesucristo?” “Es una gracia – fue su respuesta –: “Una gracia de amor”.

Por tanto, hacer “memoria de esta realidad, pero en la vida concreta – evidenció el Santo Padre –, tal como lo hace Pablo”, que confiesa haber perseguido ferozmente a la Iglesia y no dice: “Yo soy bueno, soy hijo de éste, tengo cierta nobleza…”. No. Pablo dice: “¡Yo he sido un persecutor, yo he sido malo!”. “Pablo – reafirmó el Papa – hace memoria de su camino, y así comienza a hacer memoria desde el inicio”:

“Esta costumbre de hacer memoria de nuestra vida no es muy común entre nosotros. Nos olvidamos las cosas, vivimos en el momento y después olvidamos la historia. Y cada uno de nosotros tiene una historia: una historia de gracia, una historia de pecado, una historia de camino, tantas cosas… Y hace bien rezar con nuestra historia. Uno de ellos es Pablo, que relata una parte de su historia y que en general dice: ‘¡Él me ha elegido! ¡Él me llamado! ¡Él me ha salvado! Él ha sido mi compañero de camino…’”.

“Hacer memoria sobre la propia vida – prosiguió diciendo el Papa – es dar gloria a Dios. Hacer memoria sobre nuestros pecados, de los que el Señor nos ha salvado, es dar gloria a Dios”. Por esta razón – agregó – “Pablo dice que él se vanagloria sólo de dos cosas: de sus propios pecados y de la gracia de Dios Crucificado, de su gracia”. Él – dijo Francisco – “hacía memoria de sus pecados, y se vanagloriaba: ‘He sido pecador, pero Cristo Crucificado me ha salvado’ y se gloriaba en Cristo. Ésta era la memoria de Pablo. Ésta es la memoria que el mismo Jesús nos invita a hacer”:

“Cuando Jesús dice a Marta: ‘Tú te afanas y te agitas por muchas cosas, pero una cosa es necesaria. María ha elegido la parte mejor. Es decir, escuchar al Señor y hacer memoria. No se puede rezar cada día como si no tuviéramos historia. Cada uno de nosotros tiene la suya. Y con esta historia en el corazón vamos a la oración, como María. Pero tantas veces estamos distraídos, como Marta, por los trabajos de la jornada, por hacer esas cosas que debemos hacer, y olvidamos esta historia”.

Nuestra relación con Dios – agregó el Papa – “no comienza el día del Bautismo: allí es sellada”. Comienza “cuando Dios, desde la eternidad, nos ha mirado y nos ha elegido. En el corazón de Dios, allí comienza”:

“Hacer memoria de nuestra elección, aquella que Dios ha hecho sobre nosotros. Hacer memoria de nuestro camino de alianza. Esta alianza ha sido respetada, ¿o no? Eh no: somos pecadores y hacemos memoria, y hacer memoria de la promesa que hace Dios y que jamás decepciona, que es nuestra esperanza. Ésta es la verdadera oración”.

El Papa concluyó su homilía invitando a rezar con el Salmo 138: “Señor, tú me escrutas y me conoces. Tú sabes cuándo me acuesto y cuándo me levanto. Sondeas mis pensamientos desde lejos, te son familiares todas mis sendas”. “Esto es rezar – dijo Francisco –. Rezar es hacer memoria ante el Dios de nuestra historia. Porque nuestra historia es la historia de su amor por cada uno de nosotros”.
(María Fernanda Bernasconi - RV).


sábado, 4 de octubre de 2014

Homilías del Papa. 2014-10-03

Temas sacerdotales y Homilías del Papa.


La salvación está sólo en Jesús, 
no en los tantos preceptos hechos por los hombres, 
dijo el Papa

