Homilías del Papa y Temas sacerdotales
Día litúrgico:
Domingo XV (B) del tiempo
ordinario
(Mc 6,7-13):

Texto del Evangelio (Mc
6,7-13): En aquel tiempo, Jesús llamó a los Doce y comenzó a enviarlos de
dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus inmundos. Les ordenó que nada
tomasen para el camino, fuera de un bastón: ni pan, ni alforja, ni calderilla
en la faja; sino: «Calzados con sandalias y no vistáis dos túnicas». Y les
dijo: «Cuando entréis en una casa, quedaos en ella hasta marchar de allí. Si
algún lugar no os recibe y no os escuchan, marchaos de allí sacudiendo el polvo
de la planta de vuestros pies, en testimonio contra ellos». Y, yéndose de allí,
predicaron que se convirtieran; expulsaban a muchos demonios, y ungían con
aceite a muchos enfermos y los curaban.
CONVERSIÓN!: NO QUEDA
OTRA Por Javier Leoz
¿Qué es la religión? Ni
más ni menos, entre otras muchas cosas, esa ligazón que intentamos descubrir,
cuidar cultivar entre lo humano y lo
divino, entre Dios y nosotros. ¿Pero es suficiente? Por supuesto que no. La
esencia del cristianismo no es un contentarnos con decir “yo vivo unido a Cristo o yo creo en Jesús” sino, además, en
la consecuencia más importante e inmediata: vivir con Él y como Él.
1.- La conversión de una
empresa (sobre todo cuando hace aguas) no consiste solamente en un lavado de
fachada o en el cambio de la técnica para sacar adelante su producto. El
secreto de su éxito reside en algo fundamental: ha de ser fiel a sus principios
fundacionales. Ha de sacar adelante, más allá de la técnica, formas y maneras
su producción. Y por cierto, si quiere ser combativa y competitiva, con
calidad.
2.- En la vida cristiana
puede ocurrir algo muy parecido. Quedarnos en unos mínimos, tan mínimos, que la
resultante sea una vida light y sin diferencia alguna con lo que vemos o
escuchamos por la calle. El cristianismo no sólo predica el amor de Dios, que
es lo tenemos muy claro, además no puede dejar de exigir una mayor justicia,
verdad, fraternidad y perdón entre los hombres.
--Siempre, y es así, es
más fácil hablar de lo mucho que Dios nos quiere que exigirnos a nosotros
mismos el amar como Él nos ama.
--Siempre, y es así,
resulta menos profético presentar un rostro licuado de la fe que un color
marcado por los derechos humanos, la pobreza o las bienaventuranzas.
¿Qué
ocurre entonces? Ni más ni menos que, la conversión, siempre será la asignatura
pendiente de la calidad de nuestra vida cristiana. O hay conversión o podemos
concluir que nos estamos haciendo a nuestra media una versión diferente del
Evangelio.
3. Nuestra fe, además de
personal, ha de ser contagiosa. No podemos recluirla en la caja de cristal que
existe en el corazón de cada persona. La fe, como si de una bomba racimo se
tratara, explota y se expande allá donde existe un afán evangelizador; donde los
cristianos, sintiéndose tocados y elegidos por Dios, no se repliegan y saben
que están llamados a ser profetas o altavoces del Evangelio.
Los elegidos no solamente
son o somos los sacerdotes; todos, desde el momento de nuestro Bautismo, insertados en el Cuerpo de Cristo que es su
Iglesia estamos convocados y urgidos a desarrollar –con nuestros carismas,
habilidades, dones, talentos e inteligencia- una misión personal que nada ni
nadie en nombre de nosotros podrá realizar. ¿Por qué? Porque cada uno, allá
donde está, debe dar su peculiar color a su vida cristiana y, con su vida
cristiana, color a todo lo que le rodea.
4.- Hoy, además de
sacerdotes, necesitamos cristianos convencidos. Hombres y mujeres que, siendo
conscientes de que creen y esperan en Jesús, están llamados a participar de la
encomienda de Jesús: “id por el mundo”.
Nos quedamos con una
frase del Papa Francisco pronunciada en Quito en su viaje reciente a Ecuador:”
La sociedad necesita más nuestras obras que nuestras palabras.”

CONTIGO IRÉ, SEÑOR
Si soy padre, hablaré a
mis hijos
de tu poder y de tu
gracia
que eres PADRE que
protege y anima
que habla, con
autoridad, en momentos de indecisión,
y corrige con palabras de
comprensión.
CONTIGO IRÉ, SEÑOR
Si soy madre, les
transmitiré a los míos
el amor y la ternura que
se dan en tu corazón.
Les haré ver que, en Tí,
está la salvación
que tus brazos siempre
esperan
que en tu regazo siempre
hay un lugar
para, después del pecado,
volver al encuentro
CONTIGO IRÉ, SEÑOR
Si soy hijo, daré gracias
a tu nombre.
Por la juventud de mis
días
porque, tal ves sin aún
yo saberlo,
me llamas a ser de los
tuyos
a ser profeta, sacerdote
o amigo que anuncie tu
Reino.
CONTIGO IRÉ, SEÑOR
Si soy sacerdote,
levantaré una y otra vez
mis manos hacia el cielo:
para buscar tu fuerza y
tu presencia
para que nunca les falte
a tus hijos
el pan consagrado de la
Eucaristía
o la fortaleza de tu
Santo Espíritu.
El perdón, cuando el
pecado asoma
Tu Bendición, cuando el
mundo
deja de sorprendernos
y nos deja tirados en el
suelo
CONTIGO IRÉ, SEÑOR
Si soy cristiano,
bendeciré tu nombre.
Porque me llamas a ser
instrumento de tu amor
Porque permites que sea
de los tuyos
Porque me hablas de una
ciudad eterna
Porque me dices que, los
que viven junto a mí,
lejos de ser adversarios,
son hermanos.
Porque, cumplir la
voluntad de Dios,
sus bienaventuranzas y
sus mandamientos
es camino seguro para
llegar a buen puerto.
CONTIGO IRÉ, SEÑOR
Por Javier Leoz.