2014-10-03 Radio Vaticana
Homilía de la misa matutina en Santa Marta

(RV).- (Con audio)   Creer en Jesús, portador de un mensaje que salva al humanidad de todos los tiempos, o refugiarse en una salvación fruto de “mandamientos hechos por hombres”. Es el dilema que el Papa Francisco dilucidó en su homilía de la Misa matutina presidida en la capilla de la Casa de Santa Marta.
El único deseo de Dios es salvar a la humanidad, pero el problema es que el hombre frecuentemente quiere dictar las reglas de la salvación. Es la paradoja dramática de tantas páginas de la Biblia que llega a su culmen en la vida terrenal de Cristo. El Papa Francisco lo profundizó partiendo del pasaje del Evangelio en el que Jesús expresa todo su dolor al verse contrastado por su misma gente, por las ciudades que dan vuelta la espalda a su mensaje.
“Si en Tiro y en Sidón se hubieran producido los prodigios que se produjeron entre ustedes” – es su admonición en Corazin y Betsaida – ya desde hace tiempo “e habrían convertido”. En esta severa, pero también amarga comparación, está resumida – observó el Papa – “toda la historia de la salvación”. Así como han rechazado y asesinado a los profetas antes, “porque resultaban incómodos”, ahora hacen los mismo con Jesús. “Es el drama de la resistencia a ser salvados”, desatado por los jefes del pueblo:
Es precisamente la clase dirigente la que cierra las puertas al modo con el cual Dios quiere salvarnos. Y así se comprenden los diálogos fuertes de Jesús con la clase dirigente de su tiempo: pelean, lo ponen a prueba, le tienden trampas para ver si cae, porque está la resistencia a ser salvados. Jesús les dice a ellos: “¡Pero yo no los entiendo! Ustedes son como aquellos niños: les hemos tocado la flauta y no han bailado; les hemos cantado un lamento y no han llorado. ¿Pero qué quieren?”; “¡Queremos hacer la nuestra: queremos hacer la salvación a nuestro modo!”. Es siempre esta cerrazón al modo de Dios.
El Papa Bergoglio distingue la actitud del “pueblo creyente” que comprende y “acepta” la salvación traída por Jesús. Salvación que, al contrario, para los jefes del pueblo, se reduce al cumplimiento de los 613 preceptos creados por “su fiebre intelectual y teológica”:
Ellos no creen en la misericordia ni en el perdón: creen en los sacrificios. Misericordia quiero y no sacrificios. Creen en todo organizado, bien organizado, todo claro. Éste es el drama de la resistencia a la salvación. También nosotros, cada uno de nosotros tiene este drama dentro. Pero nos hará bien preguntarnos: ¿Cómo quiero ser salvado? ¿A modo mío? ¿A modo de una espiritualidad, que es buena, que me hace bien, pero que es fija, tiene todo claro y no hay riesgo? ¿O según el modo divino, es decir por el camino de Jesús, que siempre nos sorprende, que siempre nos abre las puertas a ese misterio de la Omnipotencia de Dios, que es la misericordia y el perdón?
Francisco insistió en que “nos hará bien pensar en este drama que tenemos en nuestro corazón”. Reflexionar si confundimos “libertad con autonomía”, y si elegimos la salvación justa”:
¿Creo que Jesús es el Maestro que nos enseña la salvación, o voy por doquier a alquilar gurúes, que me enseñen otra? ¿Un camino más seguro o me refugio bajo el techo de las prescripciones y de tantos mandamientos hechos por hombres? ¿Y así me siento seguro y – es un poco duro decir esto – con esta seguridad compro mi salvación, que Jesús da gratuitamente con la gratuidad de Dios? Nos hará bien hoy hacernos estas preguntas. Y la última: ¿Yo me resisto a la salvación de Jesús?”.
(María Fernanda Bernasconi - RV).

jueves, 2 de octubre de 2014

Homilías del Papa. 2014-10-02

Temas sacerdotales y Homilías del Papa.


El ángel custodio existe, 
es un compañero que Dios ha puesto en el camino de nuestra vida, 
dijo el Papa

2014-10-02 Radio Vaticana

Homilía de la misa matutina en Santa Marta  (RV).-  El ángel custodio existe, no es una doctrina fantasiosa, sino un compañero que Dios nos ha puesto en el camino de nuestra vida. Lo dijo el Papa Francisco en su homilía de la misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta, en el día en que la Iglesia celebra la memoria de los Santos Ángeles Custodios.

El Pontífice destacó que las lecturas del día presentan dos imágenes: la del ángel y la del niño. Y dijo que Dios ha puesto a nuestro lado a un ángel para custodiarnos. De ahí que afirmara que “si alguno de nosotros creyera que puede caminar solo, se equivocaría tanto”, caería “en esa equivocación tan fea que es la soberbia, o sea creer que se es grande”, autosuficiente. Mientras Jesús – prosiguió diciendo el Papa – enseña a los apóstoles que hay que ser como los niños. “Los discípulos discutían acerca de quién era el más grande entre ellos: había una disputa interna… el afán de hacer carrera, ¡eh! Estos que son los primeros obispos tenían esa tentación de hacer carrera. ‘Eh, yo quiero llegar a ser más grande que tú…’.

No es un buen ejemplo lo que hacían los primeros obispos, pero es la realidad. Y Jesús les enseña la verdadera actitud”, la de los niños: “la docilidad, la necesidad del consejo, la necesidad de la ayuda, porque el niño es, precisamente, el signo de la necesidad de ayuda, de docilidad para ir hacia adelante… Éste es el camino. No quien es más grande”.

Los que se acercan a la actitud de un niño están “más cerca de la contemplación del Padre”, dijo el Papa Francisco, porque escuchan con el corazón abierto y dócil al ángel custodio:

“Todos nosotros, según la tradición de la Iglesia, tenemos un ángel con nosotros, que nos custodia, nos hace sentir las cosas. Cuántas veces hemos escuchado: ‘Pero… esto… debería ser así, esto no va, debes estar atento…’: ¡tantas veces! Es la voz de nuestro compañero de viaje. Estar seguros de que él nos llevará hasta el final de nuestra vida con sus consejos, y por eso dar escucha a su voz, no rebelarnos … Porque la rebelión, las ganas de ser independiente, es una cosa que todos nosotros tenemos; es la soberbia, la que tuvo nuestro padre Adán en el Paraíso terrenal: la misma. No te rebeles: sigue sus consejos”.

“Nadie camina solo y ninguno de nosotros debe pensar que está solo” porque “este compañero” – dijo el Papa – está siempre”:
“Y cuando nosotros no queremos escuchar su consejo, escuchar su voz, es como decirle: ‘¡Pero, vete, vete!’. Echar al compañero del camino es peligroso, porque ningún hombre, ninguna mujer puede aconsejarse a sí mismo. Yo puedo aconsejar a otro, pero no puedo aconsejarme a mí mismo. Está el Espíritu Santo que me aconseja, está el ángel que me aconseja. Por eso tenemos necesidad. Esta no es una doctrina sobre los ángeles un poco fantasiosa: no, es realidad. Lo que Jesús, lo que Dios, ha dicho: ‘Yo envío un ángel ante ti para custodiarte, para acompañarte en el camino, para que no te equivoques’”.

El Papa Bergoglio concluyó su homilía diciendo:

“Yo, hoy, haría la pregunta: ¿cómo es mi relación con el ángel custodio? ¿Lo escucho? ¿Le digo buen día, a la mañana? ¿Le digo: ‘custódiame durante el sueño?’.¿Hablo con él? ¿Le pido consejo? Él está a mi lado. Esta pregunta podemos responderla hoy, cada uno de nosotros: ¿Cómo es mi relación con este ángel que el Señor ha enviado para custodiarme y acompañarme en el camino, y que ve siempre el rostro del Padre que está en los cielos?”.

(María Fernanda Bernasconi – RV).

Homilías del Papa. 2014-09-25

Temas sacerdotales y Homilías del Papa.

2014-09-25 Radio Vaticana


"No a los cristianos vanidosos, son como una pompa de jabón"

Cuidémonos de la vanidad que nos aleja de la verdad y nos hace parecer como una burbuja de jabón. Lo dijo el Papa Francisco en la misa de la mañana de este jueves en la Casa Santa Marta. El Pontífice, basándose en el pasaje del libro de Eclesiastés en la primera lectura, señaló que, aun cuando lo hacen bien, los cristianos deben evitar la tentación de aparentar, de “hacerse ver".

Si tú, "no tienes algo consistente, también tú pasarás como todas las cosas”. Papa Francisco tomó el ejemplo del libro de Eclesiastés para detenerse sobre la vanidad. Una tentación, señaló, que existe no sólo para los paganos, sino también para los cristianos, para "la gente de fe." Jesús, recordó el Papa, "regañó mucho" a los que se jactaban. Para los doctores de la ley, añadió, decía que no deben "pasearse por las plazas" con "ropa de lujo" como "príncipes". Cuando tu rezas, ponía en guardia el Señor: "Por favor, no te hagas ver, no reces porque te vean”, “ora en secreto, entra en tu cuarto”. Lo mismo, dijo el Papa, se debe hacer cuando ayudas a los pobres: "No toques trompeta, hazlo a escondidas”. “El Padre lo ve, es suficiente".

«Pero el vanidoso: ‘pero mira, yo doy este cheque para las obras de la Iglesia’ y hace ver el cheque; luego estafa por otra parte a la Iglesia. Es lo que hace el vanidoso: vive para aparentar. ‘Cuando ayunes – les dice el Señor a éstos – por favor no te hagas el melancólico, el triste, para que todos se den cuenta. Haz penitencia con alegría, para que nadie se dé cuenta. Y la vanidad es así: es para aparentar, vivir para hacerse ver.»
"Los cristianos que viven así - continuó – para aparentar, por la vanidad, parecen pavos, se pavonean”. Se dice “yo soy cristiano, yo soy familiar de aquel cura, de aquella monja, de ese obispo, mi familia es una familia cristiana”. "Se jactan". Pero - pregunta el Papa – ¿tu vida con el Señor? ¿Cómo rezas? Tu vida con las obras de misericordia, ¿cómo va? ¿Visitas a los enfermos? “La verdad”. Es por esto que Jesús añadió, “nos dice que debemos construir nuestra casa, es decir, nuestra vida cristiana sobre la roca, en la verdad." En cambio, fue su advertencia, "los vanidosos construyen la casa sobre la arena y la casa ​​cae, la vida cristiana se cae, resbala, porque no es capaz de resistir a las tentaciones":"Cuántos cristianos viven para aparentar. Su vida parece como una burbuja de jabón. ¡Es hermosa la burbuja de jabón! ¡Con todos los colores que tiene! Pero dura un segundo y luego ¿qué? También cuando nos fijamos en algunos monumentos fúnebres, pensamos que es vanidad, porque la verdad es volver a la tierra desnuda, como decía el Siervo de Dios Pablo VI. Nos espera la tierra desnuda, ésta es nuestra verdad final. Mientras tanto ¿me enorgullezco o hago algo? ¿Hago el bien? ¿Busco a Dios? ¿Rezo? Las cosas que tienen consistencia. Y la vanidad es una mentirosa, es imaginativa, se engaña a sí misma, engaña a los vanidosos, porque primero finge que es algo, pero luego con el tiempo llega a creerse lo que en su opinión era. Se la cree, ¡pobrecito!

Y 'esto, subrayó, es lo que le pasaba al tetrarca Herodes, que, como leemos en el Evangelio de hoy, se preguntaba con insistencia sobre la identidad de Jesús "La vanidad, -dijo el Papa - siembra un mal malestar, quita la paz. Es como aquellas personas que se maquillan mucho y luego temen que la lluvia les quite todo”. "No nos da paz la vanidad -señaló- sólo la verdad nos da la paz". Por lo tanto, Francesco ha reiterado que la única roca sobre la que construimos nuestra vida es Jesús. "Y pensamos” - dijo – “en esta propuesta del diablo, del demonio, que también tentó a Jesús en el desierto, la vanidad", y dijo: "Ven conmigo , subamos al templo, hagamos el espectáculo; te tiras abajo y todos creemos en ti ". El diablo había presentado a Jesús "la vanidad en una bandeja." La vanidad, dijo el Papa, "es una enfermedad espiritual muy grave":

"Los Padres egipcios del desierto decían que la vanidad es una tentación contra la que hay que luchar toda la vida, porque siempre vuelve a sacarnos la verdad. Y para entender esto decían es como la cebolla. La agarras y la empiezas a pelar. Y pelas la vanidad hoy, un poco de vanidad mañana y toda la vida pelando la vanidad para vencerla. Y al final eres feliz: me quité la vanidad, pelé la cebolla, pero el olor se queda en tu mano. Pidamos al Señor la gracia de no ser vanidosos, de ser verdaderos, con la verdad de la realidad y del Evangelio.
(CdM, MZ- RV)

miércoles, 1 de octubre de 2014

Homilías del Papa. 2014-09-30

Temas sacerdotales y Homilías del Papa.


Evitar lamentos teatrales y rezar por quien sufre verdaderamente
2014-09-30 Radio Vaticana


También el lamento, en los momentos oscuros, se convierte en oración, pero estemos atentos a los “lamentos teatrales”. Lo subrayó el Papa en su homilía de la misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta. Inspirándose en un pasaje del Libro de Job, Francisco recordó a quienes viven “grandes tragedias”, como los cristianos echados de sus casas a causa de su fe.

Job maldice el día en que ha nacido, su oración se presenta como una maldición. El Papa Francisco centró su homilía en la Primera Lectura del día, que nos muestra a Job maldiciendo su vida. Al respecto el Papa recordó que “fue puesto a prueba”. “Perdió toda su familia; perdió todos sus bienes; perdió la salud y todo su cuerpo se convirtió en una llaga, una llaga asquerosa”. En aquel momento – subrayó Francisco – “perdió la paciencia y dijo esas cosas feas”. Pero él estaba acostumbrado a hablar con la verdad y esa es la verdad que “él siente en aquel momento”. También Jeremía – destacó el Papa – “usa casi las mismas palabras: ‘¡Maldito el día en que nací!’”. “¿Pero este hombre blasfema? Es la pregunta que hago, dijo el Pontífice. Este hombre que está solo, así, en ese momento, ¿blasfema?”.

“Jesús, cuando se lamenta – ‘Padre, ¡por qué me has abandonado!’ - ¿blasfema? El misterio es éste. Tantas veces yo he escuchado a personas que están viviendo situaciones difíciles, dolorosas, que han perdido tanto o se sienten solas y abandonadas y vienen a lamentarse y hacen estas preguntas: ¿Por qué? ¿Por qué? Se rebelan contra Dios. Y yo digo: ‘Sigue rezando así, porque también ésta es una oración’. Era una oración cuando Jesús dijo a su Padre: ‘¡Por qué me has abandonado!’”.

Es una “oración la que hace Job aquí. Porque – evidenció el Papa – rezar es llegar a ser verdad ante Dios. Y Job no podía rezar de otro modo”. “Se reza con la realidad – añadió Francisco – la verdadera oración viene del corazón, del momento que uno vive”. “Es la oración de los momentos de oscuridad, de los momentos de la vida donde no hay esperanza, donde no se ve el horizonte”:

“Y tanta gente, tanta hoy, está en la situación de Job. Tanta gente buena, como Job, no entiende lo que le ha sucedido, porqué es así. Tantos hermanos y hermanas que no tienen esperanza. Pensemos en las tragedias, en las grandes tragedias, por ejemplo estos hermanos nuestros que por ser cristianos son echados de sus casas y pierden todo: ‘Pero, Señor, yo he creído en ti. ¿Por qué? ¿Creer en Ti es una maldición, Señor?’”.

“Pensemos en los ancianos dejados de lado – prosiguió diciendo el Papa – pensemos en los enfermos, en tanta gente sola, en los hospitales”. Para toda esta gente, y “también para nosotros cuando vamos por el camino de la oscuridad – aseguró Francisco – la Iglesia reza. ¡La Iglesia reza! Y toma sobre sí este dolor y reza”. Y nosotros, “sin enfermedades, sin hambre, sin necesidades importantes – exhortó el Pontífice – cuando tenemos un poco de oscuridad en el alma, nos creemos mártires y dejamos de rezar”. Y hay quien dice: “¡Estoy enojado con Dios, no voy más a Misa!”. “Pero, ¿por qué?” – se preguntó el Papa –. La respuesta, dijo, es “por una cosa pequeñita”. Francisco recordó que Santa Teresita del Niño Jesús, en los últimos meses de su vida, “trataba de pensar en el cielo, y sentía dentro de sí como si una voz le dijera: ‘Pero no seas tonta, no te crees fantasías. ¿Sabes qué cosa te espera? ¡Nada!’”.

“Tantas veces pasamos por esta situación, vivimos esta situación. Y tanta gente que cree que terminará en la nada. Y ella, Santa Teresa, rezaba y pedía fuerza para ir adelante, en la oscuridad. Esto se llama entrar en paciencia. Nuestra vida es demasiado fácil, nuestros lamentos son lamentos teatrales. Ante éstos, ante estos lamentos de tanta gente, de tantos hermanos y hermanas que están en la oscuridad, que prácticamente han perdido la memoria, la esperanza – que viven ese exilio de sí mismos, son exiliados, también de sí mismos – ¡nada! Y Jesús ha hecho este camino: de la noche al Monte de los Olivos hasta la última palabra de la Cruz: ‘Padre, ¡por qué me has abandonado!’”.

Francisco indicó por último dos “cosas” que pueden servir. “Primero: prepararse, para cuando vendrá la oscuridad”, que quizá no sea tan dura como la de Job, si bien, dijo “tendremos un tiempo de oscuridad. Preparar el corazón para aquel momento”. Y segundo: “Rezar, como reza la Iglesia, con la Iglesia por tantos hermanos y hermanas que padecen el exilio de sí mismos, en la oscuridad y en el sufrimiento, sin esperanza a la mano”. Es la “oración de la Iglesia – concluyó el Papa – por estos tantos ‘Jesús que sufren, que están por doquier”.
(María Fernanda Bernasconi – RV).


martes, 30 de septiembre de 2014

Beatificación de D. Alvaro del Portillo

Temas sacerdotales y Homilías del Papa.

El Beato Álvaro del Portillo

El día 27 de septiembre de este año de 20014, 
tuvo lugar en Madrid-Valdevebas la BEATIFICACIÓN 
de DON ÁLVARO DEL PORTILLO, 
PRIMER SUCESOR DE SAN JOSEMARÍA.

Con motivo de este evento religioso,
 al que asistieron unas 200.000 personas, 
el SANTO PADRE, FRANCISCO,
envió una carta a Mons Javier Echevarría, 
que se puede leer a continuación:

Carta del Papa Francisco 

sobre el beato Álvaro del Portillo

​Carta del Papa Francisco a Mons. Javier Echevarría, Prelado del Opus Dei, con motivo de la beatificación de Álvaro del Portillo.
NOTICIAS
Opus Dei - Carta del Papa Francisco sobre el beato Álvaro del Portillo
Querido hermano:
La beatificación del siervo de Dios Álvaro del Portillo, colaborador fiel y primer sucesor de san Josemaría Escrivá al frente del Opus Dei, representa un momento de especial alegría para todos los fieles de esa Prelatura, así como también para ti, que durante tanto tiempo fuiste testigo de su amor a Dios y a los demás, de su fidelidad a la Iglesia y a su vocación. También yo deseo unirme a vuestra alegría y dar gracias a Dios que embellece el rostro de la Iglesia con la santidad de sus hijos.
Su beatificación tendrá lugar en Madrid, la ciudad en la que nació y en la que transcurrió su infancia y juventud, con una existencia forjada en la sencillez de la vida familiar, en la amistad y el servicio a los demás, como cuando iba a los barrios para ayudar en la formación humana y cristiana de tantas personas necesitadas. Y allí tuvo lugar sobre todo el acontecimiento que selló definitivamente el rumbo de su vida: el encuentro con san Josemaría Escrivá, de quien aprendió a enamorarse cada día más de Cristo. Sí, enamorarse de Cristo. Éste es el camino de santidad que ha de recorrer todo cristiano: dejarse amar por el Señor, abrir el corazón a su amor y permitir que sea él el que guíe nuestra vida.
Me gusta recordar la jaculatoria que el siervo de Dios solía repetir con frecuencia, especialmente en las celebraciones y aniversarios personales: «¡gracias, perdón, ayúdame más!». Son palabras que nos acercan a la realidad de su vida interior y su trato con el Señor, y que pueden ayudarnos también a nosotros a dar un nuevo impulso a nuestra propia vida cristiana.
En primer lugar, gracias. Es la reacción inmediata y espontánea que siente el alma frente a la bondad de Dios. No puede ser de otra manera. Él siempre nos precede. Por mucho que nos esforcemos, su amor siempre llega antes, nos toca y acaricia primero, nos primerea. Álvaro del Portillo era consciente de los muchos dones que Dios le había concedido, y daba gracias a Dios por esa manifestación de amor paterno. Pero no se quedó ahí; el reconocimiento del amor del Señor despertó en su corazón deseos de seguirlo con mayor entrega y generosidad, y a vivir una vida de humilde servicio a los demás. Especialmente destacado era su amor a la Iglesia, esposa de Cristo, a la que sirvió con un corazón despojado de interés mundano, lejos de la discordia, acogedor con todos y buscando siempre lo positivo en los demás, lo que une, lo que construye. Nunca una queja o crítica, ni siquiera en momentos especialmente difíciles, sino que, como había aprendido de san Josemaría, respondía siempre con la oración, el perdón, la comprensión, la caridad sincera.
Perdón. A menudo confesaba que se veía delante de Dios con las manos vacías, incapaz de responder a tanta generosidad. Pero la confesión de la pobreza humana no es fruto de la desesperanza, sino de un confiado abandono en Dios que es Padre. Es abrirse a su misericordia, a su amor capaz de regenerar nuestra vida. Un amor que no humilla, ni hunde en el abismo de la culpa, sino que nos abraza, nos levanta de nuestra postración y nos hace caminar con más determinación y alegría. El siervo de Dios Álvaro sabía de la necesidad que tenemos de la misericordia divina y dedicó muchas energías personales para animar a las personas que trataba a acercarse al sacramento de la confesión, sacramento de la alegría. Qué importante es sentir la ternura del amor de Dios y descubrir que aún hay tiempo para amar.
Ayúdame más. Sí, el Señor no nos abandona nunca, siempre está a nuestro lado, camina con nosotros y cada día espera de nosotros un nuevo amor. Su gracia no nos faltará, y con su ayuda podemos llevar su nombre a todo el mundo. En el corazón del nuevo beato latía el afán de llevar la Buena Nueva a todos los corazones. Así recorrió muchos países fomentando proyectos de evangelización, sin reparar en dificultades, movido por su amor a Dios y a los hermanos. Quien está muy metido en Dios sabe estar muy cerca de los hombres. La primera condición para anunciarles a Cristo es amarlos, porque Cristo ya los ama antes. Hay que salir de nuestros egoísmos y comodidades e ir al encuentro de nuestros hermanos. Allí nos espera el Señor. No podemos quedarnos con la fe para nosotros mismos, es un don que hemos recibido para donarlo y compartirlo con los demás.
¡Gracias, perdón, ayúdame! En estas palabras se expresa la tensión de una existencia centrada en Dios. De alguien que ha sido tocado por el Amor más grande y vive totalmente de ese amor. De alguien que, aun experimentando sus flaquezas y límites humanos, confía en la misericordia del Señor y quiere que todos los hombres, sus hermanos, la experimenten también.
Querido hermano, el beato Álvaro del Portillo nos envía un mensaje muy claro, nos dice que nos fiemos del Señor, que él es nuestro hermano, nuestro amigo que nunca nos defrauda y que siempre está a nuestro lado. Nos anima a no tener miedo de ir a contracorriente y de sufrir por anunciar el Evangelio. Nos enseña además que en la sencillez y cotidianidad de nuestra vida podemos encontrar un camino seguro de santidad.
Pido, por favor, a todos los fieles de la Prelatura, sacerdotes y laicos, así como a todos los que participan en sus actividades, que recen por mí, a la vez que les imparto la Bendición Apostólica.
Que Jesús los bendiga y que la Virgen Santa los cuide.
Fraternalmente,
Franciscus

sábado, 20 de septiembre de 2014

Homilías del Papa. 2014-09-19

Temas sacerdotales y Homilías del Papa.

La identidad cristiana se realiza con nuestra resurrección, 
dijo el Papa Francisco
2014-09-19 Radio Vaticana

El recorrido del cristiano se realiza en la Resurrección. Lo afirmó el Papa Francisco en su homilía de la misa matutina celebrada en la Casa Santa de Marta. Al comentar las palabras de San Pablo en la Primera Carta a los corintios, el Pontífice subrayó que los cristianos parecen tener dificultades para creer en la transformación del propio cuerpo después de la muerte.

El Santo Padre centró su homilía en la primera lectura en la que San Pablo realiza una “corrección difícil”, “la de la Resurrección”. El Apóstol se dirige a la comunidad de los cristianos de Corinto, quienes creían que “Cristo ha resucitado” y “nos ayuda desde el Cielo”, pero no era claro para ellos que “también nosotros resucitaremos”. “Ellos – dijo Francisco – pensaban de otro modo: sí, los muertos son justificados, no irán al infierno – ¡muy lindo! – pero irán un poco en el cosmos, en el aire, allí, el alma delante de Dios, sólo el alma”.

Por otra parte, prosiguió explicando el Papa, también San Pedro “la mañana de la Resurrección fue corriendo al Sepulcro y pensaba que habían robado su cuerpo”. Y así también María Magdalena. “No entraba en su mente – observó Francisco – una resurrección real”. No lograban comprender ese “pasaje nuestro de la muerte a la vida”, a través de la Resurrección. Al final, comentó el Obispo de Roma, “han aceptado la Resurrección de Jesús porque lo han visto”, pero “la de los cristianos no era comprendida”. Y recordó que cuando San Pablo va a Atenas y comienza a hablar de la Resurrección de Cristo, los griegos sabios, filósofos, se asustan:

“Pero la resurrección de los cristianos es un escándalo, no pueden comprenderla. Y por esto Pablo hace este razonamiento, razona así, es tan claro: ‘Si Cristo ha resucitado, ¿cómo pueden decir algunos de entre ustedes que no existe la resurrección de los muertos? Si Cristo ha resucitado, también los muertos resucitarán’. Está la resistencia a la transformación, la resistencia a que la obra del Espíritu que hemos recibido en el Bautismo nos transforme hasta el final, en la Resurrección. Y cuando nosotros hablamos de esto, nuestro lenguaje dice: ‘Yo quiero ir al Cielo, no quiero ir al Infierno’, pero nos detenemos ahí. Ninguno de nosotros dice: ‘Yo resucitaré como Cristo’: no. También a nosotros nos resulta difícil entender esto”.

Francisco añadió que “es más fácil pensar en un panteísmo cósmico”. Y esto a causa de “la resistencia a ser transformados, que es la palabra que usa Pablo: ‘Seremos transformados. Nuestro cuerpo será transformado’”. “Cuando un hombre o una mujer debe someterse a una intervención quirúrgica – dijo también el Papa – tiene mucho miedo, porque o le quitarán algo o le pondrán alguna otra cosa… será transformado, por decirlo de alguna manera”. Y reafirmó que “con la Resurrección, todos nosotros seremos transformados”:

“Éste es el futuro que nos espera y éste es el hecho que nos lleva a resistirnos tanto: resistencia a la transformación de nuestro cuerpo. También resistencia a la identidad cristiana. Diré más: quizá no tengamos tanto miedo al Apocalipsis del Maligno, del Anticristo que debe venir antes; quizá no tengamos tanto miedo. Quizá no tengamos tanto miedo a la voz del Arcángel o al sonido de la trompeta; porque será la victoria del Señor. Pero quizá tengamos miedo de nuestra resurrección: todos nosotros seremos transformados. Esa transformación será el final de nuestro recorrido cristiano”.

Esta “tentación de no creer en la Resurrección de los muertos – prosiguió diciendo el Papa – nació en los primeros días de la Iglesia. Y cuando Pablo tuvo que hablar de esto a los Tesalonicenses, “al final, para consolarlos, para animarlos, dice una de las frases más llenas de esperanza del Nuevo Testamento: ‘Al final, estaremos con Él’”. Así es la identidad cristiana: “Estar con el Señor. Así, con nuestro cuerpo y con nuestra alma”. Nosotros – añadió – “resucitaremos para estar con el Señor, y la Resurrección comienza aquí, como discípulos, si nosotros estamos con el Señor, si nosotros caminamos con el Señor”. Éste – reafirmó – “es el camino hacia la Resurrección. Y si nosotros estamos acostumbrados a estar con el Señor, este miedo de la transformación de nuestro cuerpo se aleja”.

La Resurrección – dijo también el Papa – “será como un despertar”. Y agregó que la identidad cristiana no termina con un triunfo temporal, no termina con una bella misión”, sino que se cumple “con la Resurrección de nuestros cuerpos, con nuestra Resurrección”:
“Allí está el fin, para saciarnos de la imagen del Señor. La identidad cristiana es un camino, es un camino donde se está con el Señor; como aquellos dos discípulos que ‘estuvieron con el Señor’ toda aquella tarde, también toda nuestra vida está llamada a estar con el Señor pero – al final, después de la voz del Arcángel, después del sonido de la trompeta – permanecer, estar con el Señor”.
(María Fernanda Bernasconi – RV).

Homilías del Papa. 2014-09-15

Temas sacerdotales y Homilías del Papa.



Sin la Madre Iglesia no podemos ir adelante,
dijo el Papa
2014-09-15 Radio Vaticana

Así como sin María no habría existido Jesús, del mismo modo “sin la Iglesia no podemos ir adelante”. Lo dijo el Papa al presidir la Misa matutina en la Capilla de la Casa de Santa Marta en la memoria litúrgica de la Bienaventurada Virgen Dolorosa:
La Liturgia – afirmó Francisco – después de habernos mostrado la Cruz gloriosa, nos hace ver a la Madre humilde y mansa. En la Carta a los hebreos “Pablo subraya tres palabras fuertes”, cuando dice que Jesús “aprendió, obedeció y padeció”. “Es lo contrario de lo que había sucedido a nuestro padre Adán, que no quiso aprender lo que el Señor mandaba, que no quiso padecer ni obedecer”. Jesús, en cambio, aun siendo Dios, “se despojó, se humilló a sí mismo haciéndose siervo. Ésta es la gloria de la Cruz de Jesús”:
“Jesús vino al mundo para aprender a ser hombre, y siendo hombre, caminar con los hombres. Vino al mundo para obedecer, y obedeció. Pero esta obediencia la aprendió del sufrimiento. Adán salió del Paraíso con una promesa, la promesa que iba adelante durante tantos siglos. Hoy, con esta obediencia, con este aniquilarse a sí mismo, humillarse, de Jesús, esa promesa devuelve esperanza. Y el pueblo de Dios camina con esperanza cierta. También la Madre, ‘la nueva Eva’, como la llama el mismo Pablo, participa en este camino del Hijo: aprendió, sufrió y obedeció. Y se convierte en Madre”.

El Evangelio nos muestra a María a los pies de la Cruz. Jesús dice a Juan: “He aquí tu madre”. María – afirmó el Papa – “es ungida Madre”:
“Y esta es también nuestra esperanza. Nosotros no somos huérfanos, tenemos Madres: la Madre María. Pero también la Iglesia es Madre y también la Iglesia es ungida Madre cuando recorre el mismo camino de Jesús y de María: el camino de la obediencia, el camino del sufrimiento; y cuando tiene esa actitud de aprender continuamente el camino del Señor. Estas dos mujeres – María y la Iglesia – llevan adelante la esperanza que es Cristo, nos dan a Cristo, generan a Cristo en nosotros. Sin María, no habría existido Jesucristo; sin la Iglesia no podemos ir adelante”.

“Dos mujeres y dos Madres” – prosiguió explicando el Papa Francisco – y junto a ellas nuestra alma, que como decía el monje Isaac, abad de Stella, “es femenina” y se asemeja “a María y a la Iglesia”:
“Hoy, viendo a esta mujer ante la Cruz, firme en seguir a su Hijo en el sufrimiento para aprender la obediencia, al verla vemos a la Iglesia y vemos a nuestra Madre. Y también vemos nuestra pequeña alma que no se perderá jamás, si sigue siendo también una mujer cercana a estas dos grandes mujeres que nos acompañan en la vida: María y la Iglesia. Y así como nuestros Padres del Paraíso salieron con una promesa, hoy nosotros podemos ir adelante con una esperanza: la esperanza que nos da nuestra Madre María, firme ante la Cruz, y nuestra Santa Madre Iglesia jerárquica”.


(María Fernanda Bernasconi – RV